domingo, 2 de enero de 2011

LUIS ALBERTO CRESPO [2.757]


LUIS ALBERTO CRESPO

(VENEZUELA)
Estudió periodismo en la universidad Central de Venezuela y París. Dirigió el Papel Literario del diario El Nacional. Fundó y dirigió el suplemento Feriado del mismo periódico. Fue director de información cultural de la agencia de noticias Venpres. Fundó y fue consejero editorial de Letra G, suplemento de cultura del periódico “El Globo”, y miembro del Consejo Editorial de la revista cultural del Banco Central de Venezuela. Perteneció al equipo docente de los talleres de narrativa y poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Dirigió la revista Imagen. Es autor de numerosos guiones literarios y textos para libros sobre el paisaje y la geografía de todas las regiones de su país. Fue Presidente de la Casa Nacional de las Letras, Andrés Bello hasta enero del 2013. Actualmente es embajador ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Sus obras: Cosas (1968), Si el verano es dilatado (1968), Novenario (1970), Rayas de lagartijas (1974), Costumbres de sequía (1976), Resolana (1980), Entreabierto (1984) Señores de la distancia (1988, ), Mediodía o nunca (1989), Sentimentales (1990), Más afuera (1994), La mirada donde vivimos Duro (1995), Solamente (1997,) Lado (1999), Ninguno como la espina (2000), Llano de hombres (1995), Al filo de la palabra (1997), El país ausente (2006), Sé (2009).





OBRA POÉTICA


VIENTO
Ayer salíamos lejos

Con bestias llevadas en uno
pasando lo mismo

Salimos a o poder irnos,
a estar en tantos afueras
a la vez








SOPLO

Su brasa
con que llegaba a verte

La estilla
que atravesaba el laurel
con que llegaba a hablarte,
el verde en la boca,
su humo.






Las cinco

Nunca se acabará en nosotros
la tierra seca.
Cuando comiencen los rezos
será para morirse.
Todo termina en aquellos playones,
aquellas tierras largas, largas,
y eso que sopla,
que viene silbando por los postes,
y nosotros suspendidos en los declives
como vejigas.
Los portones,
tesoros de familia, no nos salvarán
de los arenales,
la tierra que pisas.
Por más que haya el verde de los fundos
resistiendo,
la calle del agua,
seremos bandoleros
llevados por el menor paso de aire.





Siempre

A Alcides

Tantas veces tú y yo,
tantas veces,
mascando semillas de acacia
Cargamos cal, un techo de chillidos
para sostener nuestra casa seca

La suciedad de aquí
nos joroba

Como hormigas
comemos esas semillas de cosa triste

*

Vi a José Ignacio Artaona
alzarle la mano
tutearlo frente a los ruciomoros de ojos sucios
secretos que se protegen con el olvido
y a los castaños del otro mundo que nos observan con desaire

Tenía la marca del hierro en el anca como un epitafio
y su orina fue el único resplandor en el quemado
Artaona le amarró la falseta más espinosa en el pescuezo
le enloqueció la mirada con un trapo
y lo obligó a salir a lo más fiero de la Trinidad de Arauca
Le lanzó la silla encima como un animal sin entrañas
La boca de la cincha le mordía al lado del espíritu

Cuando Artaona subió al caballo
y lo golpeó duro para que fuera
se puso viejo y murió y volvió a nacer
Estuvo arriba noches y noches
estrellado
y estuvo aquí en sus huesos
calcinándose

Era un caballo para jinetearlo de perfil
darle por tierra la desmesura
donde el sur da la vuelta
y comienza el destino
Vi después a Artaona bajarse del caballo

Venía sobre sí mismo
destruido desollado místico




Chaparrón

Adelgazo como rabo de lagartija en el barranco
donde agua de chaparrones bajan, son piedras
golpeando el cuero de las calles
y ya no puedo decirme cosas
con la cabeza metida en los cerros.
Se cae el monte, anda en quebradas.
Yo no sé quién hace tanta buyaranga en los cables del teléfono.
Yo aquí soy igual al hombre de las mercancías:
una mano en la cara
para que los ojos no se vayan
en el sol del horror.
Y esos bichos en la ropa
y el capuchón de mosquitos que no me abandona,
que es como de loco.
Ando viejo, dándole a las latas con medio cuerpo en cardones,
con un poco de viento con tierra en la boca, con tierra roja.





Costumbres

Bajo el cielorraso cargado de lluvias
están los comerciantes y sus arreos de burro,
los de mercancías que hacen dormir.
Dejan una vejez en mis servicios,
y el polvero en los puentes
llevándole a uno las lejanías.
Trajeron una guitarra. La vi quemándose en el patio.
Y caminar, caminar,
hasta el río terminado en una piedra.
El agua me tiró lejos. Más allá
se borraban colinas y colinas.
Así toda la noche:
el cuerpo envuelto en aceite,
en sábana blanca
un tiempo llevado por las tejas,
a los quince años de vivir
creyendo estar en todas partes,
de querer ropas para volar
y la luna me pasaba silbando por la cara.






Decías

Dime no me fui como te dije
para que no me vieran por dentro
Dime que fue así,
ahora que no puedo oírte desde bien distante
Que no se supo nada por el mal tiempo,
los truenos
Lo que decía yéndome
Dile eso, que yo no vivo aquí,
que me mudé unas casas más abajo.





