domingo, 9 de octubre de 2011

4871.- FRANK ABEL DOPICO



FRANK ABEL DOPICO (Villa Clara, CUBA 1964)
Poeta, actor y director de teatro.
Ha publicado los libros de poesía: El correo de la noche (1989), Premio David´88 y Premio de la Crítica, Algunas elegías por Huck Finn (1989), Expediente del asesino (1991), Las islas del aire (1999) y El país de los caballos ciegos (2005). Contrarcardia (2006) se mantiene inédito. Reside en Cuba.




LA BOTELLA EN EL MAR (Mensaje).


Escucha: es por la flauta del encantador que esas cortinas 
se humedecen de pájaros.
Es para que el árbol vuele.
Es por la flauta del encantador que los pájaros buscan 
en el aire su árbol invisible.
Es que el tesoro asoma la cabeza y en algún sitio un muerto 
se desmaya.
En cualquier tejado la serpiente hipnotiza al cielo.
Sí, la muchacha escapa desnuda en una alfombra.


Es por la flauta del encantador.
Por eso los novios se besan, amarillos.
La luz con su danza rubia. Y los novios.
Alguien trota y se despierta en la ventana.
Alguien ha descubierto que a los novios les silba una mano,
que les estalla una ciudad entre las sombras.
Es por la flauta del encantador.


Quién trae el aviso que los peces salen a escuchar,
a pedir alguna noticia del trueno, pez castigado.
Quién sueña en la montaña completamente roto
y ve a la muchacha de la alfombra y disminuida, temblando.


Detrás de la cerca un animal cuenta la lluvia.
Ahí viene el sonido como un dueño y la luz saca su rubio corazón.
Los novios sin saberlo cantan, las piedras sin saberlo sueñan.


Escucha: es por la flauta del encantador.
Por ella las nubes dan un paso abajo
y la serpiente las mira hipnotizada.
Es el aletear de un niño que ha cazado un pichón.
Es el silencio doble.
Es por la flauta del encantador. Es porque la flauta traduce 
os espejos.


Escucha: los novios se han quitado la ropa, qué descuido, 
quién los va a perdonar.












APUNTES DE GULLIVER


a Miguel Barnet y a Pedro de la Hoz.


Crecieron los enanos que huían de las flores.
Creció un arbusto seco tan alto que sostuvo el peso de los cielos.
Creció Yudith aunque sigue escuchando a las hormigas.
Creció el perro blanco a pesar de las piedras y los palos.
Creció el brazo derecho a pesar del brazo izquierdo y a pesar de los escalofríos y las playas.
Creció la tormenta. Sin lluvia.
Crecieron los mapas y los diccionarios a pesar de las barricadas del reloj.
Creció el príncipe pero no tiene el reinado prometido.
Creció la puesta del sol. Con algunos errores, eso sí.
Crecieron las muchachas de mi barrio, una a una, seno y aire.
Los muchachos también, de pronto, frente a la antigua bodega y con permiso de los padres.
Creció mi primer amor y mi segundo amor, el tercero y así hasta el infinito.
Fulano se hizo grande, no recuerdo su nombre, pero un día me golpeó sobre los ojos.
Creció mi país y salió de viaje por el mundo, como en las aventuras.
Creció el cuchillo del hombre que vendía atardeceres.
Creció la añoranza y ya no le sirven los vestidos.
A José, el mudo, no le hizo falta crecer porque cambió el crecer por su jardín de rosas.
Alguien, lejanamente, hace crecer sus sueños pintándole los labios.
Crecieron los piratas, ahora el mar les parece más pequeño, los tesoros abundan.
Creció la primavera, alta, pensante, con las uñas postizas.
Únicamente los juguetes conservan su estatura.














