domingo, 20 de junio de 2010

202.- SERGIO BADILLA CASTILLO



Sergio Badilla Castillo nació en Valparaíso, el 30 de noviembre de 1947. Según sus propias palabras, su poesía tiene una fuerte influencia nórdica. Durante su exilio formó parte del Grupo Taller de Estocolmo, y del Pelican Group. International of Arts, y fundó las revistas Polo Norte y Pación. Fue periodista cultural de Radio Suecia Internacional y del programa Panorama de Sveriges Radio, durante 13 años. En 1989 organizó, en colaboración con la escritora sueca, Sun Axelsson, el Primer Gran Encuentro de Poesía Latinoamericana, en Estocolmo, Suecia. En 1991 fue publicado en la antología sueca, Bevingade Lejon, editada por editorial Bonniers de Estocolmo.

En 2003, obtuvo el Premio de Poesía: Ciudad de Valparaíso; en 2004 el Premio Internacional de Poesía "Enrique Molina" concedido por el Cabildo de Cultura de Buenos Aires. Ha ganado también los premios Hucke y Colmena, de España.
Ha sido traducido al sueco, inglés, finlandés, catalán y francés, y él mismo ha traducido a los poetas fineses Pentti Saarikoski y Pentti Saaritsa, y al norteamericano, CK. Williams
Desde 1993 reside la mayor parte del tiempo en Santiago de Chile y hace clases en diversas universidades chilenas. También es panelista estable, desde el año 2002, del programa de debates de Chilevisión, El Termómetro.

OBRAS PUBLICADAS
El volumen de cuentos Más Abajo de mi Rama. Invandrarförlaget. 1980. Borås. Suecia y los poemarios La Morada del Signo, Estocolmo, 1982; Cantonírico, Madrid, 1983; Reverberaciones de Piedras Acuáticas, Estocolmo, 1985; Terrenalis, Estocolmo, 1989; Saga Nórdica, Santiago de Chile, 1996; La Sonrisa Temerosa del Bastardo, Valparaíso, 2003, y Poemas Transreales y Algunos Evangelios, Santiago de Chile, 2005.




INARI




A mis hijas finlandesas



La pisada de un perro perdiguero en la nieve
Un rastro apenas perceptible en el blanco suelo de Inari
El pueblo está perfecto, lo habitan los habitantes que deben en silencio
El círculo polar está al otro lado del lago endurecido
Más acá los pájaros urracos jilgueros ennegrecidos
las cornejas vagabundas de Laponia
Los pinos se han puesto opacos en sus ramas largas
La espesura es una fotografía congelada un difuso recuerdo
Tal vez las huellas son de un lobo transeúnte
una escena modificada del Kalevala
un animal caminante de las estepas que extraen el halo de estos
labios con hambre
vapor ingenuo con algo de alma y calor humano
Una liebre pasa corriendo y también imprime sus extremidades en la
superficie nívea
El esfuerzo está mal hecho no hay bestia que la persiga
Sólo unos ojos humanos que la ven perderse entre unas rocas
y tarda la sangre en las venas antes de fluir por el cerebro.






MI CIUDAD


a Juan Cameron



La ciudad donde nací es una añosa meretriz que ya no recibe visitas
Su época se esfumó en silencio a través de las rendijas
se volvió matrona de tanta pretensión de ser anciana
con actitud arruinada como la más añeja de las rancias
se puso veterana como la más senil de las decrépitas
devino achacosa como la más vetusta de las viejas
Mi ciudad natal tiene la ceguera de un mendicante ciego
perdió su formalidad que imponían los solemnes para ser solemnes
A fin de cuentas todo debe tener su maldito precio.
se volvió senescente de tanto pretender de ser señora
con actitud abatida como la más tradicional de las maduras
se puso trasnochada como la más decadente de las acabadas
devino mórbida como la más delicada de las viejas
Fuimos tantos los que pretendimos su mesalino pubis
su hurgado vientre sus palpadas carnes
fuimos tantos los que ansiamos sus meretricios pechos
se volvió comadre de tanta pretensión de ser doncella
con actitud festiva como la más lasciva de las libidinosas
se puso obscena como la más viciosa de las libertinas
devino impúdica como la más lujuriosa de las licenciosas
La ciudad donde nací es una longeva meretriz que ya no recibe visitas
su tiempo se fugó venéreo con unos extraños piratas emigrantes



