lunes, 27 de abril de 2015

CANDELA DE LAS HERAS [15.776]


CANDELA DE LAS HERAS

Candela de las Heras (Alicante, 1994) cursa tercero de Lengua Española y sus Literaturas en la Universidad de Oviedo. Su primer poema, ''Little girl blue'', ha sido publicado en el número tres de la revista Anáfora. 
Actualmente vive en Gijón, desde donde prepara su primer libro de poemas.



LA SENDA RECORRIDA

La veía caminar calle arriba
con la mirada en otra parte, después
de haber vivido más de lo que nunca nadie
podría creer.

Sus pasos intentaban parecer seguros.
Pero intentar algo es saber que no, no
estás a la altura.

¿Cómo iba a saber que esa que tenía enfrente era yo?

Me vi en mi cuerpo.
Sentí el sudor frío en las manos, tensas.
Analicé las huellas, las marcas, las señales
que otros habían dejado, sin quererlo, en mi piel.
Al abrazar mis errores pensé
que todo aquel que se cruzara en mi camino
sería capaz de verme niña, mujer, sola.

Noté los ojos del violonchelista,
que penetraban los míos
mientras hacía una variación de
Nothing Else Matters.

Me encontré con la novia del poeta,
que me miró con maldad,
sabiendo que el zapato me estaba dejando
un tatuaje en el talón izquierdo.

Al final te vi a ti, Platero, tan suave,
tan sucio, tan sumiso, tan sabio,
después de recorrer países descalzo.
Qué injusto era que me importase a mí,
ya en el camino de regreso,
un poco de sangre, un pequeño desgarro.





LITTLE GIRL BLUE

Te vi crecer, aunque no te conocía.
Vi tus andares frustrados, tus pies arrastrándose por la gravilla,
si bien es verdad que jamás me fijé en ellos.
Pasaban desapercibidos, al igual que es imperceptible
la huella del paso del tiempo en aquello
que vemos todos los días.
La mimosa, los ladrillos rojos, el asfalto tan duro,
la valla verde, el prado inmenso,
el perro guardián, las ovejas cautivas,
los higos heridos de muerte en el patio del colegio.
Todos ellos, como yo, te vieron crecer,
sin darse cuenta de que muy pronto te querrías morir.

Me dabas miedo.
No sabía por qué, jamás me lo planteé.
Y es que los juicios de los infantes son a primera vista,
pero duran siempre y
ni la redención de la muerte es capaz de cambiarlos.
Sin embargo, no tienes de qué preocuparte.
¡Qué suerte la tuya!
Como le sucedió a tu adorada Janis,
alguien ha hablado de ti sin conocerte.









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