Herencias

De cuidar su hundido en la hamaca,
el tizne, el carbón de mi tía
Los ojos picados de culebra
de mi hermano Alcides
Tenso en el patio
cuando suena la iglesia
La llave en el balcón
como un cuchillo
Si hay chirrido de puerta
trago saliva para no decir tu nombre.





Pesadilla

Me despertó en la noche
tremenda pesadilla
qué es lo que tengo, me dije,
¿ya no le quiero?
Susurraba una lechuza
se columpiaba una rama
habían dos pescados
y una manzana.
La noche era callada
los pescados no hablaban
la noche era estrellada
eran las seis moradas.
Me despertó un susurro
de un paladar muy rosa
la piedra en el camino
el llanto en su garganta.
La noche era temprana
y me soplaba el alba
me di vuelta en la cama
y le encontré callado
Le besé con el alma
me miró con sonrojo
me dormí enamorada
y desperté galana.
Había en el estero
un pato, un aljibe,
una ventana entera
para saltar afuera.
Había en esas pampas
consuelo de otros cielos
y en mi corazón de niña
vivía una esperanza.
Tenía brío, tenía caballos
saltaba con las trenzas
al viento despeinadas
con mi oculta delicia entre las manos.
Bailábamos las lluvias
poemas recitábamos
revisábamos lindos
vivíamos la esperanza.
Las tardes eran densas
el porvenir patraña
los libros eran
caminos en el agua.
Las noches eran largas
siempre hechas de esperas
de cuentos disfrazados
de cristal y de cera.
Los días eran cortos
poblados de acechanzas
despedazando hadas
desangrando rosarios.
La vida era verde y rosa
con fuertes tintes naranjas
el lino batía las hojas
y el girasol giraba, giraba
Mientras bajo del árbol
en mi caballo alado
recogía de cuatro pétalos
el final de mi infancia.
Susurraban los pastos
los trinos se dormían
y a lo lejos se oía
a un tren que se marchaba.
La noche era silencio
los días estrellados
cuando mi vida aun
era una pagina en blanco.







Poemas de LA ÍNTIMA DESMESURA

…con herida ajena.
Virgilio

   …la huella dejada por la palabra sobre lo que es
 Yves Bonnefoy





SIEMPRE

 Escribo entre desapariciones
en esta página sin orillas

Recorro con el dedo lo que he sido
Borro  Escribo de nuevo
No veo lo que he escrito

 Busco un nombre de pocas palabras
un nombre definitivo

 como un estupor.






HUERTO

 Una rama es bastante

es mucho para ser ella

Si fuera continua
si cubriera
no sería este país

 Mírala y ya
eso basta para que sea rama

Desearía para ti su desnudez
La claridad que la ilusiona
y la sombra que la olvida.





CONFESIÓN

 Nada tengo que ver con la ceniza
No soy de los suyos
ni de su justicia

Si uso su nombre
es para ocultar que viví

Me gusta sí  recorrer su camino
que sabe adónde vamos
pero no el color de su viaje
no su polvo
que es de corazón afuera

Y amo su jardín
–su flor suelta imaginaria–
porque queda lejos.






INVITACION

Eres tuyo
dice lo íntimo

Repite lo que respiras
confiésale tú también a tu secreto
cuánto vives
asido
cuánto sin fondo

Oye lo callado
en cada vuelta
cada deriva

Regrésate luego
con rudeza
y nómbrate
sí nómbrate
bien abajo.






REVELACIONES

La culebra no avanza entre las hojas
sino entre las palabras

No es áspera nuestra mano
sobre lo que nos contempla
sino la herida de su nombre

No ha sido la puerta la que nos encierra
sino lo que es es

La rapiña no es pájaro de sequía,
es ocre

No somos nosotros los que alcanzamos
la edad de oro en el crepúsculo
es el alma después de la lluvia

y es estrecha la extensión que nos distancia
pero no en el destino.







LA ROSA DE CELAN

 He vuelto a eso

Algo ha dicho que te recibe
Aquello te despide
Lo demás te da la espalda
Lo silencioso pregunta por tí
ha traído su piedra cruda
El yo ya no nos quiere
nos niega ser uno
de la torcaza para siempre.






EXTRAÑO

No me esperes
Se agrieta lo ido
y lo quieto

Lo que va suceder lo sabe
me obliga a dejarte

En el cuarto de la infancia
aguarda la serpiente
en las sillas del recibo
hay un jardín que lastima

y hay como una rama de yabo
en la calamidad.






LUGAR

Hay también un matorral
no sé dónde
pensante

De él es el confinamiento
y suyo también el ansia

   No crece
sucede
no está
nos pasa

Ha hallado en nosotros
el desierto que colma su sed

y cuando el aire lo estremece
sabemos por qué callamos.






PROMESA

Perdurará el pasado monte
ocurrirá la hierba inerte
el bosque interminable volverá al árbol único
el matorral cometerá de nuevo el mismo abandono

y el más allá dejará de ser humo
o gavilán.





TENER Y NO TENER

La chuchuba
se adentra

ha estado en el tiempo
sobre la cerca suelta

donde estuvo
veo su presencia

tanto espíritu en el poco instante
tanta infinitud en lo siempre escaso

en esta la próxima vida con que vuela.



ELLA

Cuando subía al balcón
era su escalera
Abría las ventanas
pero nunca fue de día
Regaba las matas
y se le anublaba el pensamiento
Barría el polvo
y su casa se achicaba
Mientras oraba
le traían a su hijo
con un cendal de tunas
en la cabeza
Se enlutaba para dormir
y despertaba con el corazón
aún oscuro

Hace muchos lunes que ha muerto
Pensando en ella
le observo una mancha en el rostro
con que me mira sobre el muro

¿Al fin su alma?