Fernando Sabido Sánchez y Sergio Badilla
en Santiago de Chile, Diciembre 2012




HORMIGUERO


A Omar Pérez



Este invierno las hormigas peregrinan hacia otro hormiguero
se cambian de casa por decirlo en palabras pedestres
se mudan con pasmosa parsimonia
cada una traslada una parte importante del albergue
ramas jugosas hongos diversos
La reina es la más difícil de desplazar
por su inmensa naturaleza por su conspicua traza
Hay un oso hormiguero merodeando el territorio

Desde esta encumbrada rama se divisa el universo
la fila interminable de pequeños puntos en movimiento
se llevan todo
hojas fermentadas cachivaches bombos y platillos
No hay ninguna hormiga que no siga el ritmo del alejamiento
no hay ninguna que haga el camino de regreso
Hay un oso hormiguero merodeando el territorio

El hervidero se hace infinito con su inacabable trasiego
la mudanza es ordenada por señalarlo en palabras corrientes
la simple contigüidad agota la perspicacia del ojo
desmorona la intensidad de los sentidos
Este invierno es más crudo que los viejos inviernos
tiene la severidad de pájaro rapaz poco antes conocida
Hay un oso hormiguero merodeando el territorio








ESPARTACO Y MARÍA MAGDALENA




La ciudad está oscura algunos recurren al silencio
los grandes señores son cosas que el pasado dejó en el pasado
han huido con la celeridad de las ratas de un barco que se hunde
sus decaídos espectros desaparecieron avergonzados entre las sombras
por no decir en una aburrida calma
Los impecables siguen usando hoy ropa oscura y evidencian
buenos modales
Aquí señor hablamos claramente el lenguaje de los números
los malhadados números los malditos números
La irreverencia es reconocer que aún es posible tener un amor inconfesado
un secreto pueril una discreción baladí de antigua data
El disfraz ya no impresiona a nadie es tiempo de posmodernidad.
A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio
y otro de Maria Magdalena junto al wáter

No hay mendigos que no reconozcan la necesidad del ágora
para incrementar sus limosnas
No hay mercaderes que no persistan en su tarea de buscar tesoros ocultos
también lo intenta el funcionario que me alquila la vivienda donde vivo
Todo está milagrosamente conectado como una gran alcantarilla.
con algún desagüe con un descomunal vertedero
con alguna monstruosa cloaca
La basura se acomoda en los tejados en las terrazas
en las extensas plazas la roña la basura. la mugre
la cochambre los despojos nos sepultan vivos
¡Qué vida! afuera el humo de las hogueras tizna la ciudad
la pringa la mancha la emporca la ensucia
Todo es una cuestión de hábitos de malvada costumbre
Comemos frutos secos ritualmente cada vez que vamos al circo
Mamá dice para sentirnos vigorosos
A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio
y otro de Maria Magdalena junto al wáter

Pobres hombres de fortuna que se abruman la vida en repetidas
conferencias no sueñan pesadillan la vida noche a noche
No tienen tiempo para vacaciones
Las termas de Caracalla están abandonadas desde hace tiempo
no hay quien las repare son más interesantes las ruinas de Itálica
Mi hija mayor aprendió a leer el jueves y la premiaremos con un gato persa
Los gusanos se han habituado a reptar en la aridez de la seca muralla
ejercitan sus destrezas ambulatorias
En el atrio dicen que los moros venden drogas a los visitantes extranjeros
¡Qué importancia tiene la especie humana si no le puedo sacar
provecho!
A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio
y otro de Maria Magdalena junto al wáter

Desde ahora vivo entre playa y playa como si fuera millonario
Mercurio ya no miente
Las baratas se adueñan de cualquier rincón del edificio
se adosan inmundas como inmundas baratas
repugnan su repugnancia.
Muchos ciudadanos aún no tienen donde vivir en medio de tanta ciudadanía
Mis familiares duermen plácidamente en sus anchas camas
se aburren en su nuevo vecindario de tener tantos parientes cerca
Pensamos que sería bueno adquirir un nuevo esclavo para que cuide el jardín.
La caridad empieza por casa
A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio
y otro de Maria Magdalena junto al wáter




