jueves, 8 de julio de 2010

223.- ANDRÉS NEUMAN






Andrés Neuman Galán (Buenos Aires, 28 de enero de 1977) es un escritor, poeta y columnista hispano-argentino.

Hijo de músicos exiliados (de madre violinista y padre oboísta), nacido en Argentina, cuya nacionalidad conserva, y nacionalizado español. La historia novelada de su familia, infancia argentina y ancestros europeos puede leerse en su libro Una vez Argentina [1]. A los catorce años de edad se trasladó a la ciudad de Granada. Allí obtuvo la licenciatura en Filología Hispánica por su universidad, cursó estudios de doctorado e impartió clases de literatura hispanoamericana. Ha trabajado como columnista en numerosos medios de España y Latinoamérica. Fue guionista de tiras cómicas en el diario Ideal de Granada, colaborando con el dibujante Kicus en una serie de tiras semanales titulada Los quietos. En la actualidad escribe regularmente en los suplementos culturales Abcd, del diario español ABC [y Ñ, del diario argentino Clarín .
Desde que en 1994, muy joven aún, se diese a conocer en el certamen nacional de relatos "Los Nuevos de Alfaguara", ha cosechado una importante cantidad de reconocimientos y premios literarios de poesía y narrativa. Entre ellos figuran el Premio Hiperión de poesía, por su libro El tobogán; el Premio Primavera de novela, del que fue declarado finalista en 2002 con La vida en las ventanas; o el Premio Herralde, del que fue declarado finalista en dos ocasiones: en 1999 con su celebrada primera novela, Bariloche, y en 2003 con Una vez Argentina. En marzo de 2009 ganó el XII premio Alfaguara de Novela con El viajero del siglo.1 Esta obra resultó elegida como una de las 5 mejores novelas del año en lengua española, tanto en la votación que convocó el diario El País entre 50 críticos y periodistas , como en la del suplemento cultural del diario El Mundo
Es destacable su trabajo relacionado con el relato breve. Además de sus tres libros de cuentos, que incorporan apéndices teóricos sobre el género, ejerció como coordinador del proyecto Pequeñas resistencias, una tetralogía sobre el cuento actual escrito en castellano, editada por Páginas de Espuma. También prologó el libro de Horacio Quiroga Cuentos de amor de locura y de muerte para la editorial Menoscuarto.
En 2007, mediante una votación convocada por el Hay Festival y Bogotá Capital mundial del libro, fue elegido entre los más destacados jóvenes autores nacidos en Latinoamérica, siendo incluido en la selección Bogotá-39
De entre los numerosos comentarios que ha merecido su obra, llaman especialmente la atención los que le dedicó Roberto Bolaño en su libro de ensayos Entre paréntesis:2
"Tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos. La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre".


Poesía:

Simulacros (Granada, Cuadernos del Vigía, 1998). 25 páginas,Plaquette.
Métodos de la noche (I Premio Antonio Carvajal; Madrid, Ediciones Hiperión, 1998). 72 páginas,
Alfileres de luz (Premio Federico García Lorca; Granada, Universidad, 1999). 46 páginas, En colaboración con Ramón Repiso.
El jugador de billar (Valencia, Pre-Textos, 2000). 60 páginas,
El tobogán (XVII Premio Hiperión; Madrid, Ediciones Hiperión, 2002). 72 páginas,
La canción del antílope (Valencia, Pre-Textos, 2003). 60 páginas,
Gotas negras (Córdoba, Plurabelle, 2003). 72 páginas, (Reeditado por Berenice, Córdoba, 2007. 84 páginas,
Sonetos del extraño (Granada, Cuadernos del Vigía, 2007). 46 páginas,
Mística abajo (Barcelona, editorial Acantilado, 2008). 88 páginas, I
Década (poesía 1997-2007) (Barcelona, editorial Acantilado, 2008). 369 páginas,


EL EXTRAÑO

Yo me nutro de errores y de sangre,
jamás podré tener otro retrato
que este casi saber, este conato
de amor en la mitad de una masacre.

