viernes, 5 de agosto de 2011

ALEJANDRO SIMÓN PARTAL [4.398]


ALEJANDRO SIMÓN PARTAL

Alejandro Simón Partal (Estepona, 1983). Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de los libros de poemas El guiño de la Chatarra (2010), Nódulo Noir (2012) y Los Himnos Abdominales (2015), publicados por la editorial Renacimiento. Ejerce la crítica literaria en medios como Ahora Semanal o El Diario de Sevilla, y dirige el programa Las Periféricas, en El Estado Mental (radio). Su obra Sed Despojo fue estrenada en el 33 Festival de Teatro de Málaga. 


UN HOMBRE ACOGE EN SU CASA A OTRO HOMBRE
(REFUGEES WELCOME)

Un hombre acoge en su casa
a otro hombre pobre.

En la televisión comenta con indisimulada alegría
la ducha de más de una hora que el hombre pobre
se dio en su casa.

Todos los informativos abren hoy
con el fervor de un hombre
por la ducha de otro hombre.

Miro mi baño vacío y desearía
que todos los hombres del mundo
agotaran todos los embalses de Europa
en mi casa.

Quien celebra una larga ducha ajena
en su casa tiene un trozo de paraíso reservado,
algo bueno le aguarda tras el vaho que allí es puerta.

El agua que no corrió esa tarde
no conocerá ladera igual. 




Cuentos de Luna

Con la luna como invitada de honor
formaremos la orgía de los sentidos
con suspiros calientes en fría noche de Noviembre.

Kilómetros a partir que sugieren abrazos y tonadas
curvas que murmullan viejos relatos a nuestro paso
semáforos en ámbar para no darnos tregua.

Sollozos y suspiros
que empañan los cristales de los vecinos
regalando intimidad autodestructiva a nuestro cuerpos.

Orgía de los sentidos.
Kilómetros que sugieren.
Cristales empañados.
Tiempo de nubes y claros.




Meses de Despedidas

La vida nos echa de menos,
se lo noto en sus calle estrechas y empedradas,
en sus amaneceres rojos,
en los bancos de sus plazas
ahora vacíos.
En nuestros recorridos por sus mapas,
en nuestro besos en sus dormitorios,
en las mañanas camino de la universidad,
en el cierre de los bares.

La vida nos echa de menos,
nadie la comprendió tan poco
y tanto a la vez.
Sus hijas las estaciones le preguntan
por aquellas luces que se revolcaban en ellas
y la vida no responde.
Nunca fue un libro abierto,
no supo ofrecernos más allá de los ventanales,
no supo ser la amante de mis noches desesperadas.

Ahora ensimismado en mi cuerpo,
me divorcié de la vida y esquivé tu memoria,
me pierdo en mi mismo,
en la hipoteca de los sueños.

Me he gastado sin entender la vida.
He gastado mi vida en conocerte.
Conociéndome fracasé,
entendiéndome os deshabito.



Ló(gi)ca y Suicida

Necesito que al menos me des la vida,
que me alejes de esta dirección para ti equivocada
que me recojas en los amaneceres sin salida
arrastrado, roto, apaleado en la arena calcinada.

Al despertar, déjame una mano junto al lavabo
o arranca la maldita toalla que cuelga en la escalera,
vete junto a los días que me arrastraron como esclavo
intentaré hablarle a los ojos que decoran esta calavera.

El horizonte burla mi memoria con los desnudos que me faltaron
quizás la sed del desierto de tus labios me lleve a los carnavales
con disfraces de soledad y ló(gi)ca locura, el miedo dará el pregón
cuando todo ayer quedó conmigo escuchando triste en los portales.

Han pasado semanas desde la última vez que me inventé el mar
días sin atravesar la puerta que se abre bajo los pies, sin cordura ni esperanza.
Ha pasado el tiempo y aún sigo tropezando con el aire al respirar,
sigo siendo el desequilibrio en la contradicción que a este diminuto alcanza.




Salvífico

Es de nuevo en las molestias
donde coincidimos.

He cambiado veinte veces de posición
y el sol sigue pegándome en el mismo sitio,
insistiendo en la misma quemadura,
como insiste el desierto o la sed en la garganta
por mucho coney island que salga de ella.

