domingo, 9 de enero de 2011

2809.- JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE


Joaquín Pérez Azaústre es escritor. Nació en Córdoba (España) el 3 de julio de 1976.

Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, es autor de los libros de poemas Una interpretación, Delta, El jersey rojo y El precio de una cena en Chez Mourice, y de novelas como América, El gran Felton y La suite de Manolete. Es columnista diario en El Día de Córdoba, y semanal en el Grupo Joly. Empezó a publicar artículos de opinión en 1994, en el Diario Córdoba, donde permaneció hasta 2001. Entre 2001 y 2006, firmó una columna semanal en La Razón. En 2002 comenzó su colaboración con el Grupo Joly, mantenida hasta la actualidad, con una columna diaria en El Día de Córdoba y otra semanal en todo el Grupo. Desde marzo de 2010 escribe un artículo semanal en el periódico digital de información económica Diario Abierto. En 2003 recibió el Premio Meridiana, del Instituto Andaluz de la Mujer, por su defensa de la igualdad entre géneros en los medios de comunicación. También ha sido galardonado con el Premio Adonais de poesía, el Premio Loewe y el Premio Loewe a la Creación Joven, y el Premio Fernando Quiñones de novela, entre otros.
Desde 1998 vive en Madrid. Durante los cursos 2000-2001 y 2001-2002 obtuvo una beca de creación en la Residencia de Estudiantes, otorgada por el Ayuntamiento de Madrid. Colabora habitualmente en revistas literarias como Mercurio, Letra Internacional o Turia.
En 2003 coordinó la antología En pie de paz. Escritores contra la guerra, en oposición a la invasión de Irak.
Libros de poemas
Una interpretación (Premio Adonáis 2000; Madrid, Rialp, 2001).
Delta (accésit del XV Premio Jaime Gil de Biedma; Madrid, Editorial Visor, 2004).
El jersey rojo (XVIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe de Creación Joven; Madrid, Editorial Visor, 2006).
El precio de una cena en Chez Mourice (II Certamen de Poesía Vicente Presa; Madrid, Algaida, 2007.





LAS OLLERÍAS

Aún es pronto para volver a casa:
me han curvado la espalda los enanos
que he venido cargando desde siempre,
los que duermen la siesta en mis bolsillos
para ralentizar mi digestión.
Aún es pronto para volver a casa,
aunque pisé los límites.
Pensé que nadie más podría reconocerme.
Escuché los ladridos, temí el polvo naranja.
Recordé la alcancía oculta bajo el mueble.
¿Qué ha sido del nervio, el escondite
bajo un muslo de reina y el metal de unas manos?
Ahora los disfraces son de piel
y miro la avenida desde lejos, ya muy lejos
del sol y de los otros,
que alguna vez volaron para aplacar mi fiebre.
Sé lo que estás pensando: aún es pronto,
y casi no he cumplido mis pactos con la vida.
Es muy pronto aún, pero qué esperas,
si tu voz se me clava en los tobillos
y me amansa la angustia, el temor de un insomnio.
Dentro, en mí, habitas aún la casa.
Otros vinieron antes, y ya la vaciaron
de ti, de tus vestidos grandes, de tus plantas vivaces
a las que siempre hablabas de mí, entre otras cosas.

Poema inédito recogido en EL CULTURAL
del Diario EL MUNDO el 26 de julio







LIMO

El agua, curso alto, cercano al nacimiento
se sabe montañoso en su erosión;
el limo es lo que queda.
El agua, curso medio, pendientes más suaves,
groseros abandonos, audaz canto rodado,
arenas que se agrandan y te engrosan;
el limo es el sustrato,
el limo es permanencia.
El limo se transporta por el agua, agota al sedimento,
aguarda desde el fondo;
el fondo de los ríos pantanosos,
el fondo de los lagos,
el agua que se duerme más tranquila.

Publicado por Bernardo Ríos, coordinador
del Proyecto Lector del IES "Maimónides"





LA GRAN GUERRA

Te he buscado
perdido por la lluvia
que arrasa la nación estas semanas.
El tráfico de gestos en las calles
húmedas y cargadas de silencio
me dice que tu rostro podría ser cualquiera.
Lejos quedaron ya los días del festejo,
tú admirada por mí, por mi uniforme,
repartidos tú y yo por las esquinas,
soñando en el café nuestros destinos,
el ambiente insensato de alborozo,
de tu mano el periódico doblado
con grandes titulares celebrando la guerra.
Nunca amamos, sin duda, como entonces.
Días de permiso, hoteles viejos.
Un fantasma de gas me espera en la ventana,
tú corres las cortinas y te tiendes,
no sabes qué podrá pasarnos luego.
No pides más que este lugar y este ahora,
un recodo de hotel
donde el amor habita en un instante.
Hoy he vuelto. La guerra la perdimos.
Perdimos la gran guerra; estamos muertos.
Alguien quedó dormido en los alambres,
mis amigos se enredan
en el frío de cada amanecer.
Visito cada tarde a sus familias.
Me miran como a un ser de tierra extraña.
Les pregunto por ti, si no te han visto.
Todas las chicas se parecen ahora,
llevan todas el mismo traje gris,
la misma sombra larga,
son espectros delgados
ocultos de la luz.
Te he buscado
perdido por la lluvia
que arrasó la nación esas semanas.
El tráfico de gestos en las calles
húmedas y cargadas de silencio
me dice que tu rostro podría ser cualquiera.
Es posible que tú me reconozcas.
Entonces yo me miro en los espejos,
en los ojos ausentes de soldados que vuelven.
Somos todos el hombre derrotado.
También tú,
si me estuvieras buscando,
podrías confundirme con cualquiera.




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