domingo, 22 de diciembre de 2013

ANA MARÍA VÁZQUEZ SALGADO [10.769]


Ana María Vázquez Salgado 

Tulancingo, Hgo., MÉXICO    1969. Ha publicado el libro de poemas El penúltimo Astrolabio (2010) Premio Efrén Rebolledo 2009, el libro de cuentos Como nacer del fuego (2006), Escritura creativa: Antología de poetas tulancinguenses (2010). Beneficiaria del Estímulo a la Creación Artística y Cultural, emisión 2005 y 2007 del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo FOECAH. Coordinadora de talleres de Creación Literaria para niños y adultos.





I

Esta noche
sola
en silencio
me voy juntando entre mis ruinas
argamasa piel cubre mis huesos
y nada entiendo de mañanas



II

Quiero dejar mi voz acodada en la ventana
saltar al vacío
y en silente vuelo surcar la oscuridad



III

En este mar de sombras
qué lámparas quedan encendidas



IV

El día me pone su mordaza de luz
camino pensando en nada
escucho el tañer del reloj
cruzo la calle
me descubro.





Coluro

II

La tarde se precipita sorda y gris
una gota cae y revienta sobre mí
estatua que se derrumba  junto a los sueños
convertida en niebla.

Todo comenzó con la lluvia  proclamando el final de mi preñez
en que con cuánto gozo te vi brotar maíz sangre mariposa.
Sin lágrimas surcamos las primeras palabras de mar y viento
crisálida anidada en nuestros nombres.

Investida con designios de pasado y jirones de tu sombra
palabra a palabra
fui tejiendo alas
para que la voz fuera
risa palpable y olorosa
espíritu y ojos
bálsamo y herida
vuelo de palomas
danza de cortejo
espejo imperturbable
huella en el tiempo
aguacero acallando la nostalgia.

Soy quien habita tu sangre
y no quiero mirar cómo te desvaneces
cómo la lluvia me inunda en lamentos al verte partir
avasallado por un sueño de cúmulos y estratos.

Estás aquí comején en la memoria
rasgas implacable la noche en vigilia
te acuno con cantos
con lluvia
con aullidos.

Te seguí en el exilio dejando atrás el fuego, la ceniza
fue páramo y espina el templo en que nos refugiamos
con los ojos colmados de huellas miramos las paredes
bebimos del silencio un licor de amnesia y lejanía.
Fue julio y la hora feroz de la huida

Pero debía volver
contemplar desde la ruina el añil de un cielo cansado de mirarnos
la desnudez de la roca, la herida que los días hicieron a tu casa
pero debía volver
y extraviar el colibrí que forjamos.

Desde tu sangre, desde mi sangre
alzaste la voz para abjurar de nuestro vuelo
del hambre de beber el mar y llenarnos los ojos de horizonte.

Escuché el eco de tu llanto
los gritos con que negabas la palabra
como oigo la lluvia golpeado la ventana.

Mírame
aquí estoy
con alas de lechuza atravesando el tiempo y el asombro.

Mírame
aquí estoy
cazando tu imagen en mi espejo.


El penúltimo Astrolabio, CECULTAH 2010




Te miro como se ven partir los barcos.
Hay tantas palabras que se detienen al borde de mi boca
cuando mis ojos se llenan de sal y de distancia
desde la calle el silencio musgo tapia las ventanas
y tus pasos dibujan la soledad que seguiré mañana

No arribarás a mi playa, ni rondarás mis sueños
no vendrás para habitar mi gruta oceánica
ni te irás satisfecho pensando que has ganado la partida.
Soy tormenta avivada de nostalgia

A la sombra del naufragio
acuno tu recuerdo
mi voz es oleaje arrullo de quimeras
mi cuerpo embravecida ola que rompe y se desgaja
en el último trecho de tu ausencia.





De su libro Como nacer del fuego, proyecto beneficiado por el FOECAH  
   
   
 
Atardecer
epitafio del día
abre laberinto
  de silencios.  
   
 



 
Tu silencio

  Océano  
en el que naufragan mis palabras

  Espejo polvoriento  
  reflejo de tu ausencia  
pasado que invento
  para no perderme en tus abismos  
  Lámpara encendida  
las horas quietas de mis días

  Insecto  
  que ronda en mi cabeza.  


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