miércoles, 2 de junio de 2010

ALONSO DE MOLINA [177]


ALONSO DE MOLINA

Alonso de Molina. Almería. 1960. Cofundador del Grupo Poético Alaire. Impulsor del movimiento poético Lyric Storm. Miembro de Poetas del Sur. Colaborador habitual de la Revista Alaire Bienestar-Ciencias-Arte. Promotor de los Portales de Poesía Poetas de Hoy y Blog Poetas de Hoy. Editor del Blog de Poesía Los Otros que me forman. Publicado un poemario y nueve antologías de las cuales tres como coordinador y unos cuarenta artículos y entrevistas.

Coautor, junto a otros autores, del libro colectivo “Odaldecir Poemas en Lengua Castellana” editado en Buenos Aires (Argentina) durante el mes de julio del año 2003. En el mismo año aportó sus textos a la antología poética "21 Poetas por la Paz" (Australia). Ha sido antologado en el "Libro de Poetas 2004" (Córdoba, España). Algunas otras creaciones (artículos, micro relatos,..) están expuestas en distintos blogs de Internet y en edición impresa en varios números de la revista "Transparencias" editada en Almería (España) y en la Revista Alaire Bienestar-Ciencias-Arte. En marzo de 2007, la editorial Albatros Press incluye uno de sus poemas en la Antología Poética "El Sol Desmantelado" en conmemoración del Centenario de poeta W. H. Auden. En enero 2009 su poemario La Memoria Fragmentada es incluido en la Antología publicada por la Editorial Alaire y este mismo año coordina la Antología Poética Universos Diversos. Poesía del Siglo XXI donde participan un total de 22 autores, 11 hombres y 11 mujeres. En 2007 y 2008 coordina las antologías Un Mundo y Aparte y Área Reservada publicadas en Bubok Publishing. En julio 2010 se presenta " Tributo a Sabines: he aquí́ que estamos todos reunidos", donde es igualmente antologado junto a otros 50 autores de España, Argentina, México y Chile. En octubre 2011 coautor de la Antología Poética "Árido Umbral" junto a otros 13 autores, publicada por Editorial Alaire. Referencias, muestras y reseñas poéticas en diversos portales de Internet. Desde 2008 viene participando en jornadas, recitales y encuentros de poesía como el Parapanda Folk, Festival Grito de Mujer; Encuentro Nacional de las Artes y de las Letras del Mediterráneo, Poesía contra la barbarie; Poetas contra el desaliento; Senderos de Poesía en la Naturaleza; Yoga y Poesía, Poesía sin promesa, Poesía de Cercanía,… y más recientes colaboraciones “Velorios Poéticos de Almería”, “Antología Homenaje a José Angel Valente” y “Antología Más Allá del Sur” en este 2016.

Poética

Concuerdo con mi admirado Antonio Gamoneda al afirmar que el poema es más poesía cuando es capaz de construir una visión del mundo acorde a una determinada manera de ser, pensar, sentir.  Una poesía introspectiva, filosófica, simbolista, como llave que abre otros mundos, como de similar manera manifestara Vicente Huidobro en “Arte poética“. 

Al margen de cualquier vehemencia o connotación alienante, llevado,  tal vez, por algún atávico instinto, procuro apartarme de la mediocridad, de ese asfalto hirviente que te quema los pies y te hace tragar saliva mientras apartas la vista –mirando a cualquier punto superfluo, innecesario, pero palpablemente y a ojos vista,  al lado opuesto- de lo mezquino y vulgar.  Asumo, por tanto,  la poesía como un refugio donde buscar amparo y certeza, amparo y certeza, especialmente en ciertos momentos de frustración o impotencia en que puedes llegar a sentirme tan indefenso y solo como un cubito de hielo temblando en un glaciar. Poesía, sí, como camino interior, como búsqueda de respuestas a cuestiones esenciales sobre uno mismo y el mundo que nos rodea a través de la libertad que nos ofrece el poder sacar a flor de piel tus propios sentimientos y ser capaz además de transmitir belleza y generar emociones  mediante algo tan natural como es la palabra.

