viernes, 18 de junio de 2010

198.- PABLO CASSI



Esbozo biográfico
Pablo Cassi, nació en la comuna de Putaendo, Chile en 1951. Es editor y director del periódico, Gaceta Municipal y Asesor Cultural de la I. Municipalidad de San Felipe, desde 1980 a la fecha.

LIBROS PUBLICADOS. Surco y presencia. Antología de Poesía y Cuento. Editada por la I. Municipalidad, de San Felipe. Impreso en los talleres de Arancibia Hnos., Santiago, Año 1977. Para un peregrino distante. Poemas. Editado por el Ministerio de Obras Públicas. Santiago. Año 1979. Cuando se aproximan los sabados y otros cuentos. Editado por la I. Municipalidad de San Felipe, en Impresora Barraza Hnos. San Felipe. Año 1984. Intimo desorden. Poemas. Editado bajo el sello editorial Ernesto Montenegro en Impresora Nueva Aurora. San Felipe. Año 1984. Secreta convicción. Poemas. Editado bajo el sello editorial Ernesto Montenegro en Impresora Nueva Aurora. San Felipe. Año 1986. Poemas para un niño con sonrisa de primavera. Poemas. Editado bajo el sello editorial “Ernesto Montenegro” en Impresora Nueva Aurora. San Felipe. Año 1987. El presente libro, según resolución Nº 530 de fecha 30 de Abril de 1987 del Ministerio de Educación, fue declarado Material Didáctico Complementario en la Educación Chilena para la enseñanza de Castellano a Nivel Básico. (Se adjunta documento antes citado). Tu prójimo inevitable. Poemas. Editado bajo el sello editorial “Ernesto Montenegro”. Impreso en Impresora Alkión. San Felipe. Año 1989. La espantosa virginidad de las feas y otras historias. Cuentos. Editado bajo el sello editorial Ernesto Montenegro Impreso en los talleres de Arancibia Hnos. Santiago. Año 1993. Veinte años de poesía. Antología. Editado bajo el sello editorial ANABI LTDA. San Felipe. Año 1995.



CIUDADANO OCASIONAL

Admito hace tiempo
que una ausencia viene anunciándose a sí misma,
gestos de mínimo romanticismo
en la unanimidad de las pupilas.

Me abandono a la emoción de sentirme solo,
ávido de distancias y nuevas ciudades.

Si pudiera sorprenderme
con la mirada de otros ojos
declararme neutral o simplemente un ciudadano ocasional,
no indagaría su nombre en los libros de Joaquín De Montezuma
en las flores que no han perdido sus pétalos después del otoño.

Esa noche estaba resuelto,
no habría para nosotros esa versión


EL HOMBRE REPETIDO

Hay una abeja extraña en este colmenar

Alguien ha denunciado su presencia.
Habrá que buscar en todos los panales,
en cada jardín de la ciudad.

Todo indica que se recompensará a quien la encuentre.

Ahora sólo falta que atrapen al hombre repetido,
al que llevo en cada uno de mis gestos.

Sin participación alguna en los himnos inmortales
abdico en el silencio del pasado sombrío.

Olvido vivir mientras concurro a mis sueños.

Duele comprobar que las cosas hayan cambiado últimamente.




EL SONIDO AZUL DE LOS ABISMOS

Un extraño aliento se derrumba en medio de la respiración,
allí me distingo de un canto,
pisadas que me recorren de temores
huesos que se rompen en mis huellas.

Convalezco una ajena enfermedad.

¿Qué difícil es morirse frente a uno mismo?
vestido de lentísimo tiempo geográfico,
juntar las ausencias
los infinitos aires de cuarzo
el sonido azul de los abismos geométricos
ojos anónimos que emergen del pasado
meses que huelen a tragedias.

Ando y desando mi húmedo camino
tropiezo con los ayeres y los entonces
el silencio sin rostro de médulas putrefactas.