Buenos Aires, julio 1990






FAROL BAJO LA LLUVIA




El farol se balanceó en las piedras fúlgidas del muro,
con el viento que viene del este con la lluvia
y mis gestos prematuros reflejaron sin pudor nuestra memoria
de la misma forma como entraron las sombras en la casa.
Las viejas dejaron entonces que la rueca siguiera
el curso de la lana sin decir una palabra
y fueron con sus cestas vacías, sus morrales vegetales,
a recoger las bayas más diversas de los bosques,
a la silvestre terrenalidad del paraíso prohibido.
No, ya no quisimos espantar la angustia sin dejar lágrimas
y que el fuego nos acerque individualmente hacia la noche
para decir verdades
para reconocer que nos equivocamos en la saga
y así volvemos a creer extrañamente
en los que volvieron al mar para contarles historias a los
dioses.
La eternidad se quemará en la hoguera al llegar el día
y será verano, por mucho tiempo, en las semillas,
lo atestiguará la textura viril de mi cuerpo,
cuando se pose como colibrí en la intimidad de tu geranio.




MUELLE DE TOIKKO


A Antero y Kirsti Alanen



Hacemos un brindis en un extremo del muelle de Toikko,
los niños gritan y corren con una cesta llena de pescado,
Antero, nos mira con serenidad en su rostro y esboza una sonrisa
a lo lejos el motor de una lancha nos arrebata el silencio,
un mosquito intenta alterar también la calma.
Hay un sol que flirtea permanentemente con las nubes,
los abejorros zumban, ebrios de tanto dar vueltas y de polen.
Rebecca no cesa de tirarme las orejas
con su morenidad que la delata ante la claridad del día
como si fuera una extraña margarita silvestre.
Väinamöinen, se esconde aquí en medio de la foresta,
en este verano que nos hace creer a todos que somos nórdicos,
lejos de la decrepitud de las ciudades madrigueras,
de los poblados modernos desde donde se escapan los grillos.
Dicen que Dios tiene su residencia de verano
en los altos abedules del Näsijärvi
y se hace llamar Jumala, para no asustar a los impíos.
Matías me cuenta que los sapos le cantan canciones al cielo,
para que se mantengan abiertas las puertas del paraíso.
No, no se escaparán las ninfas del bosque como en otros sueños,
porque Sibelius les ha compuesto una nueva sinfonía.
El cisne de Tuonela, grazna levantando su grácil cuello
y a alguien se le ocurre que podríamos repartirnos esta tierra
como si fuera una gran tarta de frambuesas.
El sol ya se ha escondido detrás de las copas de los viejos
pinos,
hace un poco de frío,
Jonathan recoge unos gruesos leños, para encender la hoguera,
nos contará como viven las arañas bajos los troncos,
disputándose los insectos como equivocados predadores.
Hemos vuelto a la cabaña, donde hay recuerdos ancestrales,
el sauna humea con la humildad familiar de anfitrión:
se siente el calor de hogar, en la tarde de Tavastelandia.
Las palabras se cansan, la boca descansa en los pensamientos
y sabemos que aún habrá verano mañana, en el muelle de Toikko




Finlandia, Parkkuu, 13 julo 1991





VERANO EN LA PLAZA ROJA




A Olga Albornoz



Detrás de las ventanas del Kremlin,
en mi balcón ocasional de la calle Osipenko,
Marie Antoinette me habla de diamantes en la noche,
de los primeros judíos que llegaron a Amberes,
con sus talegos llenos de mercancías de las antípodas del mundo,
de las belgas que aman sin saber cuanto aman,
cuando llega el amado desde lejos con sus pies cansados.
El museo Lenin está solitario, en medio de la lluvia,
ya no hay jóvenes que quieren conocer al viejo del 17,
su Rolls Royce escorado en una inmensa sala,
su máquina de escribir y sus panfletos.
La calle Arbat está invadida de desesperados mercaderes,
que intentan ser políglotas, en la dificultad de las lenguas,
algunos invocarán con inconciencia, la que yo hablo.
Pedro El Grande, ha tomado otra vez la Plaza Roja,
con sus inmensos cañones, silenciados en las viejas sombras.
Las iglesias hacen sonar sus campanas este domingo
y vamos con Olga y Aliosha a la del bosque de los antepasados.
Algún patriarca nos regalará sus lágrimas
de las Rusias que huelen a comida en cada esquina.
Los alemanes reparan las calles envejecidas del Moscú de los 90
Nichivó...Nichivó.
Pushkin no es más que el nombre de un pueblo ceniciento
y a Jostacovich lo escucho por casualidad en el Melodía.
donde unos jóvenes melenudos, preguntan aún por los Rollins
Stones.
Los armenios dirigirán la brutalidad de este tiempo,
y no habrá rublo que abunde en los bolsillos de mis amigos
nocherniegos,
la noche es más oscura en Moscú ahora
y deambulo como insomne sin encontrar el Kremlin.
¿Quién nos esconde el palacio de los zares en medio de tanta
penumbra ?
¿Dónde está el balcón de la calle Osipenko ?
Nichivó...Nichivó.




