Paulina Ailín Aliaga nació en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia, ARGENTINA, el 7 de septiembre de 1985. Es actriz, poeta, estudiante de Ciencia Política en la UBA, y creadora de la productora teatral Musas en Taparrabo. Reside actualmente en Buenos Aires
LA PEQUEÑA QUERIDA
En el espacio de la gran casa,
allí, en la calma
de la mesa servida,
desearía entibiar la muerte
y preguntarte, pequeña querida,
¿cómo se honra la espera
cómo se divide el tiempo
del amor
quién te enseñó la impunidad?
Las alturas de la especie
Yo debo amar todos los brazos devastados
que se me avecinan sin calma
en trenes cargueros
con objetos de lujo para derrochar.
Debo amar la máscara de mujer briosa
que revienta el juicio en el origen
y cruje la carne de los brujos
y mesías sin colchón.
Pero no debo asegurarme en las alturas de la especie
que reprocha
el despunte de las alucinaciones
y la gloria en las ventanas
desnudas
descorridas
regresando
tarde en la noche a pedir
carne y piel encargadas
a su dios
con el gusto del desierto
en las mareas del cuerpo.
Azahar, bestial soleado
Abre.
Saca palabras de quicio
y se dirige al remanso
de su soledad.
Sacude, agita el polvo y desvanece
una rayita de canción
entre sus piernas.
Acude a su alma
estruja su persona
y destila el vicio de su pecho: descubre
la palabra azar.
La palabra tiempo.
Y la palabra sol.
Ahorra todo: pronto
van a representar su sueño.
El fuego. La voz del día.
La palabra bestial
enternecida
otra vez.
saca el azar en flores de su pecho.
Soborna al tiempo,
le muestra el sol,
y el tiempo
se encandila.
Cumpla la providencia
Cumpla la providencia
con sus designios
con sus
fastuos de madama soez
haga la vida y su desdichada
madre incontinente
lo que quiera.
Hoy es agua cascada luz
la faja de misterio que te
cubre
te envuelve el color
tu don de navidades en la tierra
me parte al medio
mi danza
mi voz es una maga de animales
ahora
que sangro tu cadencia hermana en mi
alma
abro la caldera echo tus carbones
se estira mi cuerpo nace una
misión de celestina
con la eternidad
Patronas a las fieras
Crasa carrrne
socarrón troceador malvón
a cuchillo su frente la gruesa
herida regresa al hogar:
a tener miedo.
Violencia carmesí
no te arrepentís conmigo
porque soy buena
picoteando hambres:
liera y preciosa. Hermana.
Armemos la garganta
para exhalar la venganza de la
primavera
amemos la gracia caníbal de las flores
que se dan,
patronas, a las fieras.
La vela de Ahab
Animalito de dios
cortado con los dientes
de un pájaro
ahora vas a contarle al
mundo
que viniste aquí para calibrar
los cielos y calumniarles la
angustia a los doloridos.
Y para que sepan los matones
de la tierra
que hay
una belleza
que es furia
que no se puede tocar.
¡Que no!
En esta tierra sucumbimos
los imbéciles que amamos
la fuerza de la saliva
del hombredios
contra las orillas, rendidos
de gozo
ante ese hombre
que revienta las fronteras
de su desnudez
y vuela con sus hermanos
a posarse en la vela de Ahab,
en la batea del señor
a picotearle la luz
y a bañarse.
La pequeña querida
En el espacio de la gran casa,
allí, en la calma
de la mesa servida,
desearía entibiar la muerte
y preguntarte, pequeña querida,
¿cómo se honra la espera
cómo se divide el tiempo
del amor
quién te enseñó la impunidad?
El arte infamatorio
El arte declamatorio
comienza en la zozobra.
El arte infamatorio
es el destino de mensa humanidad y
ay
me fascina el desierto por el que llego
a esa sutil libertad
de presentar naturalmente
el destino del perro suelo y del pueblo
en un caldo estilo mar
y latencia urbana.
Pero
a qué apabullar con mañas
de latón y gomería
los carruajes de una tundra seca
-feliz celebridad blancuzca de vapor
Pero es ¡pavor
señorita equivocada
es en los labios del Sur que
experimenta
el aterido encargado del taller
cuando esa fresca partición
delinque y reza
entre millones de igualitas
particiones olvidadas
y floreadas de frío sin
mojar
ay
es acá que
se acampa y techa el sabor
gigante. El más híbrido sabor
a fronteras reventadas
y naciones partidas
a tocarse el cuero entre
las matas
sacadas de raíz y basta
de ambages.
Que se encajen las ruedas
en la lencería del bioma
bipolar
y se le rajen las medias,
sean largas carreteras largas
estaciones de vapor y terroncitos
de esa piel para el perdido
del taller entarugado en su
fétida ración
¡en su feta de razón!
y legañoso amanecido
en tibios huecos. Rellenados
con tal de seguir en pie
en esta mañana
idéntica
la gran salida de reserva
a merodear el campo
de acción
a ver si llueven
niños días
en las gotas de sus partos naturales.
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