Esta extraña enfermedad
sin semana, sin rumbo y sin un sitio exacto
agrava la soledad que me ofrece la indiferencia.



ENVEJEZCO IRREMEDIABLEMENTE

He creído demasiado en la existencia de Dios,
ensimismado en una tristeza que me habita,
agonizo a horas de su nombre.

Tengo pensamientos afines con la soledad,
nadie conoce mi nombre
vivo al otro lado de la parafernalia permanente
cerca del sereno movimiento que habita en el silencio.

Una lágrima, esconde la escritura de este verso,
el viento derrota a las hojas del morero,
e irremediable el paisaje me envejece.

No basta saber que he perdido mi sombra,
que busco mi lenguaje en otros labios,
un gesto que detenga esta angustia.

Hoy valgo la mitad de nada.




EXISTENCIA PROLETARIA

A Fidel no le agrada la actual situación de Cuba,
ser el adalid de una masa proletaria.

Es decir, mirar el destino directamente a los ojos.
Él sabe que el tiempo juega en su contra
que la revolución lo estafó con sus ofertas demagógicas.

Impaciente espera la posición en la que va a inmortalizarse,
elegir el ademán preferido
su última consigna anti – norteamericana.

Hace algunas semanas no duerme,
teme ahogarse en el océano de sus propias utopías.


MI ABUELO

Cuando era niño
mi abuelo me regalaba
sus costumbres de labriego,
la paz musgosa del invierno
y un volantín para septiembre.

Me enseñó
a hallar sonrisas
entre la gente triste
a cantar con los queltehues
un himno a la madrugada;
a correr
por los caminos sin huella
y trepar los columpios
del sauce en el estero.

Mi abuelo me regalaba
solamente
cosas buenas.



ESPANTAPÁJAROS

Suspendido
y en silencio
con un grillo en los bolsillos
medita
un solitario espantapájaros.
Los zorzales le oxidan los zapatos
con el rocío de la madrugada,
los tordos le estampan
en su camisa de invierno
una sonrisa burlesca.

El espantapájaros
Se ha dormido
para no interrumpir
el vuelo de los pájaros.



CONVENCIÓN DE PÁJAROS

Mi padre
convocaba a los pájaros
cada mañana
y dialogaba en el lenguaje
de los pentagramas.

En su mesa de primavera
compartía el trigo y la cebada.

Escribía mensajes de paz
en todos los árboles de su huerto,
en el vuelo silencioso
de la paloma
que habitaba el campanario,
en el rocío de otras madrugadas.

Pero nadie fue testigo
de esta siembra silenciosa.



TU UNIFORME DE RISA

Payaso,
toda tu mirada
me viste de niño
y perfuma de alegría
el rostro de la abuela.

Con tu cuerpo de colores
enamoras mariposas,
regalas flores a la luna
y los domingos
con sol temprano
diviertes gente triste
con tu uniforme de risa.

Payaso, payasito,
regálame una sonrisa
para volver a ser niño.



ASTRONAUTA

Lo atraparon
los cables del telégrafo
cuando iniciaba su vuelo.
Se durmió boca-arriba
de la calle
con su penacho de trapo viejo
esperando a la primavera
Pedazo de papel verde-amarillo
astronauta de viajes imaginarios,
bailarín de brincos y piruetas,
hoy que mi carrete
tenía más hilo
y el viento todas sus ganas
de volar contigo,
te has quedado prisionero
en una celda sin barrotes.



VIAJE AL MEDIODÍA

Una mañana
en la plaza de mi pueblo
se congregaron las mariposas.
Llegaron con la primavera
trayendo en sus alas
el sol tibio del Mediodía.

Al compás de una sonrisa
una orquesta de flores
interpretaba perfumadas melodías.

Los niños gritaban
que venían de muy lejos,
de París y Nueva York,
de Roma y de Budapest.

