martes, 6 de septiembre de 2011

NATALIA MOLINA ALANOCA [4.644] Poeta de Chile




Natalia Molina Alanoca



(Santiago de Chile, 1979). Poeta y música chilena. Entre 1999 y 2002 participó de los talleres de poesía de Balmaceda 1215 impartidos por José Ángel Cuevas, Carmen Berenguer, Paz Molina y Mauricio Redolés. En el 2000 crea el, hoy extinto, sitio web Maquinaria de la Noche, espacio dedicado a la difusión del trabajo de jóvenes poetas . En el año 2002 obtiene el 2ª lugar del IX Festival Víctor Jara de todas las artes. El año 2003 recibe una mención honrosa en el concurso de poesía 70 años de las JJ.CC. y es editada en la compilación del mismo nombre; este mismo año autoedita artesanalmente su primer poemario Veteranos del 79, que incluye ilustraciones de su autoría. Actualmente se encuentra dedicada a componer y grabar canciones como parte del proyecto Aullido (http://aullido.podomatic.com), además de estar arreglando detalles para la publicación de su primer poemario (Editorial La Calabaza del Diablo).





De Veteranos del 79...

Fresca en la memoria
La visión de un pájaro
Que hizo fuego
De tanto mover las alas.

LADY LAY, la heroína

Eres la que primero amanece cuando la noche se descuida
y el violador le abre las piernas.
Fotografiaron tu cara
tu palidez extraña de negra
el tono gris lápida en tu frente
y el grosor de tus tobillos de niña porteña.

Lady Lay, la primera estrofa de un Dylan accidentado te llama
Lady Lay, entregaste dientes blancos y tiernas venas a una flor
Lady Lay, torniquetes en forma de rosas
amarran tu pelo.

Tú que viste destellos en las últimas filas
la gracia del sudor en los cuellos de los muchachos
cuando tus mejillas eran todavía frutas rojas
y tu credencial te dejaba abrir la boca
en limpios salones de blancos.

Lady Lay, la gratitud vino siempre de la mano de un extraño
Lady Lay, ¿acaso los aplausos no son golpes?
Lady Lay, cuando aflojaste el músculo adolorido
dejaste caer tu sonrisa.








Tres semanas

Todavía la cama tiene su olor
y la pieza
y la silla
y la cocina,
esa mezcla de té con canela,
colonia inglesa y tomaticán,
ese olor dulce que tienen todas las viejas.

Recuerdo cuando se lavaba el pelo
con champú de quillay
y se lo desenredaba en el patio.
Se pasaba el peine por la cabeza húmeda
y las cascadas caían negras sobre sus pechos de luchadora social,
armados hasta los pezones,
envueltos en un sostén-faja blanco
de broches interminables.Cruzo el pasillo todas las noches
y miro sus figuritas de loza que se llenan de polvo en tres semanas..








1956

Me fui a la tierra del sueño al este del paraíso
donde el sol se parece a una braza de carbón
donde todos vestimos los colores puritanos de 1956.
Donde hacemos rituales funerarios a la orilla del lago
y después corrimos
esquivando las esquirlas de nuestra estrella muerta.

Me fui al lugar donde uno bebe para transformarse en el otro
neumonía rocanrolera sobre rocas húmedas
mirando fotografías decoloradas
hermosos juegos de luz y sombra
dividiendo nuestros rostros
revelados en cuartos caseros.

Me fui a la tierra del sueño
al este del paraíso
donde nuestras libretas son preciados evangelios
donde el sol no aparece para molestarnos
donde la tumba del hermano
aun no ha sido cavada.








Manzanas confitadas

Algo te hizo nacer cuando el sueño había acabado,
en el tiempo de cadáveres en la ribera izquierda.
Algo te hizo crecer cuando los uniformes estaban en todas partes,
cuando el rostro de Pinochet colgaba enmarcado en la dirección del colegio,
cuando Poduje venía a inaugurar poblaciones a la orilla del zanjón.
Calor infernal del año 87, la felicidad brillaba en forma de llave,
una calva siniestra cortaba la cinta de tres colores...

Barricadas en 5 de abril, jóvenes combatientes.
Uno se iba a acostar temprano después que tu abuela te llenaba
un guatero con agua.
Eran los tiempos de los cadenazos,
cuando las calles tenían ese aire de desolación
que sólo tienen los pueblos abandonados
a su suerte,
al terror de su suerte;
pero más de alguno dirá
que para ti todo era alegría de cabro chico,
helados de agua
y manzanas confitadas.







Ebria 5 sur

No pronunciaba la “ese” final,
muchacho que ya no lo era tanto.
Cálida mirada
como el aire tibio del carbón
en el invierno.

Apostó por la obsesióndesde un banco de plaza provinciana.
Se vició líneas enteras de buses baratos,
líneas cortadas en el asfalto zigzagueante
de la ebria 5 sur,
dibujando en el vapor de los vidrios
para distraerse.

Lo escuché leer una vez,
el fuego le consumía la mano derecha.
Su voz era sólo el esfuerzo de un tipo retraído,
la “osadía de los tímidos” —como se dice—
voz que le sacudía el cuerpo
como lo hace una arcada mañanera
en esas micros que recorren medio Santiago
para llevar al trasnochado a su cama.No limpió las semillas de su pelo
ni el rescoldo en el puño de su camisa blanca
se guardó madrugadas
y noches oscuras de caminos callados
en donde los hombres eran sólo cigarrillos
prendidos a lo lejos.








Arritmia

En el principio golpeaban al hombre con el cielo
dejaban caer sin aviso bloques de gases
cristalería pura y celeste
imágenes de madre e hijo
infinitos mantos de infinitos pliegues.

En el principio golpeaba el cielo con una constancia macabra
como la guillotina en la fábrica de dulces
individualizándolo todo
cortando la ronda de los niños

En el principio fue como éste ruido de máquina
que el obrero no olvida ni cuando está dormido
como el ruido de pecho
inquietando los sueños
de la noche del enfermo.

En el principio reinaron los demonios de lo exacto:
el ritmo y la constancia,
que condenan al asesino a buscar nueva presa
que encarcelan al monje
entre cuatro oraciones diarias.



Maquinaria del cadáver exquisito
¡Por qué no puedes verme!
¿Acaso te he defraudado, mi cadáver?

Seríamos como fuimos siempre
una maquinaria que avanza hacia donde nadie avanza
dos engranajes oxidados en este mundo mecánico.
Seríamos una incoherencia maravillosa.

Me volaste la cabeza con tus palabras de plomo
me despreciaste por semanas y yo
te espere en un recuerdo
en un callejón
de una esquina
de mi cama.

¡Porqué no puedes verme!
¿Acaso te he defraudado, mi cadáver?

Seríamos lo que fuimos siempre
una maquinaria eterna
un poema que se construye en su marcha
pero tu no me creíste
no me creíste ni una palabra.

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