domingo, 2 de octubre de 2011

4846.- ROBINSON QUINTERO OSSA


Robinson Quintero Ossa (Caramanta, Antioquia, Colombia, 1959). Poeta, crítico literario, gestor cultural y tallerista. Ha publicado: De viaje (1993), Hay que cantar (1998), La poesía es un viaje (2004). En 2004 le fue dedicado un número monográfico de la revista Golpe de Dados, dirigida por el poeta Mario Rivero. En el género de la entrevista, la editorial Domingo Atrasado publicó en 2008 13 entrevistas a 13 poemas colombianos [y una conversación imaginaria]. En 2011 se publicará “El país imaginado: 37 poetas responden”.




INICIACIÓN

Las naranjas maduras doblando con su peso las ramas
la mariposa en la grieta del muro
el sol del estanque desvivido en su brillo como
un trozo de oro
y tú en medio del patio
a solas
sintiendo lo intenso de la luz sobre las cosas
De pronto
en el diáfano festejo
la sospecha de la nada
eso que empezabas a temer
mientras ocultabas los ojos entre los párpados
calientes
Desde niño te intimidó esa oscuridad
desde la tarde de aquel patio
hasta la de ahora en que cierras los ojos
para que se abran
una vez más









PÁJAROS

Tal vez se entregaban al infinito
arrobados por una ciega embriaguez
Tal vez eran náufragos
los invitados del viento
Veloces se ahondaban
ganando la oscuridad
Desde mi ventana
como una barca que se mecía
en el océano del mundo
iba tras la bandada
ávido de cielo
Yo también
como ellos
—los desvelados—
emprendía la silenciosa fuga del abandono










PATIOS

De mi infancia recuerdo
los patios de una casa
fresca como el viento
los días contemplados
desde las copas de los naranjos
las voces de las mujeres
cantando entre los materos
el paso del mediodía
los incendios en el cielo
las siestas bajo un árbol
de hojas morenas
O cuando me era triste
la música de las palabras
y asombrado me detenía a escuchar
la fiesta de un pájaro
en el atardecer
Hoy lejos
de aquellos patios
asisto sin cesar
a la misma fiesta
desde que un canto en el cielo
da por bien ganado el día


http://www.lunadelocoselfestival.org/?page_id=376



Caramanta

Entonces en las tardes de ocio
tendido entre los rojos pastizales
bajo el perfume insistente de los árboles
no era la inquietud de un mundo
más ufano
la ambición de un sueño más alto
que el ave del cielo
sino el sosiego
la fuga tentadora del atardecer en las colinas
el canto del esparcimiento
llevado por los pájaros hasta la noche







Ayudantes

Desde niño admiré su osadía de viajar
colgados del borde de las puertas
de los buses
asidos a una manija por una mano de aire
Equilibristas de la carretera
a quienes el viento les ceñía una máscara
Trotamundos que sortean el filo
de los precipicios
Ubus-Ubus: pájaros de una sola ala
los llamaría Apollinaire








Primera elegía

Ese hombre que andaba semidesnudo
por los pasillos de la casa era mi abuelo
Hermoso animal de silencio
despertado por el sol de los canarios
en su apasionado contemplar del día
la mañana lo consumía en un oasis
de abandono y de calma
Pero el viento que menos esperábamos
lo barrería sin dejarnos rastro








Caramanta

En casi ningún mapa está mi pueblo
Es apenas unas cuantas calles
un paisaje de casas
con una plaza en medio
Pocos saben de él:
ningún poeta le ha cantado
Lejos de todo
es una vereda
un paraje perdido
con pájaros y riachuelos
Cuando fui niño
fue capital del mundo
centro del universo
puerto seguro








Música

Cierta noche
me despertó el susurro de un canto
perdido por los corredores
Azorado anduve la casa envuelta
en esa transitoria alegría
buscando aquella voz
entre los cuartos
Hoy el niño de entonces
todavía se asombra
cuando recuerda en la penumbra iluminada
la mujer que peinaba sus cabellos
para siempre en un espejo







Caramanta

Palabra que se fue haciendo verso
Mientras fui niño
una más como otra tarde
como otra cumbre
Después
olvidada
perdida en mis canciones
Necesitaste del silencio
y del exilio
para descubrir su poesía
Palabra desde la que vuelan pájaros



http://www.revistaelaguijon.com/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=67:caramanta&catid=40:poesia&Itemid=27





5 poemas sobre la infancia



ALUMBRAMIENTO

De niño, yo intentaba tocar con mi mano, tendida en la oscuridad, la pared junto a mi cama, cuando despertaba con miedo. Adentro los ojos abiertos en el silencio, temerosos de mirar, y afuera la mano extendida buscando el asidero.

Como si desde el comienzo me hubieran abandonado en medio de la noche; como si viniera desde siempre extraviado de la mano de alguien.



DE LA INFANCIA

El abuelo enfermó en un cuarto oscuro y estrecho del que no salía. El parlante de un transistor sony de pilas, bien pegado a su oreja, le traía las noticias del mundo.

El dormitorio tenía una ventana con sus cortinas siempre corridas, la cama, una silla incómoda -destinada a las visitas-, y el mueble donde la lucecita del radio titilaba día y noche junto al velador.

Su comida enfriaba en las bandejas antes de ser probada, y en el cobertor, la bajo alfombra y alrededor de las patas de la cama, las migajas caídas de su plato.