Y el abuelo decía
¿qué importa de donde vengan
si todas pertenecen a Dios?



ANTIGUA ESCUELA

Fotografiaron por última vez
la antigua escuela
con un silencio de campana.
Sus muros de adobes blancos
con musgo en los balcones
y viejas pelotas de trapo
suspendidas en el techo,
parecen estorbar
entre tantos edificios nuevos.

Mañana,
se llevarán sus bancos,
el antiguo pizarrón
y el armario de los jarros blancos.
Mi silabario hispanoamericano
en el que aprendí a recitar
“el Trencito de Madera”
en qué andén me esperará mañana
si mañana todavía
fuera hora de viajar?



Dudosa Transacción Sentimental

Me has heredado el día más frágil
soy la única moneda que cuenta en tu vida
como las acciones del amor que
correrán al alza
los besos buscan el perfecto equilibrio
en la balanza de pagos.
Las ofertas subirán ostensiblemente
y cualquier dudosa operación tenderá
a la baja.
Ocasionalmente,
deberé transar parte de nuestro amor
en el mercado informal
y no podré amarte con esta rabia
que te mira y te desnuda.

De ser así
no dudes en compartir las posibles utilidades,
extiéndeme un cheque cruzado y nominativo
escrito con tinta indeleble
fondo azul y firmado con un beso
que no hayas dado a nadie en parte de pago


El Lado Oscuro del Segundo Piso

El día escapa por la cerradura,
entumece el aroma de las palabras.
Un verso se sumerge en los labios,
la antigua casa se echa a morir
en el lado oscuro del segundo piso,
espera el regreso de los gorriones
y la queja en si bemol de las goteras.
Sus habitaciones nunca han estado
tan sombrías,
tardíamente pensativos los umbrales
como si careciera de mejores tiempos
en el índice de su primera biografía.
La noche golpea con un bostezo
la añosa estirpe de su sombra,
la mampara huele a lluvia de otros inviernos.
A la hora del té
desnuda el alma de viejos anhelos,
consume el escaso keroseno del farol
contagia de muerte a su propio cadáver,
muros que no sobrevivirán al ruido de las
autopistas
cuando la ciudad sea sitiada por el progreso.




Como si nos Hubiésemos Conocido en otra Vida


La encontré una tarde en los astilleros de
Hondarribia
una mujer como ella podría romper el
horizonte
tan sólo con detenerse en el espejo.
La soledad corre por un río paralelo
que ha perdido
el deseo de conciliar el sueño.
Una sonrisa escapa inadvertida
titubea como la lluvia antes de humedecer el
aire,
rompe el silencio que había puesto en su boca
y apacienta la incertidumbre de las palabras
inmortales.
La invito a compartir un café en la Galería del
Jardín,
me instalo cómodamente en su vida
con mi oficio de poeta.
Sin nada que ofrecerle,
salvo este casual encuentro
hemos hablado como si fuéramos
viejos amigos
como si nos hubiésemos conocido
en otras latitudes.
24
Nos enamoramos aspirando el perfume
de una flor
este encuentro podría ser perfectamente
nuestra única historia.
El azar que todo lo une
también desune la misma distancia,
la profundidad del Pacífico o del
Mediterráneo
siempre próximos a un corazón con setenta
y siete latidos.
El aire construye su propio camino entre
las estrellas
el vino transporta en cada copa el rumor
de la existencia.
Este verano nos enseñó que la vida es breve
como las flores que se abandonan cada primero
de noviembre.






País Vasco

La estación de San Sebastián se despoja
de sus dos últimos pasajeros,
rostros que reflejan la tenue luz en un andén
el latido de un reloj que echa marcha atrás el
minutero.

La noche cae como el vestido que llevas puesto,
las manos vuelven a transitar por su cuerpo
con la existencia irrefutable
que su mirada viene de otro tiempo.

