lunes, 21 de julio de 2014

NICOLÁS ESTÉVANEZ MURPHY [12.429]


Nicolás Estévanez Murphy

Nicolás Estévanez Murphy (Las Palmas de Gran Canaria, 17 de febrero de 1838 - París, 1914) fue un poeta, militar y político español.

Nació en Las Palmas de Gran Canaria, en el edificio donde se hallaba instalada la Inquisición, en el seno de una familia burguesa que tenía su residencia habitual en la isla de Tenerife. Su padre, Francisco de Paula Estévanez, era un militar progresista de origen malagueño y su madre, Isabel Murphy y Meade, procedía de una familia de comerciantes de origen irlandés. Desde niño se trasladó con su familia al barrio lagunero de Santa María de Gracia (Tenerife), en donde transcurriría su infancia.

Muy joven, en 1852, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y luego participó en la guerra de África de 1859-60 donde sirvió con distinción por lo que le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando.

En 27 de noviembre de 1871, estando destinado en Cuba como capitán, en situación de remplazo, se enteró que la sentencia contra ocho estudiantes que habían sido condenados en consejo de guerra se había cumplido, Nicolás Estévanez se indignó y manifestó con ira su desacuerdo contra el fusilamiento de los jóvenes cubanos, diciendo que “antes que la patria están la humanidad y la justicia”. Por este motivo, solicitó su baja en el ejército español, porque no podía permanecer ni un día más. Todos los años, desde 27 de noviembre de 1937, fecha en la que se instaló una placa en fachada del Hotel Inglaterra en La Habana, en la acera del Louvre. los cubanos celebran el aniversario con marchas juveniles y diversos actos y conferencias, y también se acuerdan este día de la valiente actitud de Nicolás Estévanez, que como consecuencia de la experiencia vivida, abandona definitivamente el ejército español, indignado y avergonzado ante semejante injusticia y afrenta.

Participó en la revolución de septiembre de 1868, y se unió a la insurrección republicana de 1869 y fue encarcelado. Posteriormente llegó a ser diputado en el parlamento y ministro del gobierno bajo Pi y Margall, durante la Primera República Española. De militancia republicana (de las facciones más revolucionarias del Partido Republicano Federal), llegó a defender la autonomía para Cuba y Canarias, llegando a visitar a la cárcel a Secundino Delgado. Con la Restauración parte al exilio y reside en Portugal, Cuba y Francia.

Según narra en sus memorias, en noviembre de 1872 encabezó la revuelta republicana que dio lugar a la proclamación en febrero de 1873 de la república española. Estos hechos tuvieron como eje central la toma del puente de Vadollano, en la vía férrea Madrid-Sevilla, y la proclamación de la República en el municipio de Linares, considerándose de este modo el inicio del estado republicano en esta localidad.

Es autor de varios poemas, en los que encontramos un fuerte sentimiento nacionalista canario. También es autor de los libros Fragmentos de mis memorias y Diccionario militar.

El anarquista Mateo Morral tuvo en Nicolás Estévanez uno de sus principales mentores ideológicos, y escribió una obra titulada Pensamientos revolucionarios de Nicolás Estévanez. Pío Baroja, en sus Memorias dice que pudo ser Nicolás Estévanez el encargado de transportar desde Francia a Barcelona, envuelta en una bandera francesa, la bomba con la que diez días después Mateo Morral intentó acabar con la vida de Alfonso XIII, el 31 de mayo de 1906 en un atentado del que los Reyes salieron indemnes pero que costó la vida a treinta espectadores.

Murió el 19 de agosto de 1914 en París.




"EL OBRERO"

Surcan su rostro que el dolor anubla
Gruesas gotas de liquido cristal,
Un recuerdo lo anima:
Sus hijos que desnudos piden pan.
NAVARRETE.


Templos, palacios, parques y jardines,
y góndolas, y coches,
y tapices, y alfombras, y divanes,
y manjares, y vinos, y licores ;

Los modernos milagros de la industria,
que pulimenta el roble,
que trabaja la piedra y los cristales,
que ablanda el hierro, que maneja el bronce;

Sedas, encajes, blondas, terciopelos,
del lujo los primores,
cuanto embellece la existencia humana,
cuanto excita y halaga las pasiones,

Todo sale de manos del obrero
para que ufanos gocen
los que llamando vil á su trabajo
se burlan de sus necias privaciones.

Y cuando el rico la miseria insulta
del jornalero pobre
en la atmósfera tibia y perfumada
de sus grandes y espléndidos salones,

El jornalero á la intemperie suda
para que el rico explote
su despreciable condición de siervo,
de su negra ignorancia los horrores.