Como a Borges, no me interesan los multitudes, escribo para mi propia vanidad. Soy como un ojo pegado a mi conciencia, para resguardarme del soliloquio que prevalece en mí, y escribo también para los despistados que opten por leerme; prefiero individualidades, personas con cara y nombre propio, y también coincido con Borges en que solo leo lo que me engancha desde el primer momento, si una lectura me aburre cierro el libro.

Pero ya se sabe, El poeta, pues, es como una larva mirando a ninguna parte, pero buscando, constantemente, echar raíces en el infinito; incluso los poetas de menor pelaje, andamos líberos por las letras, estamos vacunados contra tanto manual, tanta cátedra y tanto análisis, las  referencias nos paralizan, nos acortan  las alas. Por otro lado,  prefiero diferenciar entre poeta y versificador, estoy convencido de que se puede ser poeta sin escribir un solo verso y ser un gran versificador sin escribir un solo poema. 


─Influencias? Soy influenciable, pero no suelo adoptar ningún tipo de influencia. Me declaro omnívoro y picoteo de todos los platos que atrapan mi interés. No busco el verso ni el poema, creo que el poema sale a mi encuentro, la ha tomado conmigo y me busca, a veces frontal o verticalmente, otras al trasluz, pero me busca como el que busca un día de lluvia en el desierto o un vientre contorsionista con suficiente cintura como para -tal como afirma Caballero Bonald- esquivar las trampas de la cotidiana realidad. Por tanto, si  aparece el verso, pues, que cada uno lo interprete como lo perciba: blando, maleable, dulce, salado,… cada poeta es singular, y único, como una huella biométrica en un control de fronteras.

Así y todo, pasados los cuarenta, literariamente Inédito, me sentí claramente aludido, ya no sería nada en la literatura, mis textos quedarían relegados a poquísimos lectores, probablemente a ninguno, a lo más podrían, mis decenas de textos, permanecer virtualizados en algún blog, al igual que los de otros tantos millones de escritos y autores, confinado a la indiferencia de millones de caracteres en código binario que nutren la maraña de Internet. Al punto que, incluso en este sur cálido, hay días que me tiembla la gramática, pero el corazón sigue intacto desoyendo latidos que huyen de las letras y de la presunción de asistir a mis parlamentos internos.


No es de una enfermedad de lo deba curarme

"Estoy metido en política
Estoy metido en política otra vez.
Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
Y me exhiben
“Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5”.
(Voy, con ustedes, a verme)"
Jaime Sabines 


De tener que creer,
de optar por una religión
profesaría la divina fe de los elementos:

buscaría la perfección. 

Hablaría del bien y de mal
sin conocer el bien ni juzgar el mal;
me comería todos los pecados del mundo
(y fecalmente los descargaría en su propia impiedad)
y tan vulgares los haría
que nadie volvería a creer en las culpas.

Después escogería la certeza divina 
de los locos poetas (por cierto, ¿quién designa a los poetas?),
esos subordinados celestes de dios
que no aprietan sus dientes terrenales
en los perdidos páramos de la fe
ni dan la mano sin realzar sus alabanzas.

Huérfano de emociones, 
sin la naturaleza de la poesía,
nos hallamos desérticos, baldíos y desnudos,
un modelo uniforme de estéril melodía. 

Sin cantos que alabar sobre nosotros mismos, 
nuestra sombra dirige un cortejo de árboles,
distraídos, sin savia,
bailando insatisfechos de hierbas y preceptos;
los músculos vacíos sin creatina feroz,
sin cosas importantes que atender
(por cierto, ¿quién decide qué cosas son importantes?).

¿Y qué elegantes manos no se deforman ni se manchan?.
Tampoco se destiñen en la lluvia los párpados mestizos
ni un ánfora es la incierta mujer
con los brazos abiertos a la espera de semen.
Que una palabra dulce es un paisaje abierto al corazón de la tierra,
a un enorme jardín sin esclavos ni exilios ni rendiciones ni afonías,
es la luz despejada de puertas y de úteros.

Soy demasiado tonto para creer en mí. 
Sin matar una mosca o sentir culpa por nada,
no suelo respetar las reglas -aunque las conozca todas-;
así y todo, una víbora
podrá un día morderme algún miembro
para que únicamente los puros
consigan derribarme,
echarme a un lado y taponarme alguna herida.

No voy a detener mis pasos 
ni a elevar mi silencio a ninguna cumbre,
no es de una enfermedad de lo que deba curarme.