Moscú 23 de julio 1991









CONFESIÓN EN UNA ESQUINA CUALQUIERA DE MADRID
CERCANA A LA CALLE O’DONELL




¿Dónde está la marquesita de Avila, en tanta España?
cuando el fuego de la noche se me escapa de las manos
y en cada rincón de esta habitación verde, un secreto pierde sus
palabras
porque nadie intente descubrirnos aquí adentro,
en este hotel de la calle O'donell.
Aquí estamos pues, mi esperada Santa Teresa,
con una realidad que nos enloquece hace más de una semana
y me despierto, la despierto mi marquesa para decirle,
que la ciudad existe todavía más allá de la cansada madrugada
con sus pétalos marchitos en este interminable transcurrir de
horas.
Madrid nos guiña un ojo, escondiéndose como nosotros
en el follaje otoñal de El retiro,
la Puerta de Alcalá nos dejará pasar como a otros amantes
anteriores
y detrás del Museo del Prado , diré que Ud, es sólo mía,
muy a pesar de las avispas que mueven los aguijones con destreza
o de los pavos reales que se solazan en el Jardín Botánico
de al lado.
Cuando el reloj despierte la mañana, las maletas obligarán la
retirada
y me acompañarás a darle la espalda al día para evitar que nazca,
sonreirás nerviosa, como una digna marquesa,
con un leve temblor en esos mis labios de España.
Seremos felices, respetada dama, diré con un dejo de tristeza,
aún en la textura de muchos sueños,
en la ocurrencia infinita de tantos otros lugares,
quizás en otro hotel de la calle O'donell.




Madrid 19 de septiembre 1992





PIEDRAS DE ALES




El barco enfila rumbo al estrecho de los dioses,
hacia la puerta que separa al Lago del Este, del Mar del Norte.
Aquí oramos hermano y confesamos nuestras penas en voz alta,
tirando de vez en cuando, grandes leños a la hoguera de la noche,
para que el calor del fuego se impregne en nuestros huesos
y podamos seguir poblando, la Escania y la frialdad de sus
aldeas.
La luna llena ilumina las rocas y sus íntimos contornos,
sin dejarle una sola guarida a las sombras
para refugiarse de la luz,
la arena del Skagerrak,
aún guarda en secreto las huellas de mis padres
y con certeza aquí vendrán también mis hijos
y sus descendientes carnales
a repetir hasta el cansancio los mismos ritos familiares.
Estoy navegando sólo e imaginariamente en este navío de Ales,
como un argonauta que nunca arribará a algún puerto,
con su cargamento ancestral de recuerdos.
Al frente estarán perpetuamente las costas de Jutlandia,
aunque la noche este fría y atiborrada de estrellas
y mi barco deje su inmovilidad perenne
y un viento le infle su única vela cangreja.




Ales, Escania 19 de mayo 1993








EN EL LUGAR DE LOS ANCESTROS




El sol se esconde a menudo tras las nubes que cubren el lago
y los pinos se atragantan de pájaros e insectos.
Matti nos invade insistentemente el espacio con el ruido
de su tractor.
Estamos en medio del bosque, a la hora del almuerzo,
una motacilla persiste en emitir el mismo trino,
remonta su vuelo y se agazapa en la alta rama de un abedul,
prepararemos el sauna esta tarde como si fuera un rito,
no se para que lo digo si en la verdad es un rito memorial.
Riitta habla con Rebecca con la sonoridad de sus ancestros:
la madre lee y la hija finge hacer comida en la arena.
Estamos a comienzos de junio del 93
metidos en medio de la espesa foresta que abraza al Näsijärvi,
¿Qué pasará en el resto del mundo?
allá lejos, en la frondosa foresta de los rascacielos.
Casi me olvido también, que en estos días
hay otros que padecen horrorizados la guerra.
El viento del polo me comienza a congelar la espalda,
levanto mi cara para apuntar al cielo,
quiero perpetuar la memoria, las formas imprevistas de los
árboles, la anarquía de sus ramas
y compararlas con las que vi en otras ocasiones.
Sergio Albornoz, me llamará de Rusia, cualquiera de estos días,
para invitarme de nuevo, al Moscú de los mercaderes.
La chimenea del sauna, humea y su olor trasmina mis sentidos,
un gusano repta dificultosamente para alcanzar la hierba,
lo logrará esta vez, no hay pájaros que atisben,
los mosquitos han decidido volver a la carga como ayer,
parece que se acerca la lluvia a Parkkuu.