¿Hacia dónde camino? Es lo de menos.
Camino, que ya es mucho, y rompo el paso.
Mi sed ya no tendrá forma de vaso
sino de voz impura, aliento lleno.

He cambiado el escudo por la duda
y apenas reconozco mis heridas:
no es la piel, es el tiempo lo que muda.

Dejaré las limpiezas conocidas
por otras suciedades más desnudas
que consigan arder como dos vidas.



ÓSCAR ROMERO, 5. JAVIER EGEA

Alguien ocupa el hueco de la delgada puerta
y se empaña de luz: una sombra mediana
mira sin ojos mientras la escalera se afana
en su espiral sin rumbo, una serpiente incierta.

Afilando el dibujo de su quijada yerta
me sonríe vestido como le da la gana.
La visión de una perra con calcetines grana
insinúa que todo es memoria desierta.

Hacia la madrugada se me pierde el camino:
no me puedo marchar, él insiste, me obliga
a quedarme en la casa donde vive el destino,

compañera escopeta, escopeta enemiga,
cada vez más silencio, cada vez menos vino.
Y él llenando la copa por continuar la intriga.



FONOLLOSA ESTÁ PRESO

Desde que vivo preso no hay dolores
provocados por guardias sin estilo
mayores que tu ausencia, ni peores
torturas que soñar tu carne en vilo.

Son duros los reclusos, no perdonan
jamás una paliza a los novatos
y protegen tan sólo a quienes donan
su comida, su culo y sus zapatos.

Mis crímenes estorban mi descanso
cuando cierro los ojos. Dulce, experta
tu visita mensual es mi remanso.

Al fin puedo abrazarte. Tras la puerta
un guardia nos vigila. Me abalanzo
y lloro entre tus hombros. Ya estás muerta.


Sonetos del extraño, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 347-369




Lluvia con lanchas.
Están sembrando peces,
surcos de espuma.



En sus escamas
traslada una sardina
el arcoiris.



Marea baja.
Por error, en la arena
vuelven mis pasos.



Gotas de sal (20 haikus marinos), Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 325-346




Casualidad:
volando, aquel periódico
cubrió un semáforo.



Música aguda.
Peces en la pared
del bar nocturno.



Una luciérnaga
rodea la farola:
¡tan importante!


Gotas negras (40 haikus urbanos), Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 275-324




Me quisiste y lo sé: qué privilegio.
Voy a ser un ausente que no grite,
no aspiro a la invasión de los fantasmas.
Tú fundaste un sentido luminoso,
me ofreciste lugar y transcurrencia.
Ahora lo preciso es que ese amor
traslade sus tesoros
adonde no se sequen,
¿qué haría yo con ellos en este jardín plano?
Hallarás otro quién saliendo al parque
y le harás más milagros en mi nombre.



Ningún estado colma,
pero estar vivo es lleno.
Homenajead la copa donde bebe
la fuerza de las ganas:
es mejor derramarla por torpeza
que demorar el brindis.
Ojalá nos hubieran enseñado
a saciarnos al ritmo de la sed,
en un gesto tan largo como una experiencia.
Que bebedor y copa se consuman
al tiempo que las luces van zarpando.



Yo estaba muerto antes y la muerte
me recordó a destiempo que vivía.
Tan vecino era todo, tan a mano
que nada se ofrecía por entero.
Recuerdo la ventana decisiva
llegando a la frontera:
el súbito volumen del aroma,
la calidez exacta
de la mañana en radios,
su tacto prodigioso, su avidez.
Todo me revelaba mi fortuna.
Ese límite es dulce, voluptuoso.
También divide el aire para siempre.
Pero ah, ¿lo diré?, me aprovechaba,
reunía las canciones que me había olvidado.


Alguien al otro lado, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 253-272




En la línea lejana del deseo,
superficie de luces y corrientes,
se mantiene un velero a la deriva.
De ti depende el viaje o la zozobra,
su pesca o su destino,
la distancia que logre.