A una hora cualquiera de este verano
es posible que la lluvia tropiece en una esquina del
cielo
y deje en un café de Irún la silueta de un beso.

La nada silenciosa se adueña del país Vasco,
una habitación en el tercer piso del hotel Jauregui
instaura el aniversario de una despedida.

Un aeropuerto que no sabe de geografía
convive con la nostalgia del último vuelo.

Déjame Enfurecer tus Deseos

Sus labios susurran mi nombre
desde la ventana de enfrente
la observo tras el cristal,
la desnudo con la misma intensidad
de aquellos amores que surgen espontáneos.

¿Qué primavera te gradúo de ilusión,
qué árbol te cobija en un bosque impensado?.

Déjame arrinconarte en un pasillo
de esta antigua casa
embriagarnos simultáneamente de este instante
y enfurecer de pasión nuestros deseos
con la química de un beso.

Sé que me recordarás en la orilla del próximo otoño
en la ocasional tristeza que deshoja una sílaba
en el difuso aroma de una alameda al amanecer.

No será fácil que te olvide,
tu sensualidad horada la quietud de mis días.

En el Lado Opuesto

Me situaré en el lado opuesto de la melancolía,
la noche se sentará a mi lado
y vendrán otras noches caminando a pocas horas.

A escasos centímetros de mis ojos una lágrima muere,
hereda la osamenta de tu rostro
la temperatura confidencial de todas tus tristezas.

Tú, no eres promesa de nadie
sé mi amante en el aliento de este beso
no pretendas olvidarme
ni confundir mi rostro
en el precario equilibrio de algún sueño.

Silencioso el calendario nos deja de lado,
quizás exista la posibilidad de encontrarnos nuevamente.

Te Diré a lo que Vine

Un paraguas se llueve de tristeza.
Este es un error más de la lógica racional.

Muero definitivamente en el luto de mi vecina
en la sonrisa de novio pobre que se eterniza
en mi semblante.

Tú, intuyes la nostalgia fundamental de mis
días,
vislumbras la maldita costumbre de cruzar
a destiempo por tu vida.

Esta noche te diré a lo que vine
si esto ayuda a armonizarte
si acaso por error todavía me esperas,
si crees que alguna vez podamos coincidir en
algo.

Pero no digas a nadie
que me has visto transitar por esta calle,
apoyado de farol en farol
con una canción de Joaquín Sabina
que hice mía sin más testigos que la aurora.

Mientras sueño con tus besos
tú modificas la temperatura de mi cuerpo
y no puedo evitar que mis ojos te desnuden.

Donde hubo un beso tuyo,
hoy arden mis labios.

Los Cotidianos Comentarios de la Noche

La oscuridad extiende su mano y apaga
la vela
irremediablemente cae el eco de una sombra
la sonrisa cruza el prodigioso ejercicio de mirarnos.

Conversemos en torno a esta caminata
de recuerdos
arrimando tu voz a la mía,
a la infinita geografía de las emociones
en los cotidianos comentarios de la noche,
acostumbrándonos a vivir con las multitudes
que habitan nuestros cuerpos,

De aquí no te vas,
ni los extraños deseos que genera tu cuerpo
en el viejo armario con tus prendas íntimas.

Envejeceremos conversando con los pájaros,
partiendo cada error en dos.

A veces me pregunto que haría el uno sin el otro.

Como si nos Hubiésemos Conocido en otra Vida

La encontré una tarde en los astilleros de
Hondarribia
una mujer como ella podría romper el
horizonte
tan sólo con detenerse en el espejo.

La soledad corre por un río paralelo
que ha perdido
el deseo de conciliar el sueño.

Una sonrisa escapa inadvertida
titubea como la lluvia antes de humedecer el
aire,
rompe el silencio que había puesto en su boca
y apacienta la incertidumbre de las palabras
inmortales.

La invito a compartir un café en la Galería del
Jardín,
me instalo cómodamente en su vida
con mi oficio de poeta.