Finlandia, Parkkuu 9 de junio 1993








ÚLTIMA LLUVIA DE INVIERNO




Septiembre tiene su rostro cargado de lágrimas tardías,
más vale llorar ahora cuando la vida aún nos anima
y el corazón late de memoria en mi renegado cuerpo,
aunque me resulte ajeno su acompasado juego.
Esta oscuro mi barrio con las nubes negras,
sólo la pared del frente muestra su consciencia blanca,
ya han sido de nuevos los timbales los que agobian la calma,
los pendones han pasado altivos por fuera de mi casa
y me reservo entonces actitudes y palabras.
He vuelto a sentir en la mudez la necesidad de la distancia,
un automóvil se desliza raudamente por la calle inmediata,
llena de agua,
se anegan las alcantarillas, se alborotan los paseantes,
trina, tristemente un pájaro solitario,
como una invocación canora que me suena a un por favor
auxílienme,
la casa está en penumbras,
se expresa en la innumeralidad de los contornos.
Yo me escondo, por que no se me ocurre otra cosa que ocultarme
silencioso entre las crecientes sombras,
y mi angustia adquiere una estatura interminable,
una telaraña que lo cubre todo, se cubre de perlitas de agua,
mi mujer escribe en otra habitación, una larga carta a Finlandia
me miro en la profunda oquedad turbia del espejo
y veo como pasa el tiempo.
Santiago sigue siendo extraño, nunca será mi tierra.
Los objetos ya no son opacos se desdibujan ante mi vista,
una farola impone un débil haz de luz entre las plantas,
las hojas de la madreselva se han tornado casi negras
y se agitan alteradas con el viento,
alguien cierra una puerta con violencia y despereza el ruido,
llueve aún y pienso que es la última lluvia de septiembre.
La estufa encendida, relampaguea como si respirara,
en la mesa está aún el café que ha quedado del almuerzo,
y una copa de vino, completa esa imagen de olvido.
Las celosías que dan al patio están abiertas de par en par,
pasa un gorrión volando y se confunde con la celeridad
de un rayo.
Riitta ha terminado su carta y se siente sonar el papel
que se resiste a quedar aprisionado en el sobre,
un simple acto, con tanta trascendencia.
Mis hijas están lejos, en la guardería,
me lo recuerda el ruido de la esquela y su oponencia,
sigue lloviendo intensamente.
Unas voces lejanas se confunden con el taconeo de la lluvia
sobre los tejados,
el samovar sobre el aparador adyacente también centellea,
un relámpago lo ha acariciado con un fugaz fogonazo.
Es septiembre vuelvo a pensar,
estoy de nuevo de regreso en la natalidad de esta tierra
hay malos recuerdos que se rebelan al control de mis pensamientos
quien dice que se puede olvidar, cuando hay tantas heridas,
la sombras aumentan, se abalanzaron ya sobre las cosas
aún llueve, llueve copiosamente.