Cuando aceptaba compañía, hablaba poco; después el silencio fruncía su gesto, daba el morro a la gente y se dormía.

Su cara permanecía siempre hinchada de agua, y su vientre hinchado de agua, y las plantas de sus pies y sus manos. La abuela le mojaba las comisuras resecas y cuarteadas con un trozo de hielo y el abuelo chupaba la escarcha con la prisa de un niño.

Desde entonces no meditó el balcón, ni paseó los corredores, ni subió a las terrazas. Se hacinó en su pieza donde, tosegoso, asfixiaba, pedía ayuda malhumorado y se quejaba con frecuencia del fuerte ardor de sus orinas. Se entregó a la medianoche interminable, acompañado apenas por las voces de los locutores de radio y mirando un punto fijo en el techo boca arriba con los ojos cada vez más ciegos.

Después de su muerte, el dormitorio permaneció cerrado, visitado apenas por la abuela que entraba con sigilo para asearlo y demoraba sacando trastos viejos.

Los niños seguíamos jugando en los corredores, y a veces oíamos, desde la pieza cancelada, quejas, toses, el verter del orín en una bacinilla y el ruido de una onda radial mal sintonizada, como si el abuelo no hubiera muerto y siguiera allí, anunciándonos que la infancia aún no había terminado.



DESVELO

El hermano yace del otro lado de la cama. Alta noche y con la luz apagada, hablamos mientras llega el sueño. La madre ha puesto en orden las cosas que compartimos: cobijas, almohadas, las cortinas descorridas. Muy pronto, uno de los dos dejará la casa; ¿cuál primero?

Esta noche el hermano descansa del otro lado de la cama, y ceñidos los dos por la misma sábana, calentados por la misma manta, estamos desvelados bajo el mismo techo.

-Ya crecimos; es preferible envejecer por separado, lo más distantes posible.

Siento de pronto cómo oprime su sien la almohada; su cara medio oculta por la cobija es sueño y sombra.

No tiene todavía el rostro pálido el orificio de la bala en su frente.

Todavía hablamos mientras llega el sueño…



ESPÍA

La tía desnuda en el baño, por la puerta entreabierta, se muestra. Y yo no debería permanecer ante la hendija. Pero en el chorro sus nalgas brillan en un extremo de lo blanco y mientras las mueve se ciñe al agua.

Por los corredores de la casa merodea alguien -tal vez me sorprenda-. Pero en el baño la tía se da vuelta para que vea cómo abunda en su entrepierna el vello.

De pronto me apunta con sus ojos: prueba que sigo, tras la puerta, mirando.



MUDANZA

Salieron los cubiertos y los manteles que nos atendieron en la diaria reunión de las voces, las repisas y las lámparas que decoraron el bajo cielo de la casa, los libros embalados en cajas de cartón, el polvo y los espejos, las plantas que dieron fiestas en las ventanas, los veladores y los sueños. Después cargamos las cosas más pesadas, el cansancio, lo vencido, dejando para el final a los muertos, que aferrados a las barandas o escondidos en los sótanos del patio, se resistían a salir por la puerta.

Más graves aún de peso, los trasteamos como pudimos entre todos.





poemas sobre la poesía



HOMBRE QUE DA UNA VUELTA A SU CASA

La poesía no tiene horario
La poesía se escribe no cuando uno quiere
sino cuando ella -la poesía- quiere
dicen
Esto me digo mientras camino
y pateo una piedrita
calle abajo
una y otra vez
la misma piedrita
Dios puede ser cualquier cosa
incluso una piedra en el camino
-dicen también
Y me lo digo como quien no tiene
para decir
algo inusitado sobre una piedra
que se patea en una calle solitaria
Darle a la piedra es todo el asunto
de esta tarde
sin asunto
pues no hay qué hacer
y la poesía no tiene horario
La piedra golpea otra piedra y no canta
no llena el universo
Es nada
diría uno
en el camino que lleva a casa



TRUPILLO

Se escribe un día un sencillo poema que es, para el poeta, sombra desde donde mirar el mundo en medio de tantas luces que lo ciegan.

Trupillo: árbol con visera. Como tú con las ramas el poema con las palabras, parte y reparte la sombra.

Y ella se derrama.



VANO

En la sepultura abierta de pronto un pequeño
esqueleto:
los huesos
las piezas
de un despojo prematuro
como signos
como gestos
de un texto insuficiente





POEMA CON NARANJAS

Para Luz Eugenia Sierra

Las naranjas en el aguacero
perladas de resbalosas gotas
como suspendidas en la bruma
No pierden su llamarada
Más amarillas irrumpen en el verde
en las húmedas varas
en el color del agua
Me acojo a su alegría que escampa
Amo este sol entre la lluvia





POESÍA EN EL CUARTO

Una leve brizna de hierba me acompaña
sólo ella para la noche
suspendida en un jarrón sobre la mesa
Miro su verde pelusa
el frágil tallo que se balancea
su misterio sin perfume
sin ostentación
que nada diría en el tramado de los pastizales
Sin embargo vela conmigo
lleva la fatigosa soledad liviana
esta leve brizna de hierba
suspendida en un jarrón sobre la mesa


http://www.laotrarevista.com/2009/01/poemas-de-robinson-quintero-ossa/




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