Renegamos de todo 
y luego nos morimos de soledad.

Cucha Sabines, mucho aprendí de dios, de ti.

.A Sabines al cumplirse dos lustros de su marcha
19 de marzo de 1999



Es difícil gritar on the street lonely

Precipitado en la apatía de las razones,
sin respuestas ni aspectos que atender,
penosamente solo, demasiado vacío,
sin cargas ni destinos nutridos por mi pecho;
concreto en la ceniza y el disoluble credo
rechinaban mis dientes, lying on the sidewalks;
con la vida desnuda corriendo en las cantinas
insensatas mis manos procuraban mujeres. 

Zarandeado al viento como hoja en ventolera
yo estaba al margen de cualquier destino;
bajo el sol caminando, aquel año bisiesto
en el aire estallé mis monedas, and my luck,
en tanto recorría las plazas y las angostas bocacalles
sin cosenos ni senos donde albergar los sueños;
descolgaban las horas con la sed del hambriento,
envenenando un alma urgida de calor
y un corazón en combustión emergente
que sellaba sus besos con los pardos del aura.

Es difícil gritar on the street lonely;
la mujer dijo hello y yo rompí mis ojos
para mirar su escote insinuante y sedoso;
reincidían momentos en los signos de aquarius
y mojaban los sueños sin posar la cabeza sobre el agua.

La medianoche es trampa.
Escucha Camarón, oye la noche,
busca en su llanto el rendido sexo;

mientras, templada ella,
se perfuma la cara con los ojos del alba,
un orgasmo creciente late en su aliento blanco.



Soñé en un pie derecho aterido de frío 

Tápame esta demencia de burbuja que solitario te pienso, esa malvada poesía que te rechina en los dientes, tan solo soy un extraño en la fatalidad poética, en el linde perdido de la palabra, al otro lado de un verbo que intenta escurrirse de su predestinada espuma huyendo cobarde hacia los cuchillos de una ausencia que muere en el ayuno.

Tápame con una losa o tápame de frío o de locura, pero no pongas una muralla ni una hoguera en las ranuras de la noche porque debo traspasar la nebulosa hambruna de la frustración.

Pregúntame quién soy, a qué dedico mi orgullo o la indiferencia con qué amarilleo las calles, dime qué rostros o qué estampas elogio con la mirada ingenua de terapias y la indigna manía de responderle a todo.

Podría usted tener razón, es bastante absurdo todo esto, soñé en un pie derecho aterido de frío, el izquierdo escuchaba parsimonioso el clarinete indeciso de Allen Stewart, no es un día para subir sobre los hombros la gloria de Annie Hall ni de prender fuego a esa llama que arroja fósforo sobre las distraídas promesas de un poema que enjuaga sus hebras al vasto sol de un silencio analfabeto.

Tápame este barreno, este volcán de mi geografía.



Solo el misterio nos hace vivir

Hay un rumor que huele a noche, un oscuro silencio que parece mirarme sin quererme decir nada. Tal vez la luz, cobardemente siga queriendo huir del sol, lo mismo que huye un tren en días de tormenta.

Hay un telón oscuro escrito entre misterios.
Hay un cielo sonriendo mientras me habla.
Hay un coro bailando entre las razas.

Tal vez alguna imposible tarde deje caer un amarillo de nubes hacia algunas emociones que permanecen demasiado tiempo cerradas, y tantos huesos blancos, reunidos en la tarde hablándose en calma, como quien come palomitas mientras observa a una serpiente trepar a la cabeza de alguien que sueña que caminando de noche por el bosque podrá hallar la luna que romperá sus miedos. Así de necesario, así de anónimo, el rio sigue su curso sin detenerse ante la gente que duerme y haciendo vibrar a los que caminan despiertos al amanecer.

Cómo tapar con las palabras los agujeros, cuántos sables brillando en los jardines, cuánta maleza gritando en el bosque, y dedos y bocas que se juntan para ordenar silencio; un dolor, un dedo que no respira se aferra a la cornisa tratando de no caer; hay vocales con alguna consonante airada que se pronuncia confusa, oh, ah ,uf, eh, ihhh, y se solapan se hacen sordas y mudas  y bizcas onomatopeyas gritando del revés en la dirección opuesta, al caos en vez de a la música.