HOY ME DECLARO REY DE SNAELAND




Hoy me declaro rey de Snaeland,
en la espesa bruma que ciega la bondad de los ojos
ante las piedras quietas que fueron arrancadas de su sitio
para ocultar la huella de los que se fueron en la tierra.
El trueno sonó repetidamente en la oquedad del silencio
rompió la humildad visible de todos los cristales
y los años se hicieron inciertos para aplacar la terquedad
de la memoria.
Muchos callan sus bocas o dan vuelta la espalda
desean recurrir a la lógica del recuerdo que se pierde,
a la solemnidad del buitre cuando alcanza las alturas,
pero que aún así, se nutre de horror en su rapacidad de ave.
Las playas siguen siendo arenales,
donde se esconde la vergüenza de los cuerpos sin rostro.
El oso avista una vez más, bestialmente a su presa
entre las rocas,
sin embargo, su zarpazo no tendrá la misma fuerza que antes.
Mi casa está todavía, me dicen, en la vecindad humilde
de las bajas lumbres,
donde se refleja el vértigo de la totalidad del universo,
en la intransparente oscuridad de los rincones.
Equivocado así pues, en la duda, seguiré siendo el extraño,
el ingenuo, el absurdo, el pendenciero.
Vuelvo entonces de un país con un nombre
que se queda asido con la prontitud de los labios,
siendo un desconocido paria.
Cuento historias, me escuchan los viejos,
otros relatan con magnitud, la relación de sus propias epopeyas,
y nos cansamos de escucharnos
hasta que explota, llena de luz, el alba en mi cerebro.
Alguien dice que los vientos aún arrastran la muerte
que el inclemente ya no pertenece a este antiguo vecindario:
Aún así, hoy me declaro rey de Snaeland,
del suelo que se mantiene verde todavía, a pesar de la tristeza,
cuando mis padres dejaron los ruegos y me hablaron con furia
para conocer de donde proviene tanto dolor inconsolado.
Fueron otros los que esquivaron la mirada a la intensidad
del fuego
y mis pasos torcieron súbitamente su rumbo, fiordo arriba,
con mis hijos, con Ture y sus hermanos
donde la soledad se esconde silenciosa detrás las estrellas.
Hoy me declaro rey de Snaeland.
Un relámpago invernal intenta arrebatarme la certeza de mi
lengua.
Se desvirtúan los años en la raritud de otro suelo
y pienso que mis huesos se profanan,
se herrumbran en la perpetuidad del esqueleto
si la verdad no alcanza la utilidad de la modestia.
Entonces no hay más oficio que mirar la tierra desde abajo
para evitar la desesperación que trae la memoria en sus pendones.
Hoy me declaro convencido rey de Snaeland.
El mito no ha de quedar inconcluso en la apatía de este tiempo,
sin dejar huella evidente de la anterioridad de mis pasos,
porque sé, que algún fantasma perseguirá eternamente mis sueños.
Lloro quizás, al recordar las viejas desventuras,
y tropiezo, con minuciosa calma
cuando los trastos de mi nueva casa, se interpongan obstinados
en la lentitud de mis torpes pasos:
la oscuridad crece, silenciosa y desordenadamente en mis contornos,
aún así, exijo la dignidad que el vencedor debe al
derrotado.
No hay ceremonia, ni invitados,
No hay pajes, ni sirvientes:
sólo la dignidad del que regresa
hoy, cuando me declaro, finalmente, rey de Snaeland.








PARA LA AMADA QUE DEJÓ DE AMARME




Hablar de ella cuando deambulo ciego de nostalgia,
en el frío que se oculta en la quietud de estas sombras.
Y en esta parte digo ...mis queridas damas...
para dejar en claro que es a ustedes a quienes me dirijo,
para contarles como he llorado por ella,
desconsoladamente, sin poder encontrar la calma.
A poco de llegar, mis lamentos desafiaron el sueño
de la ciudad que se hacía eterna:
muchos cerraron sus párpados para no ver la luz del día,
y los demás,
así pues, sin importarles nada,
introdujeron dándose prisa, la casualidad de su credo,
como si su vaticinio tuviera el eco profundo de la vida.
Escuchadme bien, mis queridas damas
quiero confiarles la historia de la amada que dejó de amarme,
y les cuento sin pudor a todos la razón que incita mi tristeza,
porque mis ojos oscuros padecen ahora la sequedad de las lágrimas
y el país de mis comienzos se evade en su lejanía,
en la terquedad de la noche que se adormece en mi culpa.
Un grupo de borrachos, repetidamente, provocará mi indiferencia,
el fuego seguirá consumiendo con lentitud, los leños
y el tizne del humo ennegrecerá aún más el color de mis gestos.
Por eso, déjenme hablar como persona distinta ahora,
con el acento natural que emerge dolido en mis sonoridades,
los vocablos que me resultan más generosos al dolor del tiempo:
la noche sigue siendo igual...mis queridas damas,
la brasa sigue ardiendo parsimoniosa con el mismo fuego,
la Estrella Polar se mueve con lentitud en mi cerebro
y sólo el silencio trae la prisa de mis cansados años,
sin entender porque ha palidecido mi alma por dentro.
Lo vuelvo a decir sin oprobio, mis nobles damas,
los horrores entorpecieron la virtud fundamental de mis
lamentos,
ocuparon como monstruos el lugar sagrado de las antiguas fábulas
y dejaron la impronta del sucio transitar de sus extremidades
la bondad de mi templo.
En su desdén amé entonces con desenfreno a tantas mujeres,
y no quise saber nunca, si ellas realmente me amaron,
porque mi boca selló con hermetismo el camino a las preguntas
aunque violé con decisión, la intimidad de sus misterios,
cuando se irguió mi cuerpo con el torrente de la sangre
y el calor de sus pechos se apoyó, desesperadamente
contra mi desvencijada armadura, buscando la calma.
Fui tanto de ellas, como ellas fueron mías,
y así al despuntar el alba, siempre las despedí con un beso
pero, en la soledad del alma, no hay lugar para otra
sólo para la amada que dejó de amarme.