2756.- SILVIA TOCCO


Silvia Tocco es argentina. Nació en Buenos Aires el 14 de marzo de 1954. Es médica, psicoanalista y especialista en Psiquiatría infantil. Ha trabajado en talleres de escritura con niños con problemas emocionales.

Publicó el libro de poemas Después de la tormenta, Editorial Libros de Alejandría. Argentina, 2000.
Ha recibido el 2° Premio en el Concurso Nacional de Poesía Centenario del nacimiento del poeta José Pedroni. Esperanza. Provincia de Santa Fe. Argentina en 1999, la Mención de honor en el IX° Bienal Internacional de Poesía Breve, organizada por Correo de la Poesía en la ciudad de Valparaíso, Chile en 1999 y fue finalista del Concurso Internacional Letras de Oro, organizado por Honorarte, Argentina en 2002.

Se encuentra en preparación el libro de poemas La cercanía del mar.



LA HORA JUSTA

Es cierto.
Somos pobres
y estamos en vela.
Es la hora justa
en que se oye
a los que tienen dolor
los demás duermen
o hacen que duermen
hacen que no oyen
a la vieja de al lado
que está sola
con las manos cruzadas
sobre la sábana de hospital.
Debe haber alguien en el pasillo de niebla
alguien que haya oído correr la sangre
alguien que diga
qué hago con este torrente en las manos
la sangre
es la sangre de un toro clavado de banderillas
en la plaza caliente
del pueblo
de la vieja
que sueña
al lado

sola

(2001)






Jardín de inmigrantes

dejé crecer
flores silvestres
en el jardín
del fondo de mi casa
se han mezclado
con las alegrías del hogar
y no sabría ya decir
a quién pertenece
el púrpura de las pequeñas catedrales
que asoman por encima
de los crisantemos amarillos
hoy la rosa china
se ve acorralada por el lazo de amor
los geranios inclinan
sus cabezas borrachas
por la fragante cercanía del jazmín
los tréboles
sucumben
al avance de la menta
se están abriendo los lirios
sus penachos azules, erguidos
empiezan a ganarse el lugar







Supermercado

yo, para no ir más lejos,
hablo de bueyes perdidos
con el muchacho de gorro azul
que pesa las verduras
él me da una bolsita de alcauciles
y demora la entrega
algo más de la cuenta
yo me dejo rozar la punta de los dedos
por sus manos de tierra
invento que el tiempo está muy loco
que se hacen largas las horas en la tarde
que los niños
que las papas
que mañana quién sabe saldrá el sol....








Sicilia,1996

había jazmín
en la isla
la canzonetta
entraba
por las hendijas
de la ventana
había
un padre
dejaba de ser
un soldado ciego
en la primera línea de fuego









Réquiem para una niña

Hoy
una tarde de noviembre
una tarde de sol
en tierra extraña
te mueres
es amarga la pócima de ortiga
pero certera como flecha
no lloro
de las dos una debía ser.
Hoy
una tarde de sol
en tierra extraña
caes a mi lado
muerta
te visto de redes
porque vamos al mar
y te dejo flotando









A medio terminar

una pincelada gris
sobre el párpado caído
rojo cadmio
alrededor de la pupila
( en su punto central
se reflejan los peces
del arroyo
cercano al molino)
un toque de azul
cobalto
en la fatigada
comisura
de la boca
desde la tela
el abuelo
ve palidecer
los cuerpos
minuto
a
minuto








Marilyn

ellos adoraban
sus piernas de marfil
envueltas en red
la carterita
rozando los tacos
blanquísima
perfumada de aceite
y grasa negra
en la rugosa pared
pero a la hora de las chicharras
en las tardes pastosas
del verano
ellos le daban la espalda
para gritar
a los pechos de quince
que crecían
al ritmo
de las magnolias








allí

el roce áspero
de las manos
las que hunden cuchillos
en la grávida carne de mar
allí
acuestan sus cabezas
como negras medusas
los hombres del puerto
en un pecho sin madre









En tránsito

La sangre corre
sin saber dónde encontrar la herida
toca a ciegas el abismo de otra sangre
interrumpe el cansancio de la anémona
viaja
es un viaje
de ningún lado hacia ninguna parte
sin embargo, insiste
como algunas vidas










Hotel Savoy

alfombras raídas
una mosca inmóvil
sobre la rosa de plástico
en el florero azul
el teléfono gris
acumula silencio
gotea
el bronce
un tirante sostiene
el secreto
de los vidrios
pero algo
atraviesa
el tragaluz
del patio
algo
late








Instantes

altos los higos negros
estallan de leche pegajosa
entre el zumbido
de las moscas
un golpe de viento
vuela los sombreros
en la calle
vestidito blanco
dos vueltas
en el centro del salón








Instrucciones para el momento de llorar

el juego es así:
inclinada
la cabeza
hacia mis manos
una
a
una
caen
en el hueco
esperamos
la última
(siempre hay una última)
y corremos
a la orilla
las dejamos ahí
libres
como crías salvajes
el mar acuna
lo que el cuerpo perdió


2755.- STEVEN WHITE



Steven WHITE
Abington, Pennsylvania (Estados Unidos), 1955. Poeta, crítico, traductor. Miembro Correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Poemarios publicados: "Las constelaciones de la historia" (1983), "Fuego que engendra fuego" (2000), "Escanciador de pócimas" (2003).






