domingo, 20 de junio de 2010

203.- LUCÍA MUÑOZ MACEO


Nació en Bayamo, Cuba, en 1953. Es Licenciada en Letras. Actualmente es la Presidenta de la Unión Nacional de Escritores y Actores de Cuba (UNEAC) en Granma, Cuba.

Libros publicados

Calle arriba bajo la lluvia, 1982
Amarte sin saber el día, 1984
Pongo de este lado los sueños, 1989
Sigue el vuelo del ave, 1990
Rapsody in blue, 1992
Sobre hojas que nadie ve, 1994
Únicos paraísos, 1996
Los más bellos bisontes de la tierra, México, 1997
Amargo ejercicio, 2000
Mágico acertijo, 2000
Los cuentos de la Tía Altica, 2000
Amargo Ejercicio, 2001



NO TODOS LOS OGROS

“Es sabido que todos los ogros viven en
Ceylán y que todas sus vidas están en
un sólo limón”
Del Idian Anticuary
I (1872)

No todos los ogros viven en Ceylán,
uno en mí desangra,
se complace en apretarme el corazón
hasta casi morir,
hace que sienta ausencias,
ver falsos abismos,
temblor de miedos infundados.
El ogro de la duda
tiene ojos sangrantes,
manos poderosas
para apretar el cuello y abatirme,
hacerme llorar.
Vasta es su crueldad,
pero más mi esperanza.
Cortaré este limón
y morirán los miedos.

PEQUEÑO INVENTARIO DE MIS ARCAS
A: Lidia Fonseca

Amanece este día
en que un trago de acíbar
me cuese la boca,
se niega a pasar por la garganta.
He volcado los bolsillos
sólo diecisiete centavos
que no llegan al mendrugo,
un pastillero de plata
regalo de Ketty contra la soledad,
una amatista del ombligo del mundo
obsequio de un estudiante
conmovido por mis versos
en medio de los Andes
y tres caracoles amarillos,
terrenales como yo misma
que recuerdan
la existencia de la dicha
y que mañana sin falta
tendré otro día para amarlo.



UNA MUJER TE BUSCA EN LA CIUDAD ANTIGUA Y NEBLINOSA

Ciudad, amanece,
leve pie de luz
borra sombras
y una mujer emerge con su pelo
amanecido.
Marcha ignorando el pasado,
mira al día por venir,
instante futuro
en que pueda abrirse la belleza,
desconoce lo que bocas febriles
lanzan a su paso,
palabras hirientes,
ojos de fuego.
Ella marcha con las manos vacías
en busca del alba,
de pájaros que pueblan la memoria,
busca el amor del noble astronauta
extraviado en el viento,
que ha perdido su brújula
donde los locos vertieron arenas
y borrado caminos.
Ah ciudad,
la muy noble y sensual,
real ciudad,
herida,
desangrada en el atardecer
como mi sombra.
Una sola tú y yo,
disueltas como azogues,
perdidas en la bruma del deseo.
Y el astronauta no llega,
ha perdido la llave
que mueve caminos
y ella se deshace,
en vano llama, lo busca en arenas,
en amanecidos espejos del rocío.
El astronauta no llega,
su brújula no marca senderos,
sus pies no encuentran caminos
aunque ella lo espera
y lo busca incansable
en la ciudad antigua y neblinosa.



CUANDO LA NOCHE PROFUNDA VIERTA EL CÁLIZ

Ha rodado la arena
por el pasadizo de cristal
grano a grano marca
alas del tiempo,
da altitud a la montaña,
devenir
y goce
de la vida,
día vencido.
Arriba sólo queda
un puñado de tiempo,
un arcoiris
que será tragado por el remolino
para volverse
cúspide de luz,
base de la misma montaña
cuando la noche profunda
vierta el cáliz.



MIENTRAS VES VOLAR EL PÁJARO HACIA ZONAS AZULES

A Lina de Feria

Importa que el pájaro
estuvo en esos dedos entreabiertos
donde se guarda aún
la tibieza de su carne:
Ya no está,
pero estuvo,
su perlado plumaje de seda,
pudiste tenerlo sobre el corazón
que fue nido,
los trinos te llenaron el pecho,
válido estar vivo,
sangrar,
casi morir.
Anidó en tu mano
temblor de su carne humedecida;
agradece esa gracia
mientras levanta el vuelo
para alcanzar
cientos de pájaros
que se alejan
hacia zonas azules,
transparentes.



EN LA MEMORIA

Irremediablemente
va a caer la tarde
sobre los cielos del mundo.
nunca como aquella
en que te di mi humana
desnudez,
las manos en el agua
la ternura:
flor abierta a la luz de tu
orilla.
Nos separan
incontables atardeceres,
y sólo somos dos jóvenes
haciendo el amor en la
memoria.

(Bayamo, 1953)




RÍO INFINITO

"Te reclamo sólo un sauce y una tumba cabe la
orilla sagrada del Bayamo "
José Joaquín Palma

El rostro que devuelve el río
no es justamente el tuyo
son tus antepasados
sonrientes al rayo de luna,
los ojos de tu abuelo
mirando por los azogue del tiempo
con brillos de machetes al sol,
ímpetu de la primera de la primera carga,
son los ojos de la abuela.
En la puntada imperceptible de la aguja,
insomnes ante los hijos incontables,
fijos,
tiernos,
avisores,
este río no tiene rumor
sólo las voces de amores y amigos
perdidos o pasados,
es el agua quien trae
nuevamente sus manos
avivando risas y recuerdos
para luego borrarlos
contra las raíces de la ceiba
que se deshace en alas
mientras llevas
tus manos a la corriente
de este río infinito.

Del libro de poesías "Rhapsody un blue".

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