INGRID NILSDOTTIR




Mantengo en mis párpados la oscuridad de estos días,
cuando el sol es sólo un reflejo perdido de sí mismo,
y unos escasos témpanos se mudan hacia el sur en el Báltico
en medio de la bruma que deja el hielo en primavera,
mientras la tierra conserva aún la dura escarcha,
reconozco tu rostro, Ingrid Nilsdóttir.
Entonces digo, iremos todos al sur, para curar los males.
La calle quedará desierta y no la visitarán más los pinzones.
Nuestros antiguos vecinos contarán una parte de la historia,
también lo hará a su modo la escasa parentela,
¿Qué dicen, Eva Ney, Pepe Norambuena?
Estocolmo mantendrá una apariencia indiferente a los extraños
y seguirán llegando otros distintos con sus cánticos y laúdes,
se inundarán las plazas de pájaros y visitantes,
después sobrevendrá la tormenta y quizás la calma.
Allí iremos todos ahora, Ingrid Nilsdóttir
como si alguna vez no te hubiese hablado de amor en Frescati
y las esquinas del mundo no se juntaran todas al final de
Hornsgatan.
La semilla no hubiese conocido la profundidad del surco,
sin la absurda prohibición de tus ancestros,
o con la timidez de la pasión inconfesada.
Se me olvidará, Ingrid Nilsdóttir, con el tiempo,
la preferencia de algunos de tus gestos, sin lugar a dudas.
Nadie ha de venir nunca más a recibirme con los brazos abiertos
ni Cecilia Magnander, ni Eva Abrahamsson, ni Carina Holmberg
con estas vestimentas que hieden en mi cuerpo
sólo tu recuerdo estará en mi mente,
tal vez cuando pise temeroso el suelo original de mis abuelos,
quizás también, me traicionen antiguas precedencias
y me quede inmóvil para siempre extremando la vida,
pensando siempre en ti, Ingrid Nilsdóttir.
hasta escaparme de nuevo del abrazo de la muerte,
como el forastero que volvió, con paso lento
al dominio de la noche.








HUELEN LAS FRESIAS




La lámpara brilla en la casa del hombre que ha perdido el sueño.
Créanme pues, cuando dejo escapar esta tristeza:
no hay drama, es sólo una sensación de vida,
aunque a nadie le interese si es digno o no volver,
a mi antiguo domicilio
o si la casa donde viví, durante algunos años
fue derribada por confusas pesadillas.
En la niebla otros se apropiaron de la totalidad del bosque.
Ahora llueve y llueve torrencialmente en mi nueva morada:
¿se condolerá ella alguna vez, de saber que fue de mis penas?
El forastero verá en su ceguera el verdor del follaje
y creerá que volverá a vestir sus viejas vestimentas,
en la temprana bondad de la familia,
en los mismos senderos que pisó entre las rosas.
Mis cuatro hijos se divertirán, sin hablar el mismo idioma.
El andariego no sentirá escarmiento y seguirá enamorado:
su espíritu será vehemente,
sólo la lluvia detendrá momentáneamente su huella.
Recordará en el hastío, el tibio aroma de las fresias,
los sonidos que logra el agua
al palpar, delicadamente las peñas.
Los helechos posan su verde castidad en medio de la hierba,
y la duda es la suciedad de un delirio
que se cierne como espectro sobre los primeros días de este
otoño.







TERRENALIS



Pensando en J.L. Borges



No hay forma en el invierno que no haya sido mía
estuve sin embargo hechizado en la espuma del agua
cuando el cielo era aún más fuego que el fuego
y en las paredes altas de Benarés
se quema un ángel cada seiscientos años.
¿Cuántas eclipses me han hecho humano?
¿En qué infinito me siento hombre itinerante?
Solamente la memoria me sirva para crear las cosas
aunque mis habitaciones estén vacías
y pienso en otros hombres similares
que creerán en mí porque yo estaba antes.
Estoy tejiendo mis actos y mis semisueños
con la actitud de los rostros anteriores
que conocen mi ímpetu vital
al seguir soñando que no quiero estar ya con ustedes
cuando despierte la próxima madrugada