LLUVIA

Creo que la lluvia nos ayuda a vernos
como si no fuéramos menos que las gotas
que atraviesan los pétalos del cosmos.
En el ángulo de la lluvia hay respuestas.
En las gotas que caen caben otras.
Me veo rodando desde la piel de las flores.

(2002; de "Escanciador de pócimas", 2003)




FRAGMENTOS:



En un hilo sostengo mi vida
En un hilo tengo mi muerte
¿ Quién soy? Eres
La llama de la vela
Te encendimos para ver

(Para los no nacidos)





Los vehículos militares paran en El Calvario
El ejército avanza incómodo
Bajo el sol tropical: la ciudad de León
Sólo le pertenece de día. La gente aprendió
De los muertos un nuevo ideoso
Para los tejados nocturnos

(León)




Ninguna mano empujó la piedra de la críptica alborada
Corría la sangre sin milagros ni ritos finales
Mi rabia naciente ardía bajo torres de lo que fue:
Se olía el humo que ascendía de los muertos

(Pascua en Estelí)





Mi amada se contempla con hambre
En el cielo simultáneo de mis ojos
Mientras nubes industriales
Devoran un futuro despejado





Creo que la lluvia nos ayuda a vernos
Como si no fuéramos menos que las gotas
Que atraviesan los pétalos del cosmos
En el ángulo de la lluvia hay respuestas,
En las gotas que caen caben otras
Me veo rodando desde la piel de las flores






Bajaste de las montañas de escoria.
Te contemplaste como Narciso
En una piscina envenenada.
Aprendiste a resistir cualquier herbicida.
Me saludaste con mercurio en la lengua
Y un agujero en la memoria
Que te dejó con un ojo nublado
No te asustaste cuando te abandonaron
En el gran cementerio
De máquina corroídas y compactas
Donde flotan mariposas de metal

(Ars poética)







Steven White en la literatura norteamericana contemporánea

Por Alvaro Urtecho

No voy a hablar sobre su ya importante obra de crítico e investigador, cuyos intereses se prolongan no sólo a la poesía chilena, brasileña, quechua, la española contemporánea, sino sobre su poesía, poesía que, dicho sea de paso, no es tan conocida como sí lo son sus trabajos de estudioso y académico.

Sin embargo con sólo comenzar a leer sus poemas nos damos cuenta de que estamos frente a un poeta formado en la más seria tradición intelectual de la poesía anglosajona, es decir: la tradición de la poética meditativa y reflexiva que nos viene de Wordsworth y se prolonga en Eliot, Wallace Stevens, Robert Lowell y ya acercándonos a este Tercer Milenio, en un John Ashbery, representante de la llamada Escuela de Nueva York, y uno de los poetas más degustados por White. Sí: estamos frente a un poeta de severa tradición intelectual, practicante de un estilo casi siempre ceñido a las formas estróficas tradicionales, incluyendo a veces el respeto y la subordinación a la métrica.

Sin embargo, estamos también frente a un poeta de profundas resonancias interiores, surreales, irracionales, míticas, y místicas, escatológicas, que se apartan de la metafísica, y se orientan, por su tono impugnador, audaz y transgresor, hacia un pensamiento y una poética de la postmodernidad, es decir, hacia una poética del Tercer Milenio. Los núcleos y temas centrales de su poesía, tal como lo podemos advertir desde su primer libro Las constelaciones de la historia o En el país del trueno, giran en torno a una visión escatológica del mundo, que incluye lo apocalíptico.

Poeta cosmogónico, especialmente sensible a las visiones y transverberaciones de la creación del cosmos y del mundo, pero también poeta apocalíptico, consciente del pecado y del vacío de una civilización deshumanizada. Poesía llena de simbolismo y alegorías místicas, que incluye las de la desgarradora mística medieval con sus vitrales celestiales, sus juglares, cetrerías sus escenas de santos macerados y escarnecidos y sus dramáticas danzas de la muerte. No por casualidad, Steven White se inició en la poesía leyendo a William Blake, demiurgo del cielo y del infierno, y al galés Dylan Thomas poeta de las vísceras y la vida prenatal, tan estimado por nuestro Carlos Martínez Rivas.

En otras palabras, Steven White se sitúa con pie firme entre dos tradiciones igualmente importantes y enriquecedoras de la poesía anglosajona: la vertiente intelectual metafísica y la vertiente visionaria y surreal con sus raíces fuertemente ancladas en la tradición romántica. Aunque ha sido un visitante asiduo de los países emergentes, y conoce las expresiones de la cultura popular y la llamada contracultura de rock y del pop, su práctica poética difiere radicalmente de la gran corriente exteriorista y coloquial representada por un Ginsberg, un Kerouac o un Ferlingutti, aunque no por eso vamos a afirmar que es un poeta indiferente a la prosa cotidiana, un fellow de gafas doradas recluido en los campus del sistema académico de su país, indiferente a la política y los problemas sociales.

Aunque los referentes inmediatos de su poesía no sean sociales ni políticos sino existenciales y referidos siempre a una estructura mítica, algo del fragor y la tragedia del mundo contemporáneo hay en sus poemas, aunque estén asumidos desde una realidad profunda y trascendental. Como decía Darío, hablando de su poética polifónica y universal, “muy antiguo y muy moderno”. Así es la poesía de este poeta “muy antigua y muy moderna”: en ella cantaremos el espíritu profético de los Salmos (actualizados de una manera tan libre que incluye la transgresión y la exaltación erótica), así como los acentos de los libros de Horas medievales, los misterios de Santiago de Compostela y de los Santos Inocentes, los lamentos de la Era Atómica y la visión apocalíptica a partir de la vida intrauterina personal y familiar: así, por ejemplo, cuando ve nacer a su hijo David.