Sabíamos que algo pronto tenía que pasar
y por eso las vistas eran lo de menos.

El calor del manoseo puede salvar
una vida o provocar el deseo
de que ésta acabe
cuanto antes. Y la ropa colgada
empieza a tomar partido en extrañas posturas
Vivir resbalando
es una forma de evitar la caída.

(De Nódulo Noir)




Se construye la realidad de prioridades

Se construye la realidad de prioridades:

el objeto abriendo paso al deseo
entre el jaleo de la carne,
la orilla precediendo al hundimiento,
un cuerpo donde te proclaman rey
hasta donde alcance la vista.

Sólo en la realidad las prioridades
encuentran oficio.

Tiene que existir un lugar
donde todo este empeño
no sea necesario, donde
reviente el clamor
con el solo motivo del clamor.

Tiene que existir este sitio
donde el placer no precise referéndum,
donde lo que siento no nazca
de una herencia:

allí dejarán los hechos
de ser inevitables.

(De Los Himnos Abdominales)




Definirte es empobrecerte

Definirte es empobrecerte.
Pero no siempre con Eros basta,
no siempre.
Ya habías estado en el otro lado
antes incluso de que aquello
fuese aquí referencia;
ya habías estado mucho antes
en el otro mundo
clamado por los que no saben
qué hacer en este.
Eras de Torremolinos:
condenada felicidad
de vivir en los opuestos.

Eras de Torremolinos iba diciendo,
y debería haber empezado por ahí.

Porque haber empezado por ahí
es el feliz desvío de lo que por ese camino
iba a acabar muy mal.

Eras de Torremolinos
y preferías el sol, las tardes
como preámbulos de noches sobornables
antes que cualquier encierro
que no fuera un encierro
con el trote furioso del legado.

Eros y tú
de Torremolinos, lo aprendiste bien:
la poesía crece en las privaciones.
(Haber empezado por ahí).

«Se nace,
se renace
 y se muerde»,
pero no era eso, no era eso.

Era el milagro suficiente
de saberte ahí, nuestra bandera
blanca, como en su blancura
la espuma del mar muestra
la suciedad contenida que lo justifica.
Eras el amor y tenías nombre propio
como los caudalosos ríos de Norteamérica,
pero eras de Torremolinos.

Eras el amor y tenías todo su color,
pongamos azul,
como los caudalosos ríos de Norteamérica,
como el azul favorito de Novalis —síntoma
de total inexistencia—, pero amor,
tú eras de Torremolinos.

Una misma palabra significa tanto azul
como verde en la mayoría de las lenguas
del mundo; tú eres la palabra
de mi idioma que significa todo lo que
vi de una manera nueva
tras tus cuerpos lastimeros (y verdes).
Definirte es empobrecerte.

Rellenemos, entonces,
estas penas de penas antiguas
a la altura de nuestro censo soberano,
de nuestra servidumbre incontestable.
Eras de Torremolinos y hacías de la belleza
una especulación deliciosa, una especulación
en Torremolinos:

como esa primera línea ilegal,
tan irresistible.

(De Los Himnos Abdominales)



Todo en mi cuerpo es convocatoria.

La rigurosa distribución del vello,
las retinas cortejadas por racimos
de agujas que imponen estrabismo
como única salida,
la invasión de la piel
sobre lo que nació para otra cosa.

Hablo del momento en que el cuerpo
deja de obedecer, de palabrear;
el momento en que el cuerpo
renuncia a todo repertorio
para someterse a su cometido.
Os he desandado uno a uno
para poner fin a la calamidad
del instante que reverbera
en fugacidad vuestro milagro.

Todo en mi cuerpo es convocatoria.
Todas las habitaciones
de los mejores hoteles del mundo;
todas las canciones que proclaman
no pensar dos veces;
todos los malentendidos recuperados
en los asientos traseros de todos
los todoterrenos del mundo,
con la piel de las rodillas quebrada
como un mar picado.
Todo en mi cuerpo nació para estar vivo.