Y vivimos, vivimos despojándonos con trazos que señalan lo prohibido, y lo prohibido es absurdo, absurdo y sucio como un lazo alrededor del cuello, como un recuerdo lleno de amnesia que nos sofoca el norte, las ansias, las quimeras. ¿Habremos de decir más veces que las referencias nos paralizan, que nos acortan  las alas, las osadías, los bríos,…? ¿Tendremos que clavar los deseos a una losa en forma de cruz o tendremos que besar con besos rotos la sangre y las pupilas de aquello que detestamos?

Desde la risa de una soledad elegida resistimos al engaño, a la complicidad del oxígeno y de nuestro finito cuerpo que aguardando la sonrisa de dios persiste en el engaño de seguir reclinados pretendiendo la ciega salvación. 
    
Como Lorca asumo que “solo el misterio nos hace vivir” y categóricos sumamos ángulos y nos vaciamos de sueños aceptando el coma de la ciega muerte que es la vida.



Todas las hojas verdes que soy

Con el invierno en fuga de olvido, la primavera cierra sus tardes con un conjuro de pájaros que no olvidan los poderes del fuego. El estío  llegó. Canta la media luna para poner en jaque a todas las madrugadas del verano.

En estos días que vienen con un sol imprudente partiéndonos las piedras, nos reiremos tronchados doblándonos por dentro como se dobla un lienzo, inermes e  indefensos y el corazón dispuesto para encender los dedos y borrar cicatrices.

¿Quién limpiará de ortigas el jardín? Las miserables hojas caídas en otoño. ¿Quién se hará tarde y luz poniendo el pan sobre la mesa y bebiéndose el licor en la boca del otro? 

Así el origen llega cargado de bronce, de incontrolados vientres buscándonos los pulsos, mordiéndonos las fábulas,  como en tantos inviernos cargados de metáforas donde se arraiga el hombre sintiéndose desierto, presintiendo la fiebre y el aire que le falta.

Del tiempo y sus raíces, se observan estaciones pesadas  como el plomo. Languidecen los años desde el germen, toda la nada por delante, sin morder del todo la vida, dejando muchas batallas sin librar entre la carne y el cuerpo, entre la unión de almas que nutren con su entrega tantos  otoños devoradores de sueños.

Voy abriendo ventanas (la media luna brilla y es verano). Al ventilar los miedos la tierra beberá en mí todas las hojas verdes que soy, gestadas en relojes que no tienen calendario.



ÚLTIMA OFRENDA

Leal adormidera la carne, tibia luz
entre la negra flor del tiempo malherido
y el disoluto verde de un insaciable tallo
que abrazado a sus venas persiste con la sangre
en el seno indulgente de la madre que escoge
(como perfecta aya)
del sarmiento y la vid, los deseos y el semen
que la noche reclama.

Detenido en su origen mis pasos imprudentes
recrean los caminos de una mujer oscura
que alargando la sombra despojada a la noche
juega en su alma la suerte
de un hierático asido a sus pecados.

Desahuciada en sí
afronta con su aliento la levedad de aquella ofrenda última
de tan desnudo cuerpo ofrecido a la carne,
su transparente ópalo ataviado de fuego;
promesa y juramento.

Apocado de ti, de tus flamantes hilos,
el tiempo ha insistido en los abismos,
sellando como estatuas mis ósculos de plomo.



ME NOMBRO EN LOS ABISMOS 
QUE ME MIRAN Y LLAMAN

"Cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti"
-Friederich Nietzsche-



No es difícil perder, frustrarse ante uno mismo,
verter dudas y miedos haciendo brotar
la realidad que encierran tantísimas entregas.

De haber pintado espacios de mejillas audaces,
sentirse, de lo estéril, eco yermo y baldío,
como una bruma empotrada en los ojos
de un cielo enrojecido que silba a los arcanos.


(Ese frescor de brazos blandos y amor exiguo que fueron los fragmentos. Asimétricos ritmos pactando el si bemol que destruyera el ego, la notación que asesinara al sí mismo en los soplos del otro. Exhibir el error que nos mantiene al mundo como una voz urdiéndose entre los hielos de un camino de tierra hendida en sus prejuicios, en sus roídas erosiones).