Gran fe la nuestra
en estos tiempos inciertos
porque dejamos multiplicar en silencio
la célula que eras.
Entones los continentes sin nombre
Daban forma a la oscuridad
y tú, aparición de ojos inacabados,
a la deriva con un cordón vital
y una calavera translúcida
te sentíamos ronda, acechándote
al abril de tu nacimiento.
¿Oíste nuestras voces de niño
llamándote entre las estrellas?
Si eres un augurio de los imperios
Que se derrumba, protégenos del sendero
de fuego que consume
tu corazón de hielo y polvo”.

Una poética en la que, como afirma el crítico brasileño, Edimilson de Almeida Pereira, en el prólogo a su libro “Paisaje con una vela y una abeja asiria, la naturaleza actúa como una fuerza potencializadora del verbo poético”.

El mismo crítico brasileño ha señalado con acierto la originalidad de los “siete salmos penitenciales”, incluidos en su reciente libro Fuego que engendra fuego (Antología personal), editado por la Editorial Verbum de Madrid) y publicado, en traducción del propio White, en La Prensa Literaria, en 1997. “Los Salmos penitenciales son como un rito de nacimiento y devoración, con una manera de expresar sensualmente la vida; el poeta revela a un interlocutor que supera las categorías de masculino y femenino: de modo dramático, White utiliza la antigua forma de los Salmos para expresar un nuevo contenido, en vez de la penitencia, el hombre implora el placer, en vez de pensar en la vida después de la muerte, el amante busca el amor del cuerpo presente”.

Estos salmos inspiraron a uno de los más destacados pintores nicaragüenses de los años 80, David Ocón, su “procesión del silencio” es una expresión plástica de estos versos:

“Pinta tu ropa en mi piel
como si fuera el fetiche que realmente necesitaras,
y nada pudieras hacer sin mí.
Rasgar el tejido es hacerme sangrar.
Desvestirme para el amor es matarme”.

Poeta moderno y postmoderno, creador de una poética en donde no se anulan las voces del pasado, sino que se reactivan constantemente: voces antiguas que vuelven y reactualizan el sentido de la historia contemporánea:

“Entramos en esta vida entre peñascos que fueron labios. Una lengua olvidada regresa”.

Una lengua olvidada que permanece, como diría Levi Straus, en las estructuras míticas del pensamiento, intacta pese al desarrollo de la ciencia y la filosofía en su sentido racional. De ahí el panorama de detritus y vacío de la sociedad de consumo.

“Tríos eléctricos, baterías, bailarines en la calle.

Lo que queda del eterno retorno es el camarero llevando botellas de cerveza.

Los verdaderos héroes ensayan para El carnaval; combate en la zona de guerra del éxtasis”.

Su poema “Ultimo río” es una especie de Barco Ebrio de la era tecnológica, la era de la página Wew y el ciberpoder: una reactualización del gran poema de Rimbaud precursor de las grandes aventuras poéticas del siglo XX, un poema que con rimas finales de Bob Dylan incorpora elementos de la mitología americana: símbolos y signos míticos indígenas insertos en el texto matriz de la lírica romántica y simbolista que en última instancia explican, como a Yeats o a Eliot, la poesía escatológica y profética de Steven White.

2754.- MÓNICA GONTOVNIK


Mónica Gontovnik nació en Barranquilla (Colombia) en 1953. Ha publicado los libros: Ojos de Ternera, Ediciones Alcaraván, 1979; La Cicatriz en el Ojo, Ediciones Puesto de Combate, 1980; Y Tirada Temblando Miraré el Relámpago, Ediciones Puesto de Combate (1982); Objeto de Deseo, Ediciones Kore, 1992; Flor de Agua, Ediciones Kore, 1993; y Pandora Parrandera (2002). Obtuvo una Maestría en Estudios Interdisciplinarios en Arte y Psicología para la Sanación, de Naropa Institute en Boulder, Colorado, USA (2001); un grado universitario (B.S.) en Danza de Skidmore University Without Walls de Saratoga Springs, Nueva Cork, 1982, y es egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Metropolitana de Barranquilla (1979).






Mermelada de Guayaba

Algún color todavía en el fondo
del pequeño frasco
esperando ser lavado.
Mi voz alemana grita:
“todavía no se acabó”.
El semilíquido lecho de fruta
que habla de mis raíces
origen carmesí
hojas rotas diminutas semillas que cargan
el color de la desesperanza.

Observo cómo el dulce de la guayaba
se concentra para que mis ojos
atestigüen el diseño transparente
y me pregunto si alguna vez
seré tan suave como para tomar la forma
de mis tristezas









Beajavta

Me he convertido en ave
cazadora nocturna
que se asoma
ojos amarillos
quién soy
luz que se escapa
intersticios de la tarde
sol bañándose
despidiéndose del mar
alarmando mis sentidos
que se abren
bendiciendo la oscuridad.








Kali

Se hunde el corazón
no sé
porque aquí están
aún
las estrellas en mis pechos
la otra serpiente subiendo
a punto de agarrar mi tercer ojo
calentando mi propia lengua
deseando
que la muerte me pudiese asustar
tanto como el amor.






ARTEMIS EN EL RECREO

Artemis
Estoy preñada de luz
de un ritmo que se acopla
a los pasos de un pasado.