Mientras el rico nada en la opulencia,
se desespera el pobre,
y envidia las perreras del magnate
para su hambrienta, su desnuda prole;

Instrumento de ilusos, de guerreros,
de frailes y de dioses,
el ha sido escabel de los tiranos,
pedestal de siniestras ambiciones;

El ha dado la sangre en todo tiempo
que por sus venas corre,
vertiéndola en los campos de batalla
generosa y ardiente á borbotones,

Lo mismo á los estúpidos cruzados
y á indignos sacerdotes,
que á soberanos príncipes, á reyes,
del negro feudalismo á los señores,

A todos los sectarios de infecundas
perdidas religiones,
y á la mezquina patria que les niega
albergue y tumba, dignidad y nombre.

El ha sido explotado por los ricos
de cien generaciones
y ha combatido y trabajado siempre
para que luzcan vanidad y honores.

Y si reclama su derecho un día
contestan los cañones;
cañones para afrenta manejados
por los mismos obreros de uniforme.

Obreros miserables y plebeyos
los hombres superiores,
fueron menospreciados en su siglo
y expuestos al escarnio de otros hombres.

Cervantes y Colón y Galileo
gimieron en prisiones;
y mientras dieron sabios de la ciencia
los réprobos, los míseros, los pobres,

Dieron los ricos á la iglesia santos,
lacayos á las cortes,
y á las encrucijadas asesinos
cuando no dieran al poder bufones.

El obrero infeliz no debe nada
por mucho que le cobren,
a los viles, infames usureros,
a los ricos, los reyes y los nobles.

Si le roban sus hijos, y en la guerra
se baten cual leones,
recibirán por premio á su bravura
nuevos caudillos que su espalda azoten.

Las religiones que en su fe se aniden
con todos sus errores,
producirán al fin para escarmiento
miserables y viles Iscariotes.

El obrero no siente de la vida
las dulces expansiones;
amarrado á su potro de tormento
no puede disfrutar de sus amores.

Entre penas, angustias, y fatigas,
y llanto, y maldiciones,
ve morir a sus hijos de miseria,
y de la madre los lamentos oye.

Su esperanza es la fosa de los muertos,
su vida larga noche;
pero noche sin luna, sin estrellas,
sin plácido trinar de ruiseñores.

Y si en la tumba el opulento yace
cubierto de crespones,
entre epitafios, mármoles y luces
pendientes de los sauces lloradores,

El obrero no sabe de sus hijos
en qué lugar se esconden
los huesos carcomidos, que en la tierra
entre humedad y estiércol se corrompen.

Y tal vez de sus hijos y sus padres
un mercader explote,
los huesos arrancados al sepulcro
para con ellos fabricar botones.

¿Pero no habrá remedio á tantos males
Y a tantos sinsabores?
¿Reinará eternamente la injusticia
En nuestra raza fementida y torpe?

¡Ancho es el mundo! Huyamos los obreros
de tantas aflicciones,
libremos á esta Europa miserable
de tanto peligroso, inútil pobre.

Corramos a Ios puertos concurridos
de rápidos transportes,
llevemos nuestros hijos y mujeres
donde no haya fronteras ni naciones.

Inundemos los barcos de miseria
hasta los mismos topes,
huyamos de este mundo de monarcas,
de usureros, de ricos y de pobres.

Quédense con su lujo los tiranos,
verdugos y señores,
y que se mueran de hambre en sus parterres
ó que ellos mismos entre sí se exploten.

En los campos de América fecundos,
en sus inmensos bosques,
si no podemos ser afortunados
libres seremos y seremos hombres.

Desde los Andes de nevadas cumbres
hasta la mar salobre,
encontraremos vírgenes comarcas
donde corren las aguas entre flores.

La del trabajo, religión sublime
que aquí se desconoce,
nos dará por albergue la que hagamos
cabaña humilde o culminante torre.

Pero si el siglo y sus bastardas leyes
un muro nos oponen,
y nos cierran las puertas de esta cárcel,
y nos privan de nuevos horizontes,

No perdamos por eso la esperanza
de vislumbrar un norte
que empiezan á vibrar sobre la tierra
misteriosos y súbitos rumores.

Cuando olviden los pobres explotados
sus mil preocupaciones
y en presencia de nobles o de ricos
no se afrenten, humillen ni destoquen;

Cuando todos conozcan el absurdo
que denominan orden,
y a los tiranos del opreso paria
de sus altares para siempre arrojen;

Cuando no teman la dichosa muerte
que esparcen los cañones,
y comprendan que el oro hace imposibles
la concordia y la paz entre los hombres;

Cuando á su vez exploten la ignorancia
de sus explotadores;
cuando en el mundo caiga sobre el crimen
de los obreros la pesada mole,

Otra será la vida de los seres
que en el planeta moren,
libres de leyes ruines ó inhumanas
y de falsas y absurdas religiones.