La convocatoria acepta por fin la finitud.
Mi cuerpo recogido en la convocatoria.
La multitud repitiéndose en tu sola unidad.
como esas malas hierbas en medio de la ciudad
que todos acaban llamando
pulmón.

(De Los Himnos Abdominales)




Que el tiempo no tuviese tus medidas

Que el tiempo no tuviese tus medidas:
a eso se limitaba mi equilibrio.
No un peso compensado por otro peso;
no una vida compensada por otra vida;
no un final compensado por una criatura.

No, sino que entre tú y lo que has decidido
que ya eres tú, yo pueda llevar
la mano izquierda al tobillo derecho,
levantar una rodilla
y mantenerme en un pie:
así de simple es mi plenitud.

Así esta eternidad
que salta por la ventana
y se mantiene suspendida
como lo que difícilmente existe
hasta ser todo lo que ofrecen las afueras;
quizás un mar, un eco,
una mesa muy puesta, algo próximo,
algo que te suene como suenan
familiares muchas voces cuando ya
no se reconoce ninguna,
y se celebran igual.

Era esto el equilibrio.
El desánimo de un chico solo
que busca compañía en la parte
más árida y alta de la playa,
allí donde se confunde un bosque,
allí donde se inicia una eternidad
que se atreve a saltar y que evita
las palabras grandes porque 
entre las cañas
siempre hay azúcar.

Igual que la nada no es ausencia
de algo concreto, ni lo inmóvil
coquetea con lo petrificado, existir
no siempre consiste en aceptar
el laborioso indulto de una esperanza,
en responder y continuar,
responder y continuar
(No es grave, puedes hablar. Continúa.
Nunca sé lo que piensas. Di);
sostenerse en lo que dejas como estar o no estar,
sostenerse como se sostienen los poetas
con los poemas fallidos de los grandes poetas,
como se sostienen los amantes con la inseguridad
de los amantes más dotados.

Será estar en paz
con lo que tú has patentado en mi cabeza
como paz. El equilibrio de esos bosques
sonriendo a las hogueras que se entretienen
con borradores de bosques.

La plenitud de una historia que suplicó
no ser contada para seguir existiendo
y que se adentra en el bosque como
allí se adentra todo lo que busca
una forma de equilibrio. No una criatura.

No una hoguera: el balanceo de un mar
frágil que nos separa y no pierde fragilidad,
el mismo que llama profundidad a su
equilibrio, el mismo que llama tesoro
a lo que hace mucho que desapareció,
a lo que no se le espera.

(De Los Himnos Abdominales)




RAFT

No quiero llamar aún a este milagro de hoy
vago recuerdo; ni a este resistir, capacidad.

Quiero insistir en este día de enero
bajo este sol despistado que cierra
la jurisprudencia de lo humano.

Agradecer como agradece esa rama
que crece desde el cemento
creando una grieta de vida
donde sólo se esperaba grieta.

La ágil bendición de estar aquí sentado
tomando un café y leyendo a Alice Oswald
después de comprar unos tomates recién cortados.

Y desde aquí aceptar todo lo que venga.
Celebrar el justo descalabro de todas las cortezas.

O recibir el riesgo tranquilo
de volver acompañado a casa,
y compartir estos tomates
con un poco de aceite,
y amanecer así con alguien
que no se arrepienta de nada,
que por la mañana sólo se acuerde
de los tomates gloriosos del día anterior,
del aceite carísimo que uso.

(Inédito)



Lo justo sólo

Pido a los días que abandonen
su agudeza sensitiva
y vuelvan a su ruda labor de días.
A dirigir desde lo cierto:
un sol que asciende
y un sol que desaparece;
una nieve blanca
y un agua cristalina después.
A materializar lo que desemboca.
A permanecer desde la equivalencia:
al baldeo nocturno de la memoria,
al entierro muy íntimo de lo irrecuperable.
Eso les pido,
que vuelvan a su labor de puentes
y a su labor de rejas,
de tiempo raro para esta época,
de pulmones negros
y pulmones verdes.
Les pido la liviandad
de un fragmento muy repetido:
una jornada que acaba;
otra que empieza y cubre lo justo,
lo justo sólo.

(Inédito) 

http://actosreflejos.blogspot.com.es/







chatarra

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