Soy un árbol
donde la vida se posa
en este momento.

Recreo
Comprender que el camino es oscuro
o más bien claroscuro
pleno de sombras e iluminaciones fugaces.
Saber que la soledad es inevitable
no como fardo sino como compañera
profesora música atenta.
Intuir que el hermano gemelo no existe
que la desnudez acaba frente al espejo
y que Platón con su andrógino
era un embustero.








Ustedes pueden quedarse en sus flamantes piscinas.
Yo les agradezco en cambio
que me recuerden el río que llevo adentro.
Pueden quedarse con sus obscenas películas.
Yo en cambio
agradezco el saber que el sexo es todavía
mi rito de primavera.
Ustedes sigan diciéndole a sus hijos
“no seas egoísta”
que yo agradezco en cambio
el recordarle al mío que sí lo sea
que mire a otros padres predicando
mientras “mi sala es más costosa que la tuya”
y mientras “préstale tus juguetes al vecino”
pero no al ajeno, al hijo de la cocinera (por ejemplo).
Ustedes sigan parrandeando con coca y caviar
que yo en cambio
desayuno jugo de naranja y ron
Saludo a un sol despierto y agradezco
saber
que a quienes nos pertenece el día
somos
los transportadores del mañana.

(1982)









Cierra tus piernas
mujer
no las abras porque te den
casa
comida
bebé

aprende del sol coagulado en sudor
sudor horneado en la piel de tu amor

aprende de los aires en oídos destemplados
de las uñas
de las lagrimas que corroen

aprende de ti
mujer
y ama
con tus caderas
por tu sed

(1982)











El carcelero

Las ventanas de esta casa
son claros engaños de luz
sembrados por los dos.
Reboto contra las paredes
en esta cárcel cristalizada,
mientras divertido observas
el espectáculo aterrador
de mi danza.

(1990)











El objeto de deseo

El pliegue de tu codo derecho será objeto de mi lascivia. Por él, destruiré todo
pensamiento que no sea cálido, atrevido, intenso.
Por la piel que se pliega y estira, derretiré un olor que, con mi saliva, desde hoy caminará tatuado a tus días.

(1992)










Con el gallo
anuncias que vuelves.
Me levantas.
Digo gracias.
Si hubo sueños
lamento las pesadillas
lloro la maldad
saboreo lo amado
atraso el periódico de la mañana.
Y digo gracias.
Bendigo ser.
Exprimo la naranja que disfruto
tanto como el sol que colorea las colinas
frente al balcón.
Los pájaros acompañan al gallo
porque las flores saludan a pesar del dolor
a pesar de la alegría
a pesar de que las usamos
para acompañar a nuestros muertos
a pesar de que también cantan en las bodas.
Como la tierra
como las hormigas
como los pies descalzos
como mi alma que saluda su cuerpo renovado
la brisa moja
mis pestañas
y
digo

gracias

(2000)





NICOLE GAGE FLORENTINY [2.753]


Nicole Cage-Florentiny 



Nació en François, Martinica, en 1965. Poeta, novelista, periodista, licenciada en historia y profesora. Ha trabajado en la radio (Radio Caribe Internacional). Anima talleres de escritura poética y de terapia a través de la escritura automática. En 1993 recibió Mención Especial del Jurado del Premio de Poesía para la Juventud del Ministerio de la Juventud y Deportes en Paris por su obra Lávalas. En 1996 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su libro de poesía Arco Iris, la Esperanza. Su primera novela C’est vole que je vole (Es vuelo que yo vuelo) es publicada en Paris, en 1998. Otras de sus novelas: Confidentiel (Confidencial), editorial Dapper, Paris, 2002 y L ‘Espagnole (La española), sobre la prostitución, editorial Groupe Hatier International, Paris. Ha representado a Martinica en Encuentros Poéticos Internacionales en México, El Salvador, Rumania, Macedonia y Túnez. En Octubre 2002 obtuvo el Premio Oeneumi en la República de Macedonia durante el Festival Internacional de Poesia de Tetova. Sus poemas han sido traducidos al albanés, árabe, español y rumano.

Poemas de: Nicole Cage-Florentiny (Martinica, 1965)


El país de hoy-aquí

Estribillo
No quiero olvidar
No puedo olvidar
La larga quemadura de la Historia
De Gore a Fort-de-France
Olvidé el país de mis raíces
No sé nada del país del que vienen
Más mi alma ha guardado el balanceo
De un largo viaje
De un viaje en el que el mar no era sólo azul

Olvidé las orillas de donde vengo
Ignoro aún de que tierra vienen
No conozco el país donde vivo
Y cuando digo su nombre
Él olvida vibrar
como vibra el nombre
De alguien que te ama
De alguien que tú amas

Olvidé, ya no sé
Pero a veces, la queja de los bambúes
Me habla del país de antes
El rumor de las cañas
Se infiltra en mi corazón
Y murmura en secreto
El nombre-sabana del país de hoy-aquí
Y el canto del mar
Osa decir que un día
Aquel país será el mío
No quiero olvidar, no puedo olvidar
Pero no riego las hierbas del odio
Y mi alma echa un puente
Entre la tierra de antes
Y el país de hoy-aquí
Sí, mi alma tiende un puente
Entre el país de ellos, el país de antes
y el país de hoy-aquí.