El obrero será dueño del mundo
cuando la muerte afronte:
luchando sin cesar por la justicia
puede el obrero trastornar el orbe.





CANARIAS

Un barranco profundo y pedregoso,
una senda torcida entre zarzales,
un valle pintoresco y silencioso, 
de una playa los secos arenales;

Un cabrero en la cumbre que silbaba,
una bella pastora que corría,
una rústica flauta que llenaba
los riscos y las grutas de armonía;

En el aire reflejos y cambiantes,
en el cielo colores transparentes,
en la noche luceros rutilantes,
crepúsculos dorados y esplendentes; 

Un gallardo mancebo en la montaña
que las cabras monteses perseguía,
en la cima del monte una cabaña,
y un torrente que al valle descendía;

Tales fueron los goces fugitivos
de cien generaciones ignoradas;
estos fueron los cuadros primitivos
de las risueñas islas Fortunadas.




Canarias VII

La patria es una peña,
la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza. 

Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra. 

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras. 

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas. 

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas. 

A mí no me entusiasman
ridículas utópias,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia. 

Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras. 

A mí no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas. 

La sangre de mis venas,
a mí no se me importa 
que venga del Egipto
o de la razas célticas y godas. 

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ellas
hasta que el mar inunde aquellas costas. 

La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza. 

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa. 

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas. 

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.





"SOLIDARIDAD"

El papel en que escribo estos renglones,
y la pluma, la tinta y el tintero,
representan la vida y el trabajo
de muchos hombres y de varios pueblos.

Mis colaboradores son los siglos;
ni yo ni nadie escribiría sin ellos,
porque Ios hombres somos solidarios
sin distinción de razas ni de tiempos.

Lo que yo escribo en fatigada prosa
o en desigual y atropellado verso,
no lo escribiera sin aquel fenicio
que para mi compuso el alfabeto.

Como tampoco se escribiera nunca
lo mediano, lo malo ni lo bueno,
sin el trabajo de los labradores,
sin el santo sudor de los mineros.

Tienen parte en mis obras fugitivas,
y en las obras de sabios y maestros,
el fabricante de papel barato
y el que las plumas inventó de acero.

Los químicos también, que de la tinta
la fórmula encontraron y nos dieron,
y artesanos de todos los oficios,
y marinos, doctores, cocineros...

Si, cocineros; porque sin las salsas
que dan jugo y vigor á mi cerebro,
de poco me sirvieran ni la pluma
ni el papel ni la tinta ni el tintero.

¡Pero cómo extrañar que me auxilien
los artesanos de ambos hemisferios,
los que arrancan el hierro de la mina,
los que impulsan las artes y el comercio,

Si lo hacen esos astros infinitos
que en lo más hondo del abismo etéreo
dibujan trayectorias ajustadas
a las leyes eternas... de Keplero!

La luna en las moléculas influye
de este globo macizo en que nacemos,
y por lo tanto en nuestros organismos,
y por lo mismo en nuestros pensamientos.

Como los hombres somos solidarios,
igualmente lo son mundos sidéreos
que ejercen un influjo poderoso
en nuestro mundo, y nuestro mundo en ellos.

¿ Qué importan las distancias? ¿qué los siglos?
¿Qué los abismos de la mar y el cielo?
¿No existe la atracción entre los mundos?
¿No se extiende á las almas y á los cuerpos?

El magnate depende del artista,
depende el pensador del cocinero,
y los astros sin fin, unos de otros
en esa inmensidad del firmamento.

¿Y aun hay guerras de clase entre los hombres?
¿Y aun se lanzan los hombres al degüello
siendo todos los seres solidarios
en la inmensa extensión del Universo?...

Pues vencerán al fin los que combaten
por la Federación, que es el derecho,
que es la atracción recíproca, y el lazo
que ha de unir á los hombres venideros.

Y si la lucha dura largos siglos,
si dejamos sembrados nuestros muertos
en ciudades y valles y colinas,
¡mejor para los cuervos!





"PROTESTA"

En las razas decadentes,
en las antiguas naciones.
sólo cantan los poetas
del pasado los errores.

Se entusiasman con los viejos
carcomidos torreones
de los feudales castillos
que recuerdan mil horrores:
con los ruinosos lugares
de lúgubres callejones
y con las encrucijadas
de sus ciudades informes;
con los candiles que alumbran
a cuatro santos varones
que los chicos apedrean
y la polilla se come,
y con las torpes delicias
y los negros eslabones
de las pesadas cadenas
que arrastraron sus mayores.

Y nunca la dulce lira
de celestiales acordes
con que cien vates pudieran
inmortalizar sus nombres,
ha cantado los prodigios
ni los nuevos horizontes
que ya las ciencias descubren
poniendo en manos del hombre
los espacios, los abismos,
los átomos y los orbes.