¡De tantas formas llama la caída al polvo
que un madre hastiada de metáforas muerde las monedas
corriendo a las alturas,
hacia aquel vuelo de horizontes blancos,
forzando los remiendos de la tierra
a la alquimia que alivie las jornadas!
(Usted ansió ser niño, ajustar en los viejos las conductas opacas. Se remangó la piel en alborozos evitando los juicios para no quebrantar sus impulsos, su leitmotiv, la aceptación de su vida; -cuanto lo envidio, de mayor probaré a seguir sus latidos; cuando los días me aparezcan amarillos seré un viejo malo, por cada poro esnifaré feromonas, me pondré hasta las patas con cien tragos de vodka y calavera aplaudiré obscenidades -no tan obscenas como Hiroshima, Nagasaki, Cisjordania, la Crisis Global, el desempleo-. Seré la lluvia ácida que consume los miembros; un reuma en los tejidos del alma-).


Hay carne,
labios, que fecundados en calles solitarias
se convierten al barro de las cansadas alas.

Sin soportar lo inerte, lo estático y pasmado,
me acreciento en los cambios
y agito cada hueso que la ciudad me ofrece;

ahora creo en mí,
me nombro en los abismos que me miran y llaman.



SOÑABA CADA NOCHE QUE MORÍAS CONMIGO

Te habías postrado.

Sí, te habías caído
con los pies humillados, los zapatos ausentes
y el rojo del momento pregonando lujuria.

Tus máscaras
consiguieron mudar la mesura y el juicio,
en tanto que mis manos
aplacaron por fin el apetito atroz de la impudicia:

       las vértebras marcadas,
              y tus blancos relieves
                      profundamente mudos,
                                profundamente devorados.

Un rumor de sirenas sin ocultar la lluvia
alejaba los gritos de su propia semilla,
protegiendo los vidrios de la incierta locura
de dos bocas enfermas de lascivia;

sin apreciar el alto y ancho de los anhelos,
aún no sé,
cuántos ángeles cayeron en tus risas,
cuántos eternamente aplazaron sus juicios
o cuántos vértigos salvaron los naufragios.

Desde el tórrido apremio del deseo,
sin una lluvia, sin un diluvio,
tu vagina imprudente derramada en arrestos
construía un orgasmo apagando los miedos;
renovando el origen, las obedientes cúpulas
dirigieron mi mente a las metas de tu cuerpo,
esos obtusos ángulos que aligeran sus líneas,
imaginarios nidos incendiándolo todo,
calcinándolo todo.

Y en tu pecho fulgente un agitar de perlas
inflamado de inciensos alumbraba los ciclos;

amarrado a tus huesos,
soñaba cada noche que morías conmigo.



POEMAS DESDE LA CORDURA

“Hembra que entre mis muslos callabas
de todos los favores que pude prometerte
te debo la locura”
Leopoldo María Panero

-1-

Detenido en la calma, Yo persigo esta luz;
para abrasarme dentro busco la vasta llama
de la tierra y el cielo, esculpida alma nívea,
originario polvo eterno y primigenio.


-2-

Contente!!. No marchite su edad la flor ni el tiempo;
solo nos pertenece el efímero instante
y el exacto pasado; inédito el futuro
nos aguarda en su incógnita quebradizo e inseguro.


-3-

La memoria y sus vértigos ciñen formas de un tiempo
romo, como una tos sin prejuicios ni arrugas,
anónimo espejismo de la razón expuesta
que alega ingenuidad en la torpeza del pecado
y duda si llegar vértice de mentiras
o con la obstinación de los tercos recuerdos


-4-

De los blancos barrotes de la cabal cordura
me exilio diáfano en bondad y me erijo ido
en busca de un espejo donde medirme el juicio,
sin extrañar lo insólito de los últimos versos
de un poema no escrito, cansado y melancólico


-5-

Sin final ni principio donde razona el fuego
ciñen formas de un tiempo de derretidas lunas
transformando en pereza los lascivos fermentos
que transcurren endémicos embebidos de fiebre,
sin germen ni sentido; sin discurso ni paz
donde aplomo sin fe arroje sus delirios
y huir de laberintos tejidos de locura



POEMA PARA ELLA

"Algún día habrá tiempo para querernos lo suficiente"
Pablo Cassi


Sus párpados latieron conciliando la sed,
el fuego y los deseos;
aquel soplo exhaló los recuerdos, la memoria y sus estrellas,
revistiendo de luz la cara y cruz de los arrinconados pentagramas.