UNA HISTORIA DE HUMOR ANARANJADO


Mi casa siempre se ha alimentado de los muertos.
En épocas de angustia padre los escondía en el trinar 
de los rincones
y los muertos se turnaban para dormir en el regazo de mi madre.
Los había morados, con espejuelos, militares, mujeres...
Recuerdo que su costumbre era no desayunar.
Para sus sueños padre mezclaba arroz con su figura.
Así transcurría la mañana junto al pozo.
Yo les hablaba de Marx pero ellos devoraban 
el Nuevo Testamento.
«Los muerto son ateos», repetía.
Fue triste el caso del Doctor González.
Se crucificó mientras tres enfermos lo negaban tres veces:
tuvimos que bajarlo porque las niñas protestaban 
de sus santas palabrotas.
Alguno se ocupó de inventar una máquina contra las cigüeñas.
El día de probarla padre le otorgó grado científico post mortem.
Sin embargo mi casa era la miniatura que alguien confundiría 
con las vicarias.
Como en todos los buenos poemas aquí también hay muertos 
que son malos.
Madre ordenó construir una celda en el fondo del patio
y veinte veces tuvimos que agrandarla.
Dos fueron presos por la golosina de los muslos de mi prima.
Otros, porque siempre volteaban el espejo.
Los más jóvenes de los muertos delincuentes fueron 
encarcelados por vestirse de vivos ante la mismísima 
cara de mi padre.
Había un muerto homosexual, le decían la princesita 
del Himalaya
y tenía la voz tan dulce como la silla de algunos funcionarios 
de Cultura.
Yo me enamoré de Matilde, treinta años, divorciada,
que murió de espaldas y sin ponerse el vestido.
Llegó desnuda, contra su propia voluntad
y con telarañas le cubrí los pechos y me contó que la muerte 
es una sustancia, casi un purgante.
Para que no la viera desnuda me zurció los ojos 
con su propia voluntad.
«Eres tan pequeño, dijo, tan de una sola altura, 
que tendrás vértigo de mí.»para que me amara yo le traía 
viento virgen, cazaba jazmines con mi tirapiedras o la invitaba 
al río que hay debajo de mi casa.
Una noche convino a mis deseos, estabas muy sola, quiero decir, 
muy muerta.
Con Matilde conocí que a los muertos les gustan los números pares.
.También le gustaba oírme: «Qué Pálida estás, amor.»
Mi madre prohibía estas relaciones porque los muertos 
no tienen posición social.
Yo la comprendía: Madre pasó hambre en el Capitalismo.
Pero Matilde y yo duramos dos años día y noche
hasta que la vi besarse con González.
«Las muertas son infieles», lloré.
.Cierta madrugada, 4 de junio de 1978, se apareció el mejor 
de los muertos por la puerta.
Canoso, seis pies de eslora.
Habló: «Conmigo traigo dos siglos y la propiedad de la casa.»
Mi padre expuso sus manos: «¿Eres Jiménez?»
«Sí», le contestó el canoso.
Mi padre volvió a exponer sus manos: «Te pagaré la casa.»
Muerto a muerto, constantes y sonantes, mi padre 
pagó el precio de la casa mientras la luna ejercía su misterioso 
oficio de Doctora en Derecho.










EL DIOS MOJADO.


con Mirko Lauer.


Cada vez que tendemos a bajar al jardín perdidamente hijos, 
más que hijos, extraviados
y la caricatura del dios mojada en la camisa
y el diablo del regreso por el trébol, ante la verja,
ante el hombre de ayer, el de hasta cuando,
y el diablo del que llega con abejas al seco mediodía
zumbando la canción que espumarea entre las cejas 
de la madre.
La canción: aseméjate a un barco, timba y vuela,
aseméjate al sol que hace venados. Venado, sáltame y di 
que soy peor que tu lenguaje...
Y la canción no sirve, ya no la ves clásicamente niña.
.Cuando bajamos al jardín a escondidas de nosotros mismos,
sin provisiones para no quedarnos sujetos al caballo de madera 
–quizás por una rama-
y vemos qué limpio se ha guardado, qué dibujos tan dóciles 
sostienen a las hierbas
y vemos que uno es una mancha, que hemos pisado la cola 
de alguna canción distraída que toma sueño en las hojas, 
en el aire duende, mi amigo el duende.
La canción: yo soy el dueño del gato,
dueño absoluto de la luz que como un naipe adivina las piedras...
y la canción no sirve, ya no la ves clásicamente niña.


Qué trueno baja entonces, qué relámpago se nos desprende y grita:
antes hacías la guerra como ahora el amor,
jugabas a ser rey, eras el dueño del gato, eras el dueño.


Uno sale extraviado, cierra la verja y esconde los tesoros.
Uno ya no es la mancha, es un golpe azul contra la calle.


Escucha la nueva canción, la canción que viene de las chimeneas, 
de los tejados, de los vidrios.


When I close my ayes
only for a moment and the moment´s gone...y la canción no sirve, 
ya no la ves clásicamente niña.