Sembrar


Sembrar palabras de miel
entre la quemadura del desierto
Sembrar palabras amorosas
entre el tufo de los ghettos
Sembrar perlas de rocío
en las heridas de mi tierra
Sembrar lágrimas que hagan sentir celos a la lluvia
Sembrar risas que emocionen al viento
Sembrar a todos los vientos
A todo corazón
A manos llenas
A riesgo de ruina
Pero sembrar, sembrar, sembrar...
Sembrar el amor entre las áridas venas de la tierra
Sembrar incluso con las manos desnudas,
venas abiertas, alma derramada
Y, a pesar del tiempo
a pesar de la muerte
sembrar tanta y más vida




El Gusto De Vivir


¿Y por qué, a veces,
Como ahora
Ya nada tiene sentido?
¿Y por qué, frecuentemente,
Incluso mis lágrimas no quieren decir nada?
¿Y de qué fuente surgen
Estas lágrimas, lágrimas mías?
¿Y hacia dónde corren
Hacia qué océano de desesperanza?
Yo quise creer
Creer en todas estas cosas bellas
Que dan, se dice, sentido a la vida
Pero esta noche tengo quince años
Y ahora entiendo que a veces nada
Ni siquiera la vida
Puede ser suficiente
Puede ser suficiente
Para darme
El gusto de vivir
El gusto de amar y ser amada
El gusto de la sal sobre mi quemada piel
El gusto de la risa que se comparte
Alrededor de un té humeante
La sed de ver crecer
Mis tiernas, mis indomables hijas
Nacidas de mi vientre
Cuando aún creía que la vida era bella
El gusto por un beso robado
Por manos devorantes sobre mi cuerpo
Por labios ávidos sobre mis senos
El gusto de un sexo voraz dentro del mio
El gusto por el viento
Por una caricia del sol sobre mi piel
El gusto por el pan caliente
Sobre la mesa de madera
El gusto por Dios
Cuando la sed de ÉL
Enardece todo lo que soy
El gusto de vivir
El gusto por la sal, por el vino y las aceitunas
Por el chocolate negro, los dátiles de Túnez
El gusto de creer
Que todo vale aún la pena
El gusto por amar
Y por ser amada
El gusto de vivir
Tan simplemente... Así



He Aquí La Esperanza


(para Max Simon)


La sangre como agua se derrama
Agua como sangre
Sangre como agua
Por los arroyos de Puerto-Príncipe
¡Ay!
Se cuaja la sangre en pleno sol
Sangre de hombres y mujeres
Sangre de mujeres y hombres
Sangre de muchachitos
Sangre de mujeres y sangre de hombres
Que intentan coger algo de sol
En las ramas de la esperanza
Pero no sólo es así
Tan sencillo
Pues en el país de los makut[1]
El sol quema las espaldas de los negros
Se huye el sol
Y se refugia
A la sombra de una hoja de chapa
En el fondo de los océanos
¡Ay!
El sol corre como agua
Agua como sangre
Sangre del sol
Por las cunetas de Puerto-Príncipe
Se da a la fuga el sol
Por no escuchar
Por no ver
Las ráfagas de los makut
Desgarrar el pecho de los hombres
Hombres y mujeres
Y chiquillos
Que intentan coger el sol
En las ramas de la esperanza
La sangre corre como agua
Agua como sangre
Sangre como agua
Por los arroyos de Puerto-Príncipe
Mas no es así
Tan sólo así
Pues he aquí la esperanza
He aquí la esperanza
Rodando por los cerros
Trepando los cerros
Acarreando agua
Agua como sangre
Sangre como sol
Sol-esperanza
He aquí la esperanza
Por las cunetas de Puerto-Príncipe
¡Ay, ay ay!
He aquí la esperanza
Helos aquí los hombres sublevados
Los despertados zombies
Y tropiezan los makut
Se huyen
Sin vergüenza
En desbandada
He aquí la esperanza
Heles aquí los hombres levantados
Hombres y mujeres
Mujeres y hombres
Y muchachitos
Que pueden saborear hoy
La caricia del sol
En pleno día
Sin más sangre
He aquí la esperanza
Es la esperanza una mujer-picante
Que corre, salta, danza
Levanta sus faldas
Más allá de los arroyos de Puerto-Príncipe
He aquí la esperanza
Ya no se esconde el sol
Se mece
Entre las ramas
Ilumina en adelante
Noches y días
Y los pormenores de los corazones de hombres
Hombres y mujeres
Y chiquillos
¡Ay, ay ay!
He aquí la esperanza!



MEMORIA


¡Extraña cuaresma, en donde caen las lluvias
como en una estación de huracanes!
Alteración de estación...
¿Habrían los hombres contagiado la geografía
De este loco país como un termómetro ebrio?
Pero aquel pueblo balbuceando a carrera de hormigas locas
Aquel pueblo pateando a fuerza de baile
Aquel pueblo corriendo a tiempo perdido
Nadando a pérdida de brazadas
¡Aquel pueblo sin horizonte es tan mío!
¡Sus abortadas iras
Sus ariscas ternuras
Sus risas sin razón
Y sus lágrimas sin cumplidos
Son tan míos!
Yo soy:
Aquel pueblo sin oriente
Que busca su memoria
Alla donde no puede encontrarla,
Un desarraigado cocotero
Un desaguado río
Un archipiélago estallado

(El Mar de las Antillas erosiona el costado del recuerdo)


¿Soy yo?
Un campo de mangos de contra-temporada
De ñames marchitos, de girasoles apagados
Sin embargo si Louverture es mi primo
¡Por todos los santos, devuélvanmelo!
¡Dame oh Anacaona, la Indígena
Tu revuelta!
¡Dame, Soledad,
Tu grito de odio tu grito de amor!
¡Reinvindico a Marti y a Guevara
A Bishop y a Sandino!
Quiero marchar al encuentro
De mi asesinada memoria
Pero, tengan cuidado si la hallo
Será cargada de tanta sangre
De tantas lágrimas
De tanta esperanza
De tantas amordazadas esperanzas
Que será pesada
Llena de savia
Como un generoso seno de mujer
Una tierra fértil por fecundar,
Un campo rico de promesas
De flores nuevas de frutos jugosos
Un campo de donde brotará mañana
Y aquel levantado y orgulloso pueblo
Será el mío...