Qué labios incendió la madrugada?
En qué lugar libraron las palomas
el excitado encuentro que culminó el deseo?

Ese día las calles ofrecieron su culto
ciñendo tu cintura con mis manos, tu nombre perfumó las avenidas;

incenciada la flor el mar crecía,
otra vez el oxígeno necesita tu aire esperando el regreso;

como un temprano sol la tarde se fue,
tornó la noche en despedida, el mar crecía



NO NECESITAMOS A LOS DEMONIOS

No es casual
que acaben las palabras
sin despedidas ni promesas.

Displicente la noche oculta sus pretextos
sin resquicio de luz ni verbos que devoren la nostalgia.


Que esta pluma imprecisa e incierta
morderá los oscuros cantos del olvido
y sobre un doblegado asfalto de palabras
escupirá a sus mártires, a sus santos
a sus caídas víctimas, a sus callados dioses
a sus santos expiados, a sus sumos suicidas

¿Acaso no podríamos resumir en un átomo la Verdad?

El regreso al paraíso no admite demora;
no necesitamos a los demonios.

Ya no nos emocionan las emociones
y sabemos que el universo es un soplo .



UN RASTRO DE VERANOS

Harto de picaduras,
un pueblo al sur del sur, con su cíber, su plaza,
su locutorio y sus parados,
expresa la carencia en su aliento vencido,
pronunciando en derrota la indigencia aceptada.

Transitar la estrechez y el apremio del día,
no es la mayor miseria. Peor, ser miserable,
conformarse con nada.
Ningún camino fue tan difícil
como retrocederse con las manos vacías
al centro exacto del origen;
vislumbrar un linaje de huesos y osamentas
que acuna calaveras y rebusca sin manos
la sacrílega savia de la propia existencia.

A cuenta de mostrar el alma proclamada,
un rastro de veranos se agarró de las barbas
del incierto destino de una estrella sin luz;
y sin fortuna,
en el eco de un sueño emocionado
se untaba del hambriento espejo
de una mujer sin miedo,
donde el hambre brillaba
y el sol era la llama, la abundante corona
que de blandirse en todas direcciones, temblaba
como una telaraña desprendida del cielo.

Jamás bajo la brisa, bajo los espejismos,
aferrado a la tierra y al poderoso invierno,
un verano había florecido tanto



LOS AULLIDOS DE UN LOBO QUE MORDIÓ 
LOS INCIENSOS

Fueron cinco jornales, cinco,
los que gasté por ti;

incendiado en tus carnes, un semen boquiabierto
desde tus pechos a mis tajantes huesos,
como un río corrido de orquídeas
reavivaba los párpados pretendiendo el oxígeno.

Tu querías alfombras, volar en cada espasmo,
traspasar las imágenes de los velos y el tiempo
abriendo las campanas y las nubes.

Habitada en su aliento, la húmeda rosa
alimentó adjetivos en el henchido lagar
de unos besos pintados en los ilusos sándalos
de un amor pretendido y obtuso.


Yo te quería a ti,
tan solo te quería.

Se estancaban las horas en mi hambruna por ti.

La ambición de tu ombligo, sin medidos fragmentos,
insinuaba en tus muslos los secretos del pubis,
me ofrecías el fruto prohibido del Edén,
y en mis manos comías los huecos y las formas
para teñir cada veintiocho días
los aullidos de un lobo que mordió los inciensos:

los óvalos henchidos,
las colmadas columnas, el blancor de tu pecho,
el nácar de tu vientre;

a mí, que aprisionado al éxodo
había roto los hilvanados hilos
destruyendo el origen;

besarla sí, olfatearla,

fueron cinco jornales, cinco,
los que gasté por ella.



VENUS SE ADVIERTE EN LAS ARTERIAS 
Y TEMPLA AL MUNDO

Bajo un árbol humilla la razón
para que todos los escépticos se consuelen
mientras contemplan a la mujer de mármol
abriendo sus virtudes bajo un arco entregado
a la esculpida piedra que de gloria reviste
el linaje de Venus.