Sin nada que ofrecerle,
salvo este casual encuentro
hemos hablado como si fuéramos
viejos amigos
como si nos hubiésemos conocido
en otras latitudes.

Nos enamoramos aspirando el perfume
de una flor
este encuentro podría ser perfectamente
nuestra única historia.

El azar que todo lo une
también desune la misma distancia,
la profundidad del Pacífico o del
Mediterráneo
siempre próximos a un corazón con setenta
y siete latidos.

El aire construye su propio camino entre
las estrellas
el vino transporta en cada copa el rumor
de la existencia.

Este verano nos enseñó que la vida es breve
como las flores que se abandonan cada primero
de noviembre.

Vieja Fotografía

Afuera amanece en voz baja
la complicidad tatúa en su rostro la
incertidumbre.

Por el corredor regresa el aire
enciende una lámpara en el salón
ilumina una vieja fotografía
que absorbe el tacto de las manos
y la vida vuelve a contarle su propia
historia.

Vertical esta mañana regresa la lluvia
al museo del Prado,
Madrid con su aroma a ginebra y tabaco
no tiene memoria
en la bitácora de los suicidas,
ni registra en reloj alguno
un tiempo de atraso.

Tras medio siglo de espera
la desesperanza confina las ilusiones
nuevamente el destino olvidó colgar sus telas.

El subterráneo de los viejos trastos,
apila en desorden otros sueños,
la oscuridad que no hubiese querido
habitar nunca,
hoy es su única compañera.

Perpetuo y Vagabundo

Perpetuo y vagabundo
regreso a mis cotidianos paseos de
extramuros.

Esta tarde al igual que otras
conjugo la amistad con la sencillez
de un abrazo,
descubro en un andén a viejos desconocidos
siempre dispuestos a una partida de poker
sin saber qué tren abordar
en el memorial del olvido.

Aspirantes a no morir de melancolía,
ebrios invocan a Dios como a un antiguo socio
juegan a olvidarse de todo,
solemnizan con la imaginación
este encuentro que ya estaba escrito.

Esta es la morada de los auténticos poetas
-- dice un profano --
aquí encontrarán el original del primer
vate.

Cada noche las estrellas se ordenan
como la eternidad a los muertos
los parpados al amanecer ceden
desnudan el diálogo ininteligible de las utopías
con la teoría exacta de la inmortalidad.
Ciego de poesía salgo a la calle
oculto en el bolsillo de un abrigo
detenido en el tiempo
encuentro al poeta que siempre he buscado.



Oficio Cotidiano

Un vespertino me hojea en “Il Domenico”,
un cigarro sostiene mi boca
y la ceniza lenta cae sobre una taza de café.

Indiferente el destino se asoma a mis ojos,
con una antigua voz que me persigue
desordena el inventario de mis sueños
sin más argumentos que mi existencia cuando
atardece.

Una palabra cruza el vocabulario
unánime la dialéctica pierde su gentileza,
tenaz se oculta el mutismo
y con un beso en tu mejilla excuso mi ausencia.

La noche ha tatuado un antiguo rostro
bajo la sombra de los árboles,
una voz canta desde sus raíces un himno sagrado

Esta noche me ausento de mi oficio cotidiano,
la inútil retórica que empapela esta ciudad
por los cuatro costados.

Bohemio Impenitente
(a Francisco Madrid, el desconocido más importante
y solemne de la comedia humana).

Cierra la puerta en señal de nostalgia,
adquiere su carácter un gesto de tragedia.

Se marchó en el invierno de 1999
recopiló sueños después del último
insomnio
el recuerdo grabó en sus ojos
una antigua mirada de mujer.

Bohemio sin reloj ni corbata
huele a frustraciones y desvelos,
siembra un ritual de palabras en cada esquina
como si esta fuera la síntesis de su discurso
permanente.