TANGO A FAVOR DE LAS PUTAS


En resumen, tú eres el inicio
y las palabras llegaron después, en un poema arrancado 
de la niebla.
Sentir o estar, eso fue todo y fue el semen como la luz, 
piadoso.
Los golpes en los pechos, la respiración enemiga de los pechos,
el ojo burlón de las iglesias.
Estábamos en un sitio adonde el viento se había llevado 
volando mi cabeza
y el mismo viento se habías llevado volando una de tus manos.
Eran las nueve de la noche y de pronto ya eran las seis 
de la mañana.
En un abrir y cerrar de ojos cambiamos tú y yo y el aceite 
de la noche
y los espantapájaros que fuimos, poco a poco, 
saliendo del sembrado,
espantando las aves que no llegaron nunca.
Tú y yo dos palos quienes perdieron la mano y la cabeza
palmo a palmo moviendo la mano y la cabeza, con quince 
centavos en el bolsillo izquierdo,
con una habitación en la mano y otra en la cabeza,
tirados como hierbas cortadas, confundiendo uno en el otro
a miles de personas,
como rostros sucesivos, como piedras de íntima explosión.
Érase un escándalo público a las dos de la mañana
y el público eras tú o yo según tocara, según tú encima 
y tenías veinte años o seis meses
o no habías nacido y érase que entonces brotabas 
de mis piernas,
yo, hombre paridor, me tragaba tus huesos de ciruela
y también retrocedía por los años, oh, puta de estilo,
qué bien eras mi madre pariéndome en espejos, qué bien eras 
mi doble entre la hierba,
cómo nacimos tanto de tanta muerte cursi.
Éramos solamente un par de espantapájaros
que parecíamos personas mirados desde el cielo,
un par de cielos truncos remendando su velamen, 
un par de cocodrilos...


Entonces nos pasó el pito de los trenes por encima,
El alba ponía su huevo lentísimo en los parques,
quedamos listos, exprimidos de ambos, pegados 
como campanas adentro de campanas,
con un sonido que eras tú en busca de tu mano
y yo en busca de los pies de mi cabeza.
Habíamos muerto los dos. Habíamos cumplido un deber 
ciudadano.
Nos enterramos entre la gente para volver a ser una mano 
y una cabeza más entre la gente.


Ahora, de verdad, pienso que no eras una puta.
Creo en la inocencia de encontrarse apenas una vez,
que bastan una noche y una vez para saber cuándo estamos 
solos en un pozo,
acostumbrados a comernos el hueso de la noche.
Y no puedo dejar de recordarte
siempre que el viento se lleva volando mi cabeza.
Acaso yo te he visto o tú me has visto
pero sabemos que hicimos el pacto de morir.
No hay un nombre siquiera, ni un centavo de nombre.
Pero horribles aquellos que no dejan que el viento 
les lleve volando la mano o la cabeza.












«AQUÍ DESFALLECIÓ EL CORAZÓN DE UN CAUTIVO»


 "Es nuestra piel, su breve dinastía
cruza por la noche. En la piel del oído
estamos juntos por el viento,
en los altos balcones estamos juntos,
yo recordando las uvas de tu pelo
y el recuerdo devorando las uvas de tu pelo.
Las noches en que hablamos cosas sin sentido
y apagamos lámparas y nunca juntos fuimos contra un árbol
ni contra una pared ni contra el cielo,
a ninguno nos temblaba la piel
ni recogimos caracoles en los ojos del otro.
Jamás vino la palabra, la palabra puma, tigre, rosa de los vientos,
la palabra mordisco, cascabel, sexo, naranja,
jamás nació un violín en el oído ajeno.
Tú quedabas en tu pulpa, en la sustancia verde de los amaneceres,
el corazón como un otoño limpio oía caer las hojas de otro otoño,
y quedabas trémula, luego perdías el color, el olor, el nombre,
te quedabas en la hoja incolora
que los barredores del otoño acumulan en ciertas almas grises.
Yo te oía gotear en el silencio, caminarte a ti misma
con un fósforo encendido,
entrar en los pueblos callados donde la neblina gobierna 
a las palomas
y los hombres son aprendices de los hombres,
trapecistas de un mundo que se inicia.
Yo escuché a tu reloj decir que era tu piel,
allá lejos, donde la espuma del invierno se muere sobre el muro
y los ciervos del tiempo beben espuma muerta para fecundar 
el hambre de las ciervas.
Yo escuché a la luz decir que era tu vientre,
me saltaba la luz entre las manos,
la luz aullaba y era entonces que la luna salía de la Tierra
como una semilla lanzada a qué Universo;
yo te sabía nerviosa, te sabía Margarita Gautier
y rompía las páginas del libro
para después hacerlo con tiros de memoria
con la luz que da en el charco una ventana abierta,
un vientre luminoso reflejándose a lo largo de los ríos
y la palabra puma, tigre, rosa de los vientos,
la palabra mordisco, cascabel, sexo, naranja,
la palabra perdiéndose en un extraño oído
a la deriva de lo que somos y olvidamos..."