Izada, interrogándote, habrá siempre
una vela aguardando a que la mires.



Es tan dócil el aire por momentos
que las nubes parecen navegables.
Las sombrillas cooperan, ordenadas.
¿Se agitan esos cuerpos por costumbre
o un anhelo invisible los empuja
a reunirse, rozar sus propios límites
para hacer más nutrida la canción de la luz?

Hay bondad en el mar. Si no nadamos
nos ahogaremos sin rozar el agua.


Mundo mar, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 233-252





Así nació la máscara:
tuvimos que insistir en los revoques,
deshacer los perfiles, movilizar los ejes;
hubo que regresar a las costuras
y retirar los hilos desgastados.
Podrida de costumbre, la de antes
filtraba un agua turbia
que no me permitía
ver las caras ajenas, observarlas.
La mirada mutó sin demorarse:
bastó con escoger algún color
y alzar la puntería de los dardos.
Luego, en la tabla rasa de la frente,
trazamos tres renglones
y escribimos un nombre perseguido.

La cáscara del rostro que antes tuve
se soldará de nuevo cualquier día;
sus grietas buscarán al personaje
y la pasta del pánico hará el resto.



El talante del día, tan ocioso, invita más a estar
que a ser. El viento lleva hojas, quisiera barajarlas,
a unas las aquieta, a otras las elige
para un vuelo fugaz hasta el cristal de la ventana.
El silencio desmiente el movimiento.
Quizá te dormirías, si no fuera imposible
dejar de abrir los ojos para que se te colmen.
Hay algo de oro viejo en cualquier tarde
y en toda paz, otoño: el tiempo es la belleza resistiendo,
a punto de gastarse, en fuga ya.
Un hilo iluminado transita por tu acera.
Se van de ti las hojas, oscurece.



Antes de que te vayas
olvídate, canción,
del dolor de la mano que te nutre.
Semejante a mi rostro
se ha movido la máscara
y reconocerás a quién descubre.
Si no te pido mucho,
que suenes más alegre mientras huyes.


La canción del antílope, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 205-231



¿No es cierto, jugador,
que el tránsito que observas en las bolas
se parece a la trágica armonía
del tiempo cuando pasa,
de la vida que ocurre
y se detiene
para iniciarse en otro cuerpo?



Desde luego el destino
finge una compostura de ajedrecista amnésico
que ha extraviado la vista en el tablero.
Desde luego tampoco has advertido
cuánto de mal sorteo
hay en tu personaje.
Mejor no busques objetivos.
Mejor cierra los ojos
y fía a tu memoria –mapa en blanco–
el penúltimo turno del acierto,
la justeza de un tiro que hiere a quien dispara.



La carambola surge del azar,
no del empeño. Afilas
tu modo de esperar perdiendo la conciencia
en el brillo de fémur de la bola.
Estás rendido
al espejismo de la perfección.
¿Cuántas serán las fórmulas
que habrás de malgastar –los números, el ángulo–
antes de comprender
el cálculo inmediato de la casualidad?


El jugador de billar, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 181-204




LA GOTERA

La juventud no acaba con la edad
sino con la certeza de algún daño.
Un joven no es piel tierna
ni una fuerza infinita, sólo es alguien
que en el fondo de sí se siente intacto,
alguien cuya esperanza
tiene menos de esfuerzo que de jarrón brillante.
La certeza contraria no se llama experiencia.
Se llama simplemente suciedad.

La muerte ensucia, mancha,
enloda tu zapato de verano,
captura tu tobillo saludable,
presume de tu pierna inmaculada.
La muerte es la gotera inaugural,
es un diente en el techo,
el oficio del lobo prematuro.
Cuando la muerte ajena empieza a hacerse propia
empieza la otra vida.
Otra mucho más breve.
Y mucho más cargada de deseo.


LA DULCE CUCHARADA

Es lo que necesito para hablar.
No el hecho: la inminencia.
No el vuelo del gran pájaro
sino un roce de ala.