¿Por qué miran al pasado
los poetas españoles,
los inspirados artistas,
los celebrados pintores
que asombran a todo el mundo
con sus bellas creaciones?
¿Por qué lloran y suspiran
los modernos trovadores?

¿Acaso tiene el pasado
más dichas, más ilusiones,
más glorias, más esperanzas,
más bellezas, más primores,
que el presente y el futuro
de infinitos horizontes?

¿Son tristes las nueve musas,
negros los siete colores,
y el humano pensamiento
oscuro como la noche?

Enhorabuena suspiren
y se enternezcan y lloren
porque hay sobrados vestigios
de tantos siglos de horrores;
mas no porque se derrumben
las viejas instituciones,
los templos de la ignorancia,
los altares y los dioses.

Tuviera yo la sublime
paleta de mil colores
con que otros pintan sus santos,
sus reyes, sus concepciones;
tuviera yo el arpa insigne
de los modernos cantores
que la pulsan inspirados
por rancias preocupaciones;
tuviera yo el genio ilustre
de Bellini o de Beethoven,
y asombrara al universo
y conmoviera los orbes
con cien himnos entusiastas
en mil manifestaciones
de cadencias, de armonías,
de palabras, de colores,
al porvenir de los mundos,
a la paz entre los hombres,
a la conciencia sin nubes
de los librepensadores,
a las artes, a las ciencias,
al espíritu sin noche
y a la Libertad, que brilla
con fúlgidos resplandores.





"EN LA SIERRA"

Es la tarde: el sol se pone
y brilla un lucero ya,
y se escuchan las esquilas
y los pastores se van;
pronto el agua del torrente
la luna iluminará:
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

Yo me acuerdo de mi casa
con el más hondo pesar:
¡Me separan de mis hijos
porque digo la verdad!
pero en esta libre altura
no me privan de cantar
himnos á la democracia,
trovas a la libertad.

Mi patria debe ser libre
y libre y feliz será,
que los tiranos sucumben
pero los pueblos ¡jamás!
y en tanto que llega el triunfo
de la idea federal,
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

El sosiego de mi casa,
las delicias del hogar,
los goces de la familia.
todo me lo quitarán;
pero que vengan al monte
si me quieren arrancar
el derecho de llamarme
socialista y federal.
Ya me conoce la sierra
y yo la conozco ya:
aunque vengan los civiles
y la fuerza militar.
ni pólvora, ni veredas.
ni alturas me faltarán:
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

Si en el valle combatimos
sin ceder ni vacilar,
sí Almuradiel atacamos
con empuje sin igual,
si en San Andrés los batimos,
lo mismo sucederá
cuando del espeso bosque
nos quieran desalojar.
Más no vienen, y yo canto
orillas del manantial,
arrullado por la brisa.
del arroyuelo al compás
y arañando mi bandurria
con las cuerdas rotas ya:
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

¿Qué me importan las calumnias
de un enemigo falaz?
Mis valientes camaradas
pronto las desmentirán.
pasará la tiranía,
mucha sangre correrá,
mas no vendrán á la sierra
los lobos de la ciudad.

Pasarán las monarquías.
la República será,
y aunque la olvide la historia,
los buenos recordarán
la canción del guerrillero
socialista-federal:
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

Siempre están mis compañeros
ganosos de pelear
a la luz del mediodía
y en la negra oscuridad;
ni los fatiga la lluvia
ni los rinde el vendaval
y todos darán su vida,
pero no su libertad.

En la cumbre de la sierra
establezco mi vivac,
y á su roja ardiente llama
que el nordeste hace temblar
el brumaje se ilumina
que bajo mis pies está:
¡Bendita sea la sierra
y maldita la ciudad!

Desde estos riscos abruptos
desde esta sierra inmortal,
saludo á todos los hombres
que en insurrección están.
en todas las latitudes
los rebeldes vencerán;
la justicia es de los menos
si la fuerza es de los más.

Desde la selva sombría
donde las fieras están
hasta la nevada cumbre
que cruza el águila audaz,
el eco de las montañas
sólo repercutirá
la canción del guerrillero
socialista-federal.
Y cuando los tiempos corran
y nadie se acuerde ya
ni del viejo partidario
ni de su triste cantar,
el desbordado torrente
y la paloma torcaz,
el arruinado castillo
del tiranuelo feudal
y la confusas veredas
del perdido colmenar,
los linderos del cortijo,
la sombra del castañar
y los troncos horadados
por el plomo federal,
un siglo tras otro siglo
por siempre repetirán:
¡Bendita sea la sierra!
¡Maldita sea la ciudad! 




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