Sobresalen las formas en la arcilla y el pino,
el jaspe cincelado reclamando el tributo,
la prófuga visión de los tallados círculos:

La vulva custodiando la elipse de su talle,
los senos en el tiempo de las maduras cepas,
planetas y cilindros orbitando en sus soles
y dos columnas tersas custodiando a la diosa.

Rendida ante sus pliegues, la esperanza del árbol
no oculta la fecunda sima,
la redondez del óvalo anclado a la simiente,
al pan de cada día,
la corteza que mira con sus tallos de luz:

Las formas de la vida encarando la arista,
el arce que se deja prender,
la hojarasca dejándose amar
y un bosque proclamando habitarse
como un otoño grana prendido en la retina

Y de nuevo sus pétalos acariciando el suelo,
anudándose al árbol
como una mano prolongada en sus anillos;
se dibujan las formas en el aire luciente,
la existencia desviste la sal y la semilla
y recorre las letras de todas los leyendas:

Ni un hueco sin su puesta de sol,
ningún color sin acariciar,
ninguna pulsación inerme en las arterias

Deshilado en la piedra, su rostro desnudado
devora los instantes alzándose en deseos.
Nuevamente los dedos se inquietan en las simas:

hurgando en la raíz,
custodiando la piedra,
besando la semilla

sin desvelar secretos de sus senos conformes
ni arrancar de la vida la pasión de los días,
Venus se advierte en las arterias y templa al mundo




UN ABISMO OCULTÁNDOSE EN LA PIEL

Me ocurre a veces: Estoy mordiendo la manzana.

Mientras yace mi ánimo con los pies en el suelo
mastico el sexo componiendo formas urgentes,
exiguas concesiones luciéndose en los atrios
de la carne y sus formas

¡Lo he visto tantas veces prendido en sus hogueras...


Urdiéndose en las nubes de mi inflamado apremio...

Resbalando en las uvas del pretendido vientre!

Probarlo
es iniciar un viaje a la adicción,
contender con los cuerpos desafiando al deseo,
huir sin juicio hacia dentro de la razón

Ni una caricia previa…

Ni un lunar en la boca

Tan siquiera un olor a sándalo

Sólo el instante mágico de la penetración
la inmersión en la vida

y los labios mordidos con fruición
Alguna hosca mirada
alguna hábil meseta

alguna reticente brecha

Ahí queda el espacio embravecido
y bajo la apagada urgencia
un abismo ocultándose en la piel



TATUAJE

Tantas gotas de lluvia
y aquí hendido en la nada
de esta extraña galaxia
cruel y desconocida
con los ojos ciegos de barro
y el corazón que no me dice nada

Ya no exige la sangre su destino,
tan opuestos caemos
y así cohabitamos
enterrados, inertes
con la vida aún puesta;

no indiferente observo
a los de afuera, a los de más allá,
es posible que no están tan enfermos
tan aparentemente quebrados
sin brazos abiertos, sin abrazos
como nosotros,

el origen no existe,
ni tampoco el recuerdo;
no hay nostalgia ni lloros
entre las resentidas piedras,
y el aliento es un baile
a punto de tropezar.



PODRÍA SEGUIR PERO NO

Huida
Buscar respuestas sabiendo
de antemano que no existen

¿Acaso existe la huida?
¿No acabamos encontrándos
siempre con nosotros mismos,
con ese gran desconocido del que
tantas veces renegamos y al que desasistimos
cerrando los ojos para no ver
más allá de alcanzan nuestras carencias,
nuestras miserias?

¿Quieres que siga?
podría retratar una tarde
cualquiera de huída o una
noche tormentosa sumido en soledad, tal
vez un literal vacío en la mañana ó
la exacta ingravidez de toda la jornada, ingravidez
o inercia que no se que es peor;
pero no sigo para no ir más allá
de las palabras, porque dejé de creer
en palabras sin hechos, sin coherencia,
sin fondo ¿Qué me dices de tus buenos modos?
¿De tu visa oro?, ¿De la distancia, del desamor, de la apatía?
¿Qué me puedes decir de tantas preguntas sin respuestas, sin cheques
al portador, sin monedas de cambio?

Podría seguir, pero las palabras
se comen mi energía y las necesito para jugar al golf, para acelerar
mi auto, para levantar mi copa, zarandear mi arrogancia
y arrojarme al suelo sin moral

Podría seguir pero no.


.

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