La palabra dibuja
la meta sin el límite.
En su persecución interminable
el casi me seduce, me transporta.

Tengo ganas de casi para siempre.
De restarle a lo exacto la dulce cucharada.


PASAJERO INTERIOR

¿Cuánta velocidad es necesaria
para tocar andén en uno mismo?

Arraigado de pura incertidumbre
con el ancla en el centro de quién sabe
alcanzo la quietud en el trayecto.
¡Sopla las vías, viento, vuelve a casa!

Al pisar tierra firme
me noto más veloz.


Mística abajo, Década (Poesía 1997-2007), Acantilado,
Barcelona, 2008, págs. 107-177



LAS ORILLAS

Me es hermoso el desgarro porque une las orillas,
nos concentra
en desdoblarnos siempre para poder ser uno.
(Es un número, el uno, que traiciona
cuando finge ser punto de partida).
Necesario el desgarro,
porque renuncia a hundirse
pero ama los pozos
y nos tiende sus manos como dos hemisferios.

Con el pulso ambidiestro
navego celebrando los puntos cardinales
que mudarán mi origen,
y sucede el naufragio porque debe
y la vida es el barco
y yo soy el ahogado y el mismo que me salva.


JUNTO AL RÍO

Se dispersan las horas, reincidimos
en esta maravilla de estar quietos
mientras el agua dobla su carrera.
No deseo una vida más heroica,
me basta callar juntos
y seguir despeinando este presente.
Acerco las dos manos como en una plegaria
que no busca su dios, sino otra mano.
Envaino la palabra y te acaricio.
El pensamiento aguarda con las fauces abiertas.


DAGUERROTIPO FUTURO

El futuro también tiene sus álbumes.

Este de aquí soy yo con el anciano
en el que me transformo lentamente.
Conversamos remotos, familiares.
Voy haciéndome amigo de su sombra.

En esta casa entran
y salen los relojes a su gusto:
se fatiga el poema cuando canta
solamente lo que le corresponde.


El tobogán, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 65-106



BODEGÓN CON PELIGRO

Para que alguna cosa resulte necesaria
hace falta el peligro.

Un plácido frutero
ofrece su sabor a manos llenas.
Te acercas seducido
por el suave mordisco de la luz
sobre la porcelana. Afuera llueve
o acaba de parar hace un momento.

Cinco dedos curiosos acarician
unas uvas amargas,
una manzana envuelta en pergamino,
unos limones todavía verdes.
Cuando hundes la mano
las frutas se te abren como el agua.

¿No sabías que al fondo de un intento,
si es nuevo y palpitante,
aguarda siempre una granada?
Estalla
el frutero y revienta en mil pedazos,
mostrándote los hombros de la tarde.

Como todo matiz, las luces leves
sirven para explotar. Es necesario.
Su requisito es el peligro, eso.


CÓMO AGUARDAR LA NOCHE

Soltar esa guitarra, por inútil.
Calentar agua en la tetera
observando el vapor con gesto absorto.
Renunciar a los libros
o posponer su bálsamo.

No pensar nada trascendente.
No insistir demasiado en la masturbación,
o insistir
con calma, sin urgencias
que enciendan la nostalgia.
Descartar
las ventanas, por tristes y promiscuas.

Padecer cada esquina de la tarde,
su obesa indiferencia.

Esperar.

Sólo después, a su debido tiempo,
acometer con rabia las venganzas o las deudas
y cabalgar la bestia de la noche.


EL GRAN ARTE

¿Y si mentir no fuera vil
ni tan siquiera grave, no tuviese
fatales consecuencias,
no fuese irremediable ni sonase a pólvora;
y si mentir
no dejara marchitos los jardines
ni congelase el manantial sagrado
que riega nuestros sueños;
y si después de todo
mentir no fuera malo
sino sólo difícil?´


Métodos de la noche, Década (Poesía 1997-2007),
Acantilado, Barcelona, 2008, págs. 25-63

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