LA CASA DE ROJO 
(Trabalenguas de amor).


El día que me quieras tendrá mas luz que junio.
Amado Nervo.


Del pez se hizo el árbol,
del árbol el acta de nacimiento,
del acta de nacimiento nació la penumbra,
la penumbra tuvo por hijo a su murciélago,
el murciélago chocó con los ojos de Eva,
con los ojos de Eva quemaron a Juana de Arco,
bajo el arco de triunfo un mendigo insultaba las estrellas,
las estrellas fueron condenadas a cadena perpetua por la noche,
la noche fue titulada bailarina,
una bailarina dejó un zapato de cristal sobre una nube,
la nube fue en busca de la tierra del Corán,
en la tierra del Corán,
en la tierra del Corán tú no estabas ni yo tampoco,
tampoco estábamos en ninguna parte,
en ninguna parte nos habíamos pronunciado ni se había 
escrito que tu pelo era un triángulo,
simplemente dormíamos en los extremos de una isla,
tus pechos hacían de centinelas, aún son los centinelas.
Y se volvió al principio.
El principio es el pez que procrea al árbol,
y al final surge un almendro,
sobre un almendro tu haces flotar mi eternidad,
como un pájaro hace flotar su equilibrio
ante la vista perfecta del cazador de pájaros,
y el cazador falla, pobre cazador que no tendrá 
ni almendro ni pájaro en la cena,
pobre pájaro que esta noche volará en el hambre
y ahí no sabe volar.
Entonces el pájaro viscoso deja abiertas las compuertas 
de su pecho,
derrama canto y sangre y vuelo sobre el árbol,
el cazador entiende, su hambre corta el árbol,
camina cien lunas a través de su hambre, árbol encima, 
hasta que muere siendo un árbol rojo,
una casa de rojo en el camino, una casa que canta y vuela 
según quieras,
canta casa, vuela casa, y yo flotando encima
con mi acta de nacimiento, con mi ser por duplicado,
sobre una casa de rojo que puede ser tu corazón, que puede 
ser mi corazón,
con un guardián corrupto que deja salir sangre y entrar huellas
pero que no deja que duerma sobre el techo.
Lo soborno y dice que es tú corazón, que no es el mío,
me aconseja matar la eternidad de un garrotazo.
Pero esa casa de rojo es mi corazón, yo soy hijo del pájaro 
muerto por el pájaro
y tu eres la hija del cazador de pájaros.
Mi cigüeña fue lista, es la famosa cigüeña que nunca 
se equivoca
y me ordenó entrar al corazón por esa boca,
a la casa de rojo, a la casa de rojo voy a entrar por esa boca,
como del pez se hizo el árbol y yo me llamo pez
y penumbra y murciélago y son los ojos de Eva que me incendian.
Bajo el arco de triunfo de la puerta voy a pasar hoy mismo,
esta noche será que por fin me pondré mi corazón
y mi casa de rojo será mía y tuya una mitad y será un zapato 
de sangre para dos,
un corazón de agua para dos,
porque del pez se hizo el árbol,
del árbol el acta de nacimiento,
del acta de nacimiento nació la penumbra
y no pararé, no pararé,
aunque las estrellas envíen los pájaros fatales contra el techo,
aunque muertos de hambre veamos descender un pájaro viscoso,
aunque la historia no te parezca larga.
Aunque la historia no te parezca larga.












LA INSURRECCION SOLITARIA.


a Carlos Martínez Rivas, poeta nicaragüense.


.Tu muerte de tres días, tu despiadada costumbre de morir.
Debajo de ti el entusiasta venado se come las letras de tu nombre.
Solo en la muerte puedes esconder el desamor,
hundirte tres días a mirar como las manos siguen haciendo 
ese raro ejercicio de vivir.