Una calle a medianoche lo vio caer
la angustia dobló la esquina de su nombre
y expulsó su pasado de dudosa geografía.

Los fantasmas en su alma no encontraron nada,
más bien echaron suertes sobre su precaria existencia.

Nostalgia Gardeliana
(a Carlos Ruiz Zaldívar cada 24 de junio)

La tarde se extiende perezosa sobre su calle
el ruido de un tren atenta contra los días
quiebra el orden natural de las emociones,
un poema escrito con más nostalgia que razón
vive en su rostro anochecido.

Prevalece junto a lo único que posee:
la voz de Gardel en un disco de acetato,
la soledad humilde y retraída
que inventa el otoño
y que se oculta de si misma.

-- Quiso despojarse una noche de su corazón --
“un sentimiento triste que se baila”,
saber que nadie está solo
ni el grillo que calla después de la lluvia.

Nada podrá derribar sus ochenta
calendarios
ni el contacto de sus huesos
con la permanente intemperie,
la que dejó en el olvido
como los absurdos cálculos del destino
ni su sombrero gardeliano
pletórico de entusiasmo
que se equilibra en una percha.
Reinventa cada vez que puede el mar de
Pisagua
su infancia de mareas que aún lo persiguen
un antiguo retrato que deambula
como la tenue luz de un candil
que lo atrapa en una pared cuesta abajo
como un tango que sólo él conoce.

Escribió en la estación del ferrocarril una señal
que aún existe en aquella confusa caligrafía
el dolor gris de los días que continuarían
en el oxido de los rieles
donde aún pernocta el silbato triste de una
locomotora.

La Doble Sombra del Silencio
(a Cristian Arratia en el gesto fraterno)

La tierra te abraza para siempre
tras veinte años de pisar el asfalto,
tres meses, siete días y tres mil quinientos
siete segundos.

La Panamericana Norte en el kilómetro 57
una madrugada de otoño inscribió tu deceso:
fractura en el alma,
caída vertical en la doble sombra del olvido.

Abril,
apagó tu hoguera de amigo
amigo de sus amigos
sin saber si tu siembra fraternal,
que no tuvo términos medios
vislumbraba una nueva generación.

Una muchacha cultiva un silencio que es
muy suyo,
ordena cada noche el rompecabezas de este
misterio
a solas invoca tu nombre
y reconstruye la vida a fuerza de suspiros.

Calle Sarmiento
(a mi pueblo que cada noche bebe el sarmiento)

Esta calle como otra cualquiera de
Putaendo
el erotismo cumple puntualmente su oficio,
trepa por los muslos de doncellas
aún vírgenes,
y duerme su siesta entre senos
de erguidos pezones.

Abrumadas por el calor del verano
se refugian en la pieza más sombría
leen novelas de amor,
reviven con la imaginación
sus propias historias de sexo
mientras otras revisten con gestos de
fastidio
al Santo Patrono del Pueblo.

Es posible que un par de locos
a la misma hora
haga el amor en la calle Sarmiento
sin que a nadie le importe.

Si este pueblo no existiera,
existirían palabras para inventarlo
en la mítica geografía de aconcagua.

Antiguo Discurso Anarquista

Un ejército de abejas lo vigila
se encarama el polen de una tardía primavera
en el exacto círculo de sus labios.

Existe en la antesala de la historia
expele un aroma a Marxismo reciclado
y con su voz perpendicular
repite cada día su antiguo discurso anarquista.

-- Con el poder de la revolución
y la revolución popular salvaremos al planeta --.

Víctima de su propio discurso demagógico
hoy naufraga en medio del caos
y las nubes del Caribe desatan
un temporal democrático
con la misma intensidad de otros aguaceros
en la Plaza de la Revolución.

Se inmola nuevamente en un monólogo
de antiguas contradicciones
y esta vez culpa a un frente de mal tiempo
la escasa presencia de sus fieles seguidores.

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