30 de marzo de 1989




Soy hijo del país de Haití,
Y ese país
Es un barco calado
Inundándose por todas partes.

Mi país haitiano
Es una lancha quebrantada
en el vórtice del ciclón...

Mi padre dice:
“El viento es una larga queja,
Un canto que se mueve sobre los arrecifes,
Un gemido que se ahoga
En la garganta de los hombres, de las mujeres, de los niños,
¡De los balseros fracasados en el lecho deshecho del océano!”
Y los ojos de mi padre cargan lágrimas de piedra,
Mi padre dice:
“El país haitiano es un ciego en una noche huraña,
El zombi extraviado de un macabro ritual,
¡Una promesa que no desea morir!”

Mi madre escucha. Dice:
“Rechazo el maleficio...
Yo soñé con la paz,
Una avalancha de lluvia
Precipitándose desde los cerros desnudos,
Y la vi resrugir en remos de verdor
Cuando la creíamos apagada para siempre,
Y la vi brotar de las entrañas de un país rendido a sí mismo.
Siembren sal, siembren sal,
Y la avalancha de lluvia hará el resto.
Repartan sal, repartan agua.
La esperanza es una planta rebelde
¡Que vuelve a florecer en cada estación!”

Soy hijo de Haití.
Espero en la estación de las aguas y las flores nuevas...

(“Hijo de la esperanza”)








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2752.- CARLOS EDUARDO JARAMILLO


Carlos Eduardo Jaramillo nació en Loja, Ecuador, en 1932. Poeta y abogado de la Universidad de Guayaquil. Ha publicado los libros de poemas: Escrito sobre la arena, 1955; 150 poemas, 1961; La trampa, 1964; Maneras de vivir y de morir, 1965; La noche y los vencidos, 1967; El hombre que quemó sus brújulas, 1970; Las desvelaciones de Jacob, 1970; Una vez la felicidad, 1972; Crónica de la casa, los árboles y el río, 1973; Viaje al planeta Eurídice, 1973; Perseo ante el espejo, 1974; Veinte años de poesía, 1979 y 1985; Blues de la calle Loja, 1990 y Canciones levemente sadomasoquistas, 2000. Poemas suyos han sido publicados en antologías de poesía dentro y fuera de su país. Ha ganado varios concursos nacionales convocados por la prensa y la universidad guayaquileñas.



Poemas de: Carlos Eduardo Jaramillo (Ecuador, 1932)




Marilyn Monroe ascendiendo a los cielos

Gloriosamente ebria
del gozo de vivir
de ser amada
hasta por el más íngrimo
varón sobre la Tierra
el aire que levanta tu vestido
soplando desde la reja del Averno
en el corazón de Manhattan
todo el amor del mundo
en tus semicerrados
ojos sonrientes
y la encendida rosa de tu boca
modulando
un infinito beso

Con ese esbelto pie
con esas bellas piernas aguzadas
las rodillas espléndidas
entraste al reino de lo inolvidable

Que manera tan grácil
de ser perfecta y Única
/Norma Jean en capullo/
Marilyn mariposa
ascendiendo a los cielos.








Primavera en Nanterre

Cuando el reinado de las bellas frases fue sobre Nanterre
y las proclamas en los muros eran lema y poema
cuando los tulipanes del pensamiento explotaron
antes que los bastones de la policía
abrieran las rosas del cráneo,
fue verdaderamente bueno para el corazón del hombre
que los jóvenes dijeran su protesta
como potros azules
que las muchachas alzaran en la multitud
sus altas piernas blancas como mástiles
sus cabelleras negras como banderas
Fue verdaderamente importante
hermoso
apedrear
gritar
embadurnar paredes
enarbolar paredes en lugar de fusiles
Fue verdaderamente grande
es todavía
una embriaguez que dura
y que debe durar porque los sobrios
se vuelven tontos
mansos
cobardes
porque sin exaltación
fuerza y poesía
el viejo árbol del mundo se va a venir abajo
sin que pueda servir para otra cosa
que para alimentar nuestras hogueras.








Credo

Creo firmemente que todos los muertos son importantes
que nadie debe morir sino a su vez
que la resurrección de la carne está en la vida misma
creo en las cópulas placenteras que hacen a las parejas solidarias
en la caminata por los infiernos para dar con nuestra
sombra verdadera
creo en la corruptibilidad del corazón tanto como de la cabeza
y en las partes pudendas del espíritu –¡oh ajusticiado!-
Alternativamente amo y odio
a alguien que se parece a mí y a todos los hombres
creo que la redención de la especie no vendrá por el sacrificio
del cordero
sino por la extirpación de los culpables
Creo en el vigor de la juventud
en la dialéctica de la violencia
y en que no hay sangre que se pierda ni esfuerzo que no valga
Porque tiene que ser así.