Tan bueno como es tener un garfio, una pata de palo, 
una bandera negra.
Echarse arena en los ojos, una princesa al agua, icen las velas.
Y el barco que se haga el inocente.
Un puerto que vendrá. Luego otro puerto, luego un combate 
en el mar, un abordaje sin tregua en un hotel;
también mearse en la estatua de un león.
Eres el héroe pero si descuidas un poco el amuleto
la buena suerte no estará en paz con tus estrellas.


Y más tarde decides ser un mago.
Convertirías al primer hijo de puta en un conejo
y al segundo hijo de puta en una zanahoria
(el tercer hijo vendría a ser poeta).
Mago al fin entrarías invisible por la voz de tu amada,
a maravilla y truco ella sufrirá las miles de explosiones 
del amor,
la mitad de caníbal del que ama.
Pero después la azotarías por no haberte amado antes,
la pondrás a pan y miel mientras el verano golpea las flores 
con su diestra.


Al otro día decides ser el que debiste.
Ese hombre delgado, el más furioso de los hombres
que buscan en el sol una manzana hereje que siempre 
está llegando.
Pones en orden el mejor de los túneles,
sacas la cabeza, despacio, el cuerpo, ese cuerpo que te dieron 
aprisa y con misterio.


Un hombre más está en la calle, cuidado,
su alma es una granada, cuidado, se dice un Beatle
un arquero,
un resurrecto,
uno que viene a decidir su vida y su muerte en un segundo.
Déjenlo pasar, es peligroso, soñó.














EL CORREO DE LA NOCHE


Mis piernas van tras el correo de la noche.
Un enemigo tiende su mano miserable, ayuda mi carrera, 
luego me hace polvo con su mano apagada.
Las casas huyen grises y una estrella abandona 
su casa de la noche
y anda con sus bártulos a cuestas. Una estrella vuelve 
a su casa de la noche
y anda por el jardín, medio dormida.
El ciudadano que soy va tras su noticia. Apedreando al que fui.
Quiero saber cómo está Mayra, qué le hablan sus ojos al recuerdo.


El correo de la noche atraviesa edificios, irrumpe en plazas 
moribundas.
Sus remos son caballos silvestres como los ojos de Mayra.
Alguien cruza mordisqueando sus dedos. Alguien (y una carta) 
entró en la oscuridad.
Pasan los novios, humeantes cuerpos, y el reloj se clava sus agujas.
A dos cuadras de mí el anciano espera que esté completo 
su rebaño.
Un hombre esconde el espejo donde se va a mirar mañana.


Mis piernas siguen los ecos de la noche.
Soy un bufón, esquivo ese color dulce de la primavera
porque dentro llevo los charcos de su lluvia y puedo florecer,
y es indiscreto florecer, uno tan noble,
tan bueno que es uno así de solo,
con mi tierno diablo y mi dios tan solo y pobrecito.
Quiero poner la vida como trampa,
criar conmigo al rey que nunca seré, a los reyes sonámbulos, 
los que con cielo y pan hacen el amor sin manifiestos.
Busco una noticia, busco el puente que hicieron los héroes 
para mí,
y siempre está más lejos, está en el mismo sitio de los héroes,
debo hacer algo más que comerme estas naranjas,
debo inventar un flamboyán o algo amenazante,
el puente me espera, nos espera,
tantas flores mediocres aplastan los caballos
que el correo va lento, los caballos sangran pero yo los aplaudo.
Los caballos resbalan, rehenes de la luna,
dejan su lamido triste en mi pupila.
El correo de la noche puede ser asaltado
pero va con cicatrices que recuerdan al sol.


En un lugar de mi vida hay un revólver.












O´CLOCK


Hombres que nada hacéis a las doce de la noche:
mirad qué largo puente nacarado les cruza por encima,
oíd los gritos celestiales del naranjo,
esta es la noche donde nada perderán si apuestan su sangre 
a un caracol.
Salid a pensar: es de día en el pelo de las novias,
abrid ventanas y cededle el paso a la selva que ocultáis.
El agua en persona hace el rito de parecerse a tu desnudo,
no le neguéis que es buena y adulta, jamás negarle su caballo 
estaño.


Hombre: sabed que ahora los monos se asoman con envidia 
a la ciudad.











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