Estocolmo 1986






CONTEMPLACIÓN




Estaban presentes todos los rostros de la aldea
Asurbanipal acariciando los muslos de Semiramis
los patéticos Asmoneos conocedores de las piedras duras
en las caminatas a pie por las postguerras
Shang Tsi el inventor de los caballos de greda
para perpetuar a los héroes en sus estatuas ecuestres
las musas Polimnia y Clío señora de las dudas del viejo
Homero el escribano
Mitridates el de los 22 idiomas y los venenos
Timur Lenk rey de las acequias y tantos valles
que hay entre el templo de Hidaka y Barcelona
los Ptolomeos correctores de textos del hebreo al griego
amigos de los desterrados en las provincias de Egipto
La Hilda Pettersson con sus nalgas fantásticas
que se escapó de mi apartamento sin dejar su número telefónico
el conquistador de Alcobendas García Ojo de Pollo
anterior a Ataúlfo el Godo que aun se orinaba en los pantalones
Nostradamus anticipándose proféticamente a su vida
Beowulfo el interminable hombre de las sagas
para anglosajones de las Islas Canarias
alguno que otro financista de un mercado de pulgas de Flandes
una ramera bajita de las Filipinas
Isabel La Católica con sus toros de Guiisando
Holofernes ante las puertas de Betulia
San Benito que salga ligerito
Estaban todos presentes los de esta aldea
no sé para qué demonios
mirando el sol a eso de la cinco de la tarde




Estocolmo, agosto 1986







LAS SÁBANAS DE LA DONCELLA




El lúbrico habitante de la oscuridad es hoy un felino más en
.... las noches de escasa luz
Un protervo habituado a la lascivia y a las nupcias repentinas
Bebe el vino entonces a grandes sorbos contiguo a la única claraboya
una mujer entra con un cuenco de madera lleno de frambuesas
Es el julio del invierno de la frigidez
La doncella apoya la vasija en sus caderas húmedas
empapada quizás esté su musculatura
su piel. su carnosidad su íntimo talle
El sátiro se hambrea de fantasías
imagina en la penumbra el fornicio y los ademanes venéreos
Se escuchan riñas de individuos en el alboroto de la amanecida
ruidos de botellas vacías que rondan por el embaldosado
Qué ocurrencia antes de marcharse
me convida a su hogar
escancia un raimat escarlata en una copa brillante
y el líquido penetra embriaga cela
El paraíso
lejos aún de la vida eterna y de la claraboya contigua
la gloria de los fetiches efímera apática egoísta
.... tal vez el sueño llegue con el alba
o se quede escondido como ebrio en un vagón de madrugada
Un olfato penetrante tiene el escarabajo
que no huele el hedor carnal que deja
tras de sí su propia pestilencia
La inmaculada tarda entre las mozas sensatas
en desatar la estrechez de su jubón
No hay vigilia de bienaventurados a estas horas
escasamente un vagón colmado de
borrachos....
una lumbre encendida en las tinieblas
y un obsceno errante dormido entre las sábanas de una doncella.






UN NARVAL DUERME




Oscurece antes de despedirnos y pasa un tranvía con presteza
La prisa del vehículo aminora el tranco de un borracho que
trastabilla en la vereda
el viento se detiene momentáneamente en el dorso metálico
de una libélula muerta
Un narval de un solo cuerno ha quedado varado
en los bancos de grava de la ensenada
Era zarco en el momento que el cosmos azufroso y endrino con la calígine
se arrebata se destiempa y era garzo
Detrás de unas rocas está el último cobijo de la borrasca
se esconden todos detrás de los blancos collados y en la arena
Los abedules se retuercen así sea la galerna que truene
o retumbe la ventolera
la panza hastía se retrae de un hambre inmensa
se retrasa una enorme apetencia por una calamitosa comida
mísera entre los miserables.
Los letreros fluorescentes de la ciudad iluminada
están distantes más allá del firmamento
Se pierde en su singularidad el infinito se extravía
No hay señales visibles de astros de constelaciones ni de estrellas
No obstante los ajenos dicen que brotó un lucero en el mar
como cualquier hongo iluminado
así fuera la hierba híspida o la aspereza de la escarcha invernal.
La ventisca hurga en el espalda garza del cetáceo
Atrás en los collados transita alguna gente
y llegado el anochecer
en el ensenada donde espuma el oleaje
un narval de un